Néstor Otero, el matemático que ya no divide

El DT admira el compromiso del plantel y reconoce que aún no se ha ganado nada.

Asegura que la resistencia que encontró en la capital le motivó aún más en este reto. Es licenciado en matemáticas de la U. Santiago de Cali y tecnólogo en fútbol.

Al salir del parqueadero en el conjunto residencial donde vive, en el norte de Bogotá, más de una vez ha escuchado que de los pitos de otros automóviles sale el ‘ta-ta-tá’, aquel famoso sonido que durante décadas emitiera El Campín desde el segundo piso de oriental.

Cada vez que venía a enfrentar a Santa Fe, a Néstor Otero, antes que mortificarle, le agradaba escuchar el claxon de la Barra 25, porque “ahí era cuando se sentía estar en la mejor plaza del país, era un sello característico que siempre motivaba a la tribuna y lo exigía a uno como rival”.

Y ahora que ya es sólo un eco lejano en las graderías del Nemesio, el entrenador empieza a escucharlo en las calles capitalinas, siendo él la razón que produce esa manifestación de afecto. No deja de sorprenderle, porque cuando aterrizó en la capital pocos apostaban a su proyecto, pero en especial le alegra que a través del trabajo y los números haya cambiado un entorno hostil por uno cargado de admiración y respeto.

Igual acepta que de nada servirá ser líder ahora si en diciembre no se da la ansiada vuelta olímpica, pero como faltan muchos partidos todavía para llegar a la histórica cita, el matemático recomienda prudencia y sobre todo humildad para poder seguir sumando resultados, le resta importancia a la incredulidad inicial, cada vez divide menos y de a poco multiplica la ilusión albirroja.

¿Pensó que necesitaría de más tiempo para poner a andar este proyecto?

Sabíamos que la capital era un reto muy grande y en la rueda de prensa de presentación notamos cierta resistencia, normal porque veníamos de un traspié en el Cúcuta, pero argumentamos que con el trabajo el resultado se tendría que ver reflejado en El Campín y esa sería la evaluación de este grupo.

¿En qué se basa el rendimiento actual de Santa Fe?

En una buena planificación y la actitud y compromiso de los jugadores. Las cosas han venido saliendo, pero nunca nos confiamos porque en el fútbol la opción del revés siempre está latente, por eso hay que seguir con la misma humildad, no nos pueden marear los elogios y les digo a los muchachos que no hay que ser soberbios y ellos mismos admiten que no se ha ganado nada. Por fortuna tenemos los pies en la tierra.

Pero es inevitable que esta campaña entusiasme…

Tenemos unos compromisos muy grandes con Dios, nuestra afición y con nosotros mismos, pero queremos paso a paso darle esa alegría a la gente y no celebrar por anticipado, porque eso no sirve de nada.

¿Esa resistencia inicial lo intimidó o motivó más?

Creo que me motivó más. Era una oportunidad que estábamos esperando, la de dirigir un equipo grande, porque en equipos chicos las cosas habían salido y muchos decían: ¿será que en uno de mayor exigencia sí son capaces? Así que encaramos esta oportunidad con la mayor determinación para cada día exigirse más y salir adelante.

¿Encontró más de lo esperado?

Sabíamos de la capacidad que había, pero, no sé si por nuestra metodología de trabajo, me sorprendió gratamente la rápida asimilación del aprendizaje por parte del plantel. Los jugadores aplicaron el estilo y vamos consolidando lo que pretendemos. Cada uno sabe ya lo que tiene que hacer y por eso al equipo se le ve identidad. Todos saben a qué jugamos.

¿Cómo le llegó al grupo?

Por la forma de trabajar. Desde la misma pretemporada, que no la hacemos en medio de montañas ni pistas atléticas, sino que todos los ejercicios giran en torno al balón. Al plantel le gustó ese método y se dio cuenta de que íbamos bien encaminados. Además, cuando ese esfuerzo también se traduce en resultados, se levanta la autoestima y se cree todavía más en lo que se está haciendo.

¿Comparte que se diga que usted está recogiendo el fruto de lo que otros sembraron?

No puedo desconocer que mis antecesores son muy buenos entrenadores, tanto el profesor Hernán Darío Gómez como Germán ‘Basílico’ González, por algo estuvieron en Santa Fe. Pero cada técnico le pone su sello al trabajo y los muchachos nos lo han dicho, que este equipo sabe a qué juega y conoce nuestra idea y estilo de juego.

¿Cuál es la marca registrada de Néstor Otero?

El trabajo de nosotros se basa en cuatro fundamentos: una organización defensiva con mucha concentración, otra ofensiva con movilidad para atacar, ocupar y aprovechar el espacio libre, saber jugar sin el balón; la posesión de pelota y la rápida transición de defensa a ataque.

¿Qué le falta al equipo?

Que a nuestros delanteros se les abra el arco, porque no me cabe la menor duda de que son goleadores todos ellos, de pronto no están en racha, pero lo intentan y buscan esa posibilidad. Pero es algo que no me preocupa tanto porque sé que en cualquier momento van a festejar para ayudarnos a sumar más puntos, aunque lo importante es que en el equipo cualquiera puede marcar.

¿Teme que el equipo se relaje al asegurar pronto la clasificación a cuadrangulares?

No, porque estamos peleando cupo a Libertadores por Reclasificación y si bajamos la guardia el Tolima se nos va, así que ese es otro objetivo que tenemos muy presente.

¿Está preparado para un bajón, que se pueda perder la línea de regularidad?

Es posible que se dé, pero me llena de confianza el compromiso del plantel con la institución. El simple hecho de que todos los muchachos hayan bajado en un porcentaje su salario, lo demuestra. El equipo puede tener bajas y altas como cualquiera, pero mentalmente es muy fuerte y, como me lo dijo un jugador el otro día, se están habituando a ganar y esto te fortalece y te da mucha seguridad en ti mismo. Por eso estamos tranquilos, pero siempre alerta.

¿Los problemas económicos pueden afectar lo deportivo?

No creo, porque hemos tenido la transparencia de los directivos. El presidente César Pastrana siempre ha dado la cara y ese tema se ha venido solucionando poco a poco, en la medida en que han entrado dineros a la institución. Por eso el grupo sale al campo pensando más en el rendimiento y los puntos que en los salarios, ya que esto se puede solventar mientras sigamos peleando, por ejemplo en la Sudamericana, que da un dinero extra por cada fase avanzada. Después de cada taquilla han ido abonando y se le ve la voluntad a la dirigencia de ponerse al día. Por ese lado hay un parte de tranquilidad.


Otero X cuatro

Bogotá lo mantiene ocupado

“Me gusta el frío, me amaño mucho en él, en Pasto duré año y medio, por ejemplo. Así que en Bogotá estoy bastante cómodo, aunque el mismo trabajo te impide conocerla un poco. Al vivir solo, después de los entrenamientos, en las tardes analizamos videos del equipo y rivales, porque este es un trabajo de equipo y sin mis compañeros del cuerpo técnico no sería posible lo que está pasando. Siempre estamos ocupados, bien sea con el gerente programando viajes, analizando con el médico la situación de determinado jugador o con el ‘profe’ Diego (Barragán) detallando lo de la preparación”.

Mineiro, rival en la Sudamericana

“Por más que los resultados hayan derivado en la salida del profesor (Wanderlei) Luxemburgo, es un equipo brasileño y como tal merece todo el respeto y está prohibido confiarse. Cuenta con seis jugadores de talla internacional, le invirtieron mucho dinero y está peleando descenso, así que debemos hacer un planteamiento inteligente para sumar en la ida en Belo Horizonte y asegurar la clasificación en Bogotá”.

Entre números y balones

“Primero fui licenciado en matemáticas de la Universidad Santiago de Cali y luego estudié Tecnología en Fútbol en la Escuela Nacional del Deporte. Las matemáticas como ciencia te ayudan a razonar lógicamente, a sacar conclusiones en muchas acciones, pero en lo numérico sirven las estadísticas para analizar varios aspectos de nuestros jugadores y sirven en el análisis profundo de las cosas”.

Ya tiene un hijo gerente

“Mi familia vive en Cali. Del hogar con mi señora Alba Lucía (Cadena), tenemos tres hijos: Alexánder, el mayor de 30 años, intentó en el fútbol, pero una fractura de tibia y peroné le truncó la carrera y hoy es el gerente deportivo del Centauros. Le sigue Julián David, quien se encuentra adelantando estudios universitarios, y después viene Diego Fernando, quien está terminando el bachillerato”.