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30 Jun 2021 - 1:45 a. m.

¿Por qué es más atractivo ver la Eurocopa que la Copa América?

El fútbol, para muchos, se ha robotizado. Y Sudamérica, tierra de rebeldes, renunció a su esencia de la gambeta. Al fútbol de calle, de barrio.
Thomas Blanco

Thomas Blanco

Periodista Deportes
Brasil tiene puntaje perfecto en las Eliminatorias, pero su fútbol no llena los ojos de su gente.
Brasil tiene puntaje perfecto en las Eliminatorias, pero su fútbol no llena los ojos de su gente.
Foto: @CBF_Futebol

El pasado 17 de junio, en el entretiempo del partido que Brasil le ganaba 1-0 a Perú en la segunda fecha de la Copa América, se tejió un debate turbulento en las redes sociales. El disparador fue un tweet del entrenador argentino Néstor Gorosito: “¡Por favor, un brasileño que gambetee! Solo pase y recepción, me aburre mucho. Que alguien intente tirar una fantasía, ¡por favor!”. Una instantánea del juego de posición de Tite que para los brasileños es contracultural y no los representa. El puntaje perfecto y los números escandalosos en las Eliminatorias y Copa América son anecdóticos... no se identifican con ese tipo de fútbol que reina en Europa.

De plantillas predeterminadas, automatizadas, hasta robotizadas para responder a cada acción del juego soltando la pelota con pocos toques, en el menor tiempo posible y que para muchos es una escopeta a la creatividad. Y que contrasta con los colores de la primera era de Tite en la que había mucha más movilidad, más libertad, más alegría, más samba.

En la segunda parte de ese partido frente a Perú, que Brasil terminó goleando 4-0 con una exhibición individual de Neymar, la antítesis de futbolista de esa forma europerizada de entender el juego. Ney se soltó la correa, inventó, propuso paredes, gambeteó, se expresó y, como sus antepasados, tejió el juego a través del caos. Un performance, para muchos desafiante a su entrenador, pero que no fue así: es su forma de sentir el fútbol. Abrazó a Tite en su celebración del gol.

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La dicotomía entre un tiempo y otro fue el terreno fértil final para revisarnos a nosotros mismos con el contraplano con la Eurocopa, que ahora se juega al mismo tiempo, lo que hace ineludible la comparación cuando se van a cumplir veinte años del último campeón sudamericano y con el antecedente de que los cuatro semifinalistas de Rusia 2018 fueron europeos. ¿Está pasando algo?

En ganas ningún europeo es capaz de superar al futbolista sudamericano, solo que con eso ya no alcanza. Históricamente se etiquetó al jugador de este lado del mundo por su riqueza técnica, por su rebeldía, viveza, sangre caliente, mientras al otro lado la fortaleza física fue el imperativo. Ellos mejoraron su técnica, nosotros, como lo dijo Hernán Crespo en una de sus columnas del diario La Nación, extraviamos la gambeta.

“Ellos mejoraron el pase y la recepción. En la Copa América me gustaría percibir más respeto por la raíz histórica de la región, me gustaría ver más gambeta. O si hubiéramos querido cambiar de paradigma, entonces hacer mejor lo que tan bien ejecuta Europa, que es la referencia. Ellos mejoraron lo que hacían bien y mejoraron su déficit. En Sudamérica ya no gambeteamos como antes, saquemos a Messi y a Neymar y ya no se ven más huellas que representen a nuestra historia. Nuestra gambeta, nuestro instinto y agresividad competitiva nos alcanzaba para igualar o superar a los europeos”.

Comentarios a los que también se había sumado en el pasado Pablo Aimar, exfutbolista, entrenador de las selecciones juveniles y parte del cuerpo técnico de la selección Argentina de mayores de Lionel Scaloni. “Se habla mucho de la falta de creativos. Si yo voy hoy a tocar la guitarra y el profesor me dice lo que tengo que tocar y cómo lo tengo que tocar, mañana lo mismo, pasado lo mismo, pues en la casa ya no la toco. Era lo que nosotros hacíamos: jugábamos tres horas después porque el mundo era otro, hoy los chicos solo juegan ese rato que van al club”.

Y la principal incubadora de la identidad del fútbol sudamericano, la calle, el barrio, los pies descalzos, la libre expresión, se sustituyó por las películas de Marvel y los teléfonos inteligentes. Menos gambetas y más futbolistas repetidos.

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La fotografía también la completan la corrupción, el desorden y falta de organización de los dirigentes para educar desde la base con todas las posibilidades de infraestructura y tecnología. El ambicioso proyecto de Alemania tras perder la final del Mundial 2002, la inversión de Francia en Clairefontaine, la de Inglaterra en St. George Park, gobernador de los mundiales juveniles, están a la vista. Basta revisar la inversión e infraestructura detrás de los títulos de los equipos europeos. Y el mismo estado de las canchas...

Una queja de todos los futbolistas en la Copa América por la terrible condición de los campos. La pelota rueda y se controla mejor en un green de golf. Las distancias parecen ser cada vez mayores y Catar podría ser la granada final para definir el rumbo del fútbol sudamericano. ¿Renunciamos a lo que somos? Las calles están cada vez más solas, las gambetas son escasas, hasta castigadas. Pero, por ahora, seguiremos creyendo que con las ganas nos alcanza.

Por: Thomas Blanco- @thomblalin

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