"América no es mi negocio personal"

El dirigente, de 55 años, se defiende de las críticas por los malos resultados deportivos y dice que su gestión es en doble vía: sanear lo administrativo para que regrese el fútbol competitivo. Aún analiza la posibilidad de jugar este semestre en la ciudad de Bogotá.

Oreste Sangiovanni, presidente del América de Cali. Fabio Posada

Oreste Sangiovanni es hincha de América desde que tenía siete años. Ahora tiene 55 y no solo sigue siendo fanático, sino que dirige los destinos de la institución escarlata. Para lo cual debe dejar la pasión a un lado y ponerle mucho “seso” a cada decisión que toma desde la presidencia.

Sangiovanni es responsable de que América siga existiendo, ya que cuando tomó el timón, en 2012, la escuadra estaba al borde de la liquidación, pues acumulaba $25.000 millones en deudas y estaba congelada financieramente por estar en la lista Clinton. Problemas que ha superado gracias a la gestión ante el gobierno de Estados Unidos, que los retiró de la lista, y a un acuerdo de pasivos que le permite alguna tranquilidad económica para operar.

Pero Sangiovanni también es responsable de que el equipo siga en la B. Si bien cuando llegó a la dirigencia del club, éste ya había descendido, los pobres resultados futbolísticos le han valido toda suerte de críticas.

El presidente de América parece no tener afán en que el equipo regrese a la A y aunque aclara que no es negocio estar en la B, dice que su meta es integral: subir al equipo a la par con un proceso de organización de la parte administrativa que brinde a la institución la fortaleza para sostenerse.

¿Quiénes son los culpables de que el equipo esté en la B?
Durante doce años, América acumuló deudas y fue mal manejado. Por eso no me quedan dudas de que el descenso es el resultado del desgreño administrativo y deportivo que encontramos los que llegamos a sacar la institución de los líos judiciales, económicos, comerciales y deportivos en que la dejaron postrada administraciones anteriores.

¿Para usted América es una pasión o un negocio?

Le puedo decir lo que no es. América no es mi negocio personal, ni siquiera es lucrativo. He invertido algo de mi patrimonio porque el nombre de mi familia está ligado a este club desde hace más de 30 años. Pero si alguien quiere hacer plata, administrar un equipo de fútbol no es la mejor manera. Es mi pasión, pero también es una empresa deportiva y cuando debo tomar decisiones desde lo administrativo me toca dejar el corazón a un lado y ponerle mucho seso al asunto. Por eso mi lema es: De nada sirve ganar partidos si la institución se quiebra.

Usted pasó casi 20 años alejado del club. ¿Qué lo hizo regresar?

Me retiré en 1993 siendo presidente por razones personales. En ese tiempo nunca volví al estadio, pero seguía al equipo por radio y televisión. Retorné como directivo en 2012 por el llamado que nos hizo Édgar Navia, el abogado de nuestra empresa y socio de América. Me explicó que iban a liquidar el equipo y que había una forma de salvarlo, entonces mi padre, mi hermano y yo decidimos aportar dinero para los salarios del momento, y mediante una tutela que pusimos a la Dimayor, logramos que se le permitiera al equipo jugar para poder pagar sus acreencias. Entonces regresamos y en unión con otros socios invertimos en su reestructuración.

Sus logros pasan por una gestión de saneamiento. ¿Qué fue lo más difícil de sacar al América de la lista Clinton?

Conseguir la suficiente legitimidad ante el Departamento del Tesoro de Estados Unidos. Convencer a algunos socios para que dejaran sus acciones porque ya no cumplían con el perfil, debido a las altas exigencias de los organismos de control que ahora vigilan al club. La presentación de los 65 socios que hoy son los únicos dueños del equipo ante Mark Samara, funcionario de la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro, con el respectivo escaneo financiero que dicha presentación requirió. Luego viene la quiebra. Para evitar el colapso del equipo, que debía impuestos, salarios, aportes de seguridad social, hoteles, pasajes, uniformes, servicios públicos, tuvimos que conseguir casi $10.000 millones. Luego de sanear las acreencias que no podían entrar en el acuerdo de pasivos, pudimos confirmar el convenio de pago el año pasado y logramos alguna tranquilidad.

¿En qué situación económica real está el club?

El acuerdo de pasivos cobija unas 280 acreencias que andan por el orden de los $15.000 millones y tenemos que comenzar a pagarlas en 2018, en esos años de gracia la deuda y los intereses se congelan. La operación del equipo la cubrimos con los contratos de patrocinio, lo que nos dan por derechos de TV y los aportes del Estado que reciben todos los equipos colombianos.

Desde el punto de vista económico, ¿a quién le conviene que América siga en la B?

A nadie. Usemos la lógica. América tiene una hinchada que en la A en un partido contra Millonarios, Júnior o Nacional, por mencionar solo tres de los grandes, puede producir unos $800 millones con una boleta a $25.000 en promedio. En este momento, en la B, nuestras taquillas no llegan a los $200 millones. Y eso es porque a nadie le interesa ver un partido entre Real Santander y América. En finales de 2012 y 2013 se veía el estadio lleno, pero es porque con una boleta de $8.000 entraban cuatro personas, o sea, la boleta salía a $2.000 por cabeza. Para nosotros la B es un castigo no solo como hinchas, sino como directivos y empresarios. Por eso, nada más falso que pensar que alguien se beneficia.

América tuvo un patrocinio por $1.200 millones de la Industria de Licores del Valle (ILV) durante 2014. Ahora la ILV tiene dificultades económicas, ¿ya les pagó todo el contrato?, ¿continuará patrocinándolos?

El patrocinador será otro, porque la ILV no estaba en la capacidad de continuar. Ellos han pagado algunas facturas, en otras existe mora, pero nada que no se pueda solucionar con un convenio empresarial entre las partes. Estamos buscando un patrocinador para la camiseta, pero necesitamos comenzar a jugar para mostrar resultados.

¿Qué tan real es el interés del grupo Pachuca por comprar el América?

Ese tema surge cuando vendemos a Yamilson Rivera. Voy a México a firmar los papeles y Jesús Martínez, el dueño del Pachuca, muestra interés en nuestro equipo. Le envié un informe detallado de la situación de América y hablamos al mes siguiente. Me dijo que su gente estaba estudiando de qué forma el grupo Pachuca podía invertir con nosotros. Algo le debió llamar la atención, porque un tiempo después dio una entrevista donde dijo que quería comprar el 100% de América. Eso generó todo tipo de especulaciones, pero lo cierto es que lo llamé y le expliqué que su deseo no era posible, porque entre los 65 socios del club hay varios que no están dispuestos a vender sus acciones, por mucha plata que les ofrezcan. Le informé que en el plan de saneamiento del club hay un momento en el que tendremos que sacar 3,6 millones de acciones a la venta y allí se puede convertir en el socio mayoritario del equipo si así lo desea, pero deberá competir con los demás interesados, porque estará abierto al público.

Siendo el socio principal de América por tener el mayor número de acciones, ¿por qué no le vendió su parte al Pachuca?

No solo yo, sino que cada socio tiene la posibilidad de hacerlo, pues podría tratarse de una buena negociación. Pero eso va en detrimento de los que tienen menor cantidad de acciones, no corresponde con el manejo solidario que estamos dando a la empresa, ni al compromiso de sacar el club adelante. Ya vendrá la emisión de acciones para la democratización de América y luego de cumplir con la norma, sin defraudar a los demás accionistas, beneficiando al equipo por la inyección de recursos frescos, cada cual deberá decidir qué quiere hacer con sus acciones. Esta es una empresa improductiva y el apoyo que le damos los miembros de la junta directiva y varios de los accionistas principales proviene es de la pasión que nos une.

Si eso es así, ¿por qué no se están logrando los resultados deportivos?

La grave situación financiera del equipo no nos permitió invertir mayores recursos en la parte deportiva. Y eso se expresa en los resultados. Ahora que logramos estabilizar desde lo económico el equipo y que durante los próximos tres años las viejas deudas estarán congeladas, la única urgencia de América será mejorar sus resultados deportivos.

¿Considera que se equivocaron al contratar al Chiqui García?

Cada vez que se toma una decisión, tratamos de razonarla y acertar. Siempre existen múltiples miradas y se puede atinar o no. En noviembre, cuando trajimos al Chiqui, nos había renunciado el técnico ad portas de las finales. No veníamos jugando bien, pensamos que una persona con su experiencia y sagacidad podría equilibrar el equipo. Ya sabíamos del cuadrangular en enero y pensamos que si no alcanzábamos el ascenso en el torneo normal, García es un tipo serio, que cuenta con un palmarés exitoso, y creímos que lo lograría.

¿Cree que los muchachos del plantel actual podrán con la presión y lograrán el ascenso?

La presión no es solo de hoy, siempre los jugadores la han tenido y deben aprender a manejarla. La tienen difícil porque no la pueden evitar. Vamos a reforzar el equipo con algunas contrataciones de jugadores mayores, con experiencia, lo mismo que hicimos en 2012 y 2013, pero no es garantía de que se van a conseguir los resultados.

¿Por qué se van a jugar en Bogotá?

Nosotros no contamos con el estadio de Cali hasta después del Mundial de Atletismo, por allá en julio o agosto, así que estamos obligados a jugar en otra plaza. Hasta ahora Bogotá es la única que nos aceptó. Pero estamos tocando la puerta de Tuluá, porque es un esfuerzo económico grande para América trasladarse a jugar un semestre a la capital. Tendríamos unos $30 millones de sobrecostos por fecha, que tal vez podamos cubrir con las taquillas, pero es complejo. Al estadio de Techo le caben unas 8.000 personas y con la boleta a $10.000 por partido estamos hablando de recaudaciones que no superan los $80.000 millones. Solo la operación del estadio vale en promedio $50.000 millones, así que necesitamos lleno total en cada partido para cubrir los gastos.

Hace poco el senador y exalcalde de Cali Jorge Iván Ospina publicó en Twitter una foto donde le pide que renuncié. ¿Qué le responde?

Ospina actúa allí como cualquier hincha furibundo y olvida su dignidad. Pero eso lo entiendo, los fanatismos suelen sacar a flote lo peor de los seres humanos. También olvida que él ya tuvo su oportunidad al frente de América. Por eso creo que la mejor forma de contestarle es recordar que nuestro equipo estaba en sus manos cuando descendió a la B y, como si fuera poco, de su paso por la institución quedaron deudas por $2.500 millones que nosotros estamos asumiendo.

¿Si América logra el ascenso, ha pensado retirarse de la presidencia?

No hay relación entre el ascenso del equipo y la función de Oreste Sangiovanni. Seguiré perteneciendo a la Sociedad América de Cali S.A., si estoy en la junta directiva, colaborando, si soy presidente, representando y coordinando a los demás miembros directivos. Lo importante es que la institución alcance sus objetivos, porque este equipo no es de unos pocos, es de muchos y de una gran hinchada que es la propietaria histórica de la marca, lo cual espero que se refrende en el momento de la democratización a través de la venta de las 3,6 millones de acciones.