Freddy Guarín y Cristian Zapata, los hijos modelo de la sub 17

Iniciaron su proceso con la selección hace seis años y hoy triunfan en Europa.

Con nuevo cuerpo técnico y un grupo de jugadores desconocidos que ni siquiera se asomaban en la Primera B, la selección Prejuvenil de Colombia partió hace seis años hacia Santa Cruz de la Sierra en el más absoluto anonimato y volvió en medio de reconocimientos después de que obtuviera de nuevo un tiquete mundialista, cuya última expedición se remontaba a una década atrás.

Desde entonces el nombre de Eduardo Lara empezó a ser sinónimo de resultados en las menores de nuestro país, mientras los Libis, Zapata, Guarín, Hidalgo y compañía les demostraban a sus equipos que no era una cuestión de edad, sino de capacidad y, sobre todo, de oportunidades.

Esa generación Sub 17 marcó sin duda un antes y un después en la historia del fútbol nacional, porque aparte de pelear el título del Suramericano —finalizó tercera— y conseguir en el Mundial de Finlandia 2003 la mejor participación en este certamen al terminar cuarta, produjo una amplia base que ha venido nutriendo el balompié colombiano.

Dicho seleccionado se convirtió entonces en referente de los posteriores, como el que fracasó en Venezuela 2005 o el de Ecuador 2007, que fue subcampeón del área y estuvo en la Copa del Mundo de Corea. Pero si hay alguien indicado para confirmarlo es Ramiro Viáfara Quintana, actual seleccionador prejuvenil.

Él, que siempre ha sido la mano derecha de Lara y el viernes debutó frente a Bolivia en otra aventura suramericana, es un convencido de que en Iquique, Chile, tiene “jugadores con gran capacidad y condición, inteligencia y actitud para jugar bien al fútbol y, al igual que aquel grupo de 2003, los muchachos son muy receptivos a querer crecer y fortalecerse en lo que desean alcanzar”.

Será su primera vez como DT en propiedad y también para sus dirigidos en representar oficialmente al país, tal cual lo fue en su momento para Cristian Eduardo Zapata y Freddy Alejandro Guarín, los alumnos aventajados de esa selección que cambió el rumbo, porque aparte de hacer el proceso completo en las menores hasta llegar a la absoluta, con la que actualmente disputan la eliminatoria para el Mundial de Suráfrica 2010, se consolidaron desde hace varias temporadas en el fútbol europeo.

El defensor completa su cuarta ininterrumpida en el Udinese italiano, al que arribó en 2005 y con el que esta semana llegó hasta cuartos de final de la Copa Uefa, mientras el mediocampista de Puerto Boyacá lleva igual tiempo fuera de Colombia, pero con distintas escalas, ya que hace tres años jugó con Boca Juniors en Argentina y de ahí atravesó el Atlántico para militar durante dos campeonatos con el Saint-Etienne francés (2006-08), antes de instalarse desde junio pasado en Porto.

“Gracias a Dios he logrado goles lindos en mi carrera. Pero si hay uno que me marcó para siempre, fue ese ante Brasil en la fase final, con el que ganamos y dimos un gran paso hacia el Mundial”, recuerda como si fuera hoy Guarín ese obús que sólo pudo detener la red auriverde el 14 de mayo de 2003 en el Tahuichi Aguilera de Santa Cruz.

El volante, que se reincorporó a prácticas con el Porto tras superar la torcedura del tobillo derecho que padeció a finales de febrero, convertiría otro tanto para ser el segundo anotador tricolor en dicho Suramericano, detrás de Carlos Hidalgo, que celebró en cuatro oportunidades.

Otro que nació en aquella Prejuvenil y hoy milita en el fútbol internacional es Pablo Armero, que no transitó por la Juvenil, pero volvió a la tricolor para defender la absoluta. Según el lateral izquierdo y titular del Palmeiras en el Campeonato Paulista y la Santander Libertadores, “el profe Lara siempre ha sido como un padre para nosotros, por la forma en dirigirse al grupo, desde que nos juntamos en esa Sub 17 hasta ahora que estamos en la eliminatoria”.

De igual forma, algunos hicieron todo el tránsito por las menores, incluido el título Suramericano Juvenil de 2005, pero les resta vestirse la de mayores. Tal es el caso de Libis Andrés Arenas, José Hárrison Otálvaro y Sebastián Hernández, titulares en la Copa Mustang con Pereira, América y Quindío, respectivamente.

En el rentado local también sobreviven Anthony Tapia, Juan Gilberto Núñez y Edwin Móvil en Chicó, además de Carlos Hidalgo y Sebastián Botero, que militan en el Medellín, como también otros al menos jugaron en primera división: Jimmy Estacio (Cali y Huila), Hárrison Morales (Quindío), Carlos Abella (Huila) y Juan David Valencia (Medellín), mientras sólo dos tuvieron apariciones en el torneo de ascenso: Víctor Vargas y Víctor Hugo Palacio, que jugaron con el Barranquilla F.C.

Los que sí se quedaron en el camino fueron el central Juan Carlos Morales, el mediocampista Fabián Landazábal y el delantero Carlos Andrés Torres, quienes al igual que los muchachos que hoy buscan en Chile un cupo para el Mundial de Nigeria, algún día se convirtieron en promesas que sólo el tiempo puede encargarse de hacer cumplir.