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Roberto Baggio: más que un penalti errado

La historia de uno de los mejores futbolistas italianos de la historia, quien este viernes cumple 55 años.

Redacción Deportes

18 de febrero de 2022 - 10:51 a. m.
Roberto Baggio se lamenta luego de que Italia perdiera la final del Mundial de Estados Unidos 1994.
Foto: Getty Images
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“Juro que aquel penal lo he tirado de todas las formas: en sueños, en el pasillo de casa, y siempre lo he convertido. Fue el momento más duro de mi carrera. Ojalá pudiese borrarlo y así no tener que recordarlo justamente ante su pregunta”, le respondió Roberto Baggio, con sus ojos hacia el suelo, a un periodista italiano años atrás, en referencia al cobro definitivo que le dio a Brasil el Mundial de Estados Unidos 1994.

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Esa acción marcó su existencia, no solamente su exitosa carrera futbolística. Ese momento en el Rose Bowl de Los Ángeles es en lo primero que piensan la mayoría de las personas, cuando escuchan de Baggio. Pero su historia es mucho más que un penalti errado, mucho más que un derechazo a las nubes, mucho más que un Taffarel celebrando con Dunga, Romario y Bebeto.

Nació y creció sin lujos y sin aguantar hambre en la provincia de Vincenza, mismo nombre que tiene el club con el que comenzó a deleitar con su gambeta y su privilegiada visión de juego. Formado con la recia disciplina de su padre, su pase fue comprado después por la Fiorentina, equipo con el que su enorme talento se dio a conocer en la Serie A desde la temporada 1985/86.

En 1990, la Juventus pagó un dinero récord para ese entonces por el pase del hombre que encontraba en el budismo su tranquilidad espiritual. La transferencia causó disturbios en Florencia. “Le agradezco, primero, a Florencia, porque cuando me rompí me esperó dos años, en realidad tres. Después, yo no quería irme de la Fiorentina, pero ya me habían vendido a los Agnelli y, si yo no hubiera ido a la Juve, Cecchi Gori no habría podido adquirir el club”, contó el protagonista de estas letras en una entrevista al medio italiano La Repubblica, cuando el fútbol se jugaba con los estadios vacíos en medio de la pandemia que aún no termina.

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En 1993, Baggio brilló con Juventus, ganó la Copa Uefa y el Balón de Oro. Se preveía que sería una de las figuras en el Mundial de Estados Unidos 1994. Aunque no comenzó con su mejor nivel, de a poco fue creciendo su juego y llevó a Italia hasta la final contra la Brasil de Romario y Bebeto. El partido debió definirse desde los penaltis y llegó el momento famoso: Baggio se paró frente a la pelota y con su talentosa pierna derecha la mandó por encima del arco que defendía Cláudio Taffarel. Brasil, campeón después de 24 años, y Baggio, con una eterna pesadilla.

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“Sigo sin perdonarme el penalti fallado en la final del Mundial del 94 contra Brasil. No hay religión que importe, ese día podría haberme suicidado y no habría sentido nada”, dijo Baggio, quien también había jugado la Copa del Mundo de 1990, en la que su país fue anfitrión, y después de Juventus militó en Milan y renació futbolísticamente en Bolonia. De hecho, estuvo en Francia 1998 y pasó al Inter, donde no sonrió mucho.

No estuvo en la Eurocopa del 96. “Arrigo Sacchi no me llevó al Campeonato de Europa de 1996 para demostrar que los esquemas son más importantes que los jugadores: no llegó a cuartos de final... No lo tengo entre los entrenadores con los que me he llevado bien, el único con el que lo hice es con Carletto Mazzone: un hombre libre y realizado que no compitió con los futbolistas”, afirmó.

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Y llegó el Brescia, con el que su botín diestro volvió a deleitar. Este club retiró la camiseta número 10 después de que la utilizara. Anheló estar en Corea y Japón 2002, pero Giovanni Trapattoni no lo llevó. Y en 2004 se retiró. “Me estaba ahogando, demasiado dolor físico. Para matarme estaban los obsesionados con el fútbol táctico que pensaban más en neutralizar el juego de los demás. Hago lo más lindo, estoy en contacto con la naturaleza. Corto leña, uso el tractor y por la noche estoy tan cansado que me da vueltas la cabeza. Totti no quería dejarlo, yo no veía la hora. Ibrahimovic está hecho de la misma pasta que Francesco”.

Desde entonces se dedica a algunas labores del campo y alejado de los medios de comunicación, porque “me incomoda juzgar a los demás, por eso no voy a la televisión. Veo a excompañeros juzgando y dando lecciones en televisión, pero les recuerdo incapaces de hacer tres regates con las manos”. Le gusta el fútbol femenino, le aburre el golf y sigue el baloncesto de la NBA, siendo hinchas de los Lakers de Los Ángeles, la ciudad que nunca olvidará.

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