No todos los árbitros se la ganan silbando

Hernando Buitrago, Francisco Peñuela y Eduardo Díaz son claros ejemplos de que el arbitraje va más allá de la cancha y exige como tal una dedicada formación profesional.

Buitrago, abogado penalista

Hernando Buitrago se disponía a jugar un partido de fútbol en su colegio en el Líbano, Tolima, el Instituto Técnico Industrial. Pero el árbitro nunca llegó, así que sus compañeros le insistieron para que él pitara. Ese día, hace 25 años, así se convirtió en juez por “accidente”.

Primero se afilió a la Liga de Tolima, luego en el Colegio de Árbitros de Bogotá, hasta llegar a la Categoría C Profesional, en la que duró cuatro años. Entonces saltó a la B y desde 2000 está en la A. Hace cuatro fue nombrado juez Fifa y en total ha pitado 162 partidos, en los que cuenta con orgullo dos mundiales, categorías Sub 20 y Sub 17, en Canadá y Corea, respectivamente. También ha actuado en copas Suramericanas y Libertadores.

Hace dos años recibió la que, hasta ahora, ha sido su máxima sanción. Fue castigado por cuatro fechas por no pitar un penalti en el partido Nacional-Cúcuta, a favor del primero.

Pues bien, este tolimense, casado con Khaty Milena Gutiérrez hace ocho años y padre de María Camila y Diana Sofía, quien como todos los jueces se gana cada domingos insultos y destrozos a su dignidad, es nada más ni nada menos que abogado de la Universidad Autónoma de Colombia, con especialización en derecho penal y de criminología y desde hace tres años trabaja en la Defensoría del Pueblo, justamente en el área penal.

Aunque muchas veces ha sentido deseos de tirar la toalla en su labor como árbitro, Buitrago cree que está en la obligación de contribuir con su buen juicio a borrar el estigma en Colombia de que si los jueces se equivocan es porque sencillamente fueron sobornados. “Hoy por hoy yo puedo decir sin temor a equivocarme que mis errores y los de mis compañeros son de buena fe, son fallas humanas”, explica.

Advierte que el buen ejemplo de Óscar Julián Ruiz, el número uno del país, ha permitido de a poco borrar la mala imagen de los jueces. “Él ha marcado un hito, es un hombre de mucho respeto e intachable”, no duda en afirmar, al tiempo que asegura que su gran reto es pitar un Mundial de mayores y su objetivo es hacerlo en 2014.