“Caminar es muy poco, voy a correr”: Jefferson Herrera

A comienzos de este año, al futbolista caleño de 23 años le dispararon en la parte trasera del cuello por robarle su celular. Quedó cuadripléjico, pero ya se levantó y sueña con volver a jugar.

Jefferson Herrera en una de sus terapias. Ya puede caminar con bloqueadores en las rodillas.
Jefferson Herrera en una de sus terapias. Ya puede caminar con bloqueadores en las rodillas.

“Nunca se puede dejar de soñar, porque los sueños se cumplen, no importa lo oscuro que sea el camino”, decía Jefferson Herrera, acostado en una camilla de la unidad de cuidados intensivos del Hospital Universitario del Valle, en donde los médicos cuidaban de la lesión que un hombre le causó al dispararle en la parte trasera del cuello por robar su celular. Con 22 años y una carrera como futbolista que hasta ahora comenzaba, el 3 de enero de 2016 el panorama fue negro: “El paciente está fuera de peligro, pero quedará en estado de cuadriplejía”, les dijo uno de los médicos a sus papás. Pero la actitud de Jefferson nunca fue de lamentarse y la misma berraquera que lo llevó a cumplir su sueño de ser futbolista profesional le sirvió para asegurar que volvería a caminar. Después de 11 meses de exigentes terapias, la evolución ha sido impresionante y por eso le dice con emoción a El Espectador que “para mí, caminar es muy poco, voy a aspirar a volver a correr y a jugar al fútbol. Esa motivación es la que me ayuda a que todo vaya tan bien”.

La berraquera la heredó de César y Gloria, sus padres, quienes le enseñaron que en la vida nada era regalado y que tocaba trabajar para buscar las cosas. Los Herrera León son humildes pero guerreros y trabajadores. “De niño, había momentos en los que no tenía ni para el desayuno o, más grande, ni juntando monedas me alcanzaba para completar lo del pasaje para ir a entrenar. Me iba para el terminal y me charlaba a los conductores para que me llevaran gratis. Todo eso me formó, me dio valentía y fortaleza. Mis papás me enseñaron a luchar por lo que quería y por eso cada día me levanto a las terapias con la motivación de cumplir mis objetivos”, asegura Jefferson, quien es consciente de que hay días duros en los que no le provoca ni pararse de la cama, pero siempre hay una voz que le dice “ya falta poco”.

Al comienzo, sólo podía mover la cabeza y le decían que a los tres meses de terapia podría comenzar a sentarse. Pero él hizo todo bien y, milagrosamente, a las dos semanas ya estaba haciendo lo que para los médicos era imposible. Luego le dijeron que en aproximadamente seis meses estaría sosteniéndose de pie, y también lo hizo antes. “En diciembre estarás dando pasitos con el caminador”, le decían. Y eso es hoy una realidad. “No me imaginaba que con menos de un año de terapia pudiera estar así de bien. Ya estoy haciendo marcha con bloqueadores en las rodillas. Mi meta es poder salir el otro año solo a las calles con mi caminador. He sido muy berraco, muy fuerte, y para mí no hay imposibles. Eso lo tengo muy claro”, asegura con emoción en su voz.

No hay mucho tiempo para descansar. Sus jornadas son de seis horas de terapias. Llega a su casa con dolor “hasta en el pelo”, dice. Pero esa voluntad de salir del hueco en el que cayó es la que le permite ver hoy el problema como una oportunidad. A pesar de tener 23 años, habla con mucha madurez y asegura que este proceso “es algo que me ha servido para crecer como persona. Uno muchas veces no valora las cosas y hoy disfruto todo. Quiero enseñarle a la gente que pasa por situaciones como la mía que la vida no acaba allí, que la vida sigue y siempre hay algo por hacer”. Incluso asegura que cuando las terapias le den tiempo, iniciará sus estudios de dirección técnica, pues espera seguir el resto de su vida ligado al fútbol.

En este proceso no ha estado solo. Prácticamente desde el día en que fue internado en la clínica, el mundo del fútbol estuvo ahí. La Acolfutpro (Asociación Colombiana de Futbolistas Profesionales) ha estado pendiente de él, aportando económicamente en su recuperación, así como clubes de la Dimayor, como Orsomarso y Atlético FC, equipos en los que militó meses antes del atentado. Aparte de su familia, Jefferson destaca lo que hizo la actual directora de Coldeportes, Clara Luz Roldán, quien como directora de Indervalle dio la orden de que no se descuidara a Jefferson y le dieran todo lo necesario. “Incluso han pensado en mi futuro. Me dieron una beca para estudiar y sólo estoy esperando que pueda ser un poco más independiente para iniciar mi carrera”, agradece.

Otra persona que ha sido clave en su proceso es el arquero uruguayo Alexis Viera, quien sufrió una situación muy similar a la de él, en Cali. Por robarle una plata que había sacado del cajero, lo balearon cuando ya estaba llegando a su casa. Viera, quien conoció a Jefferson cuando jugaba en el Depor FC (hoy Atlético FC), se ha encargado de ser el motivador constante y el ejemplo viviente de que hay que luchar para levantarse. “Es mi mayor referente hoy por hoy. Si él lo ha hecho, yo también seguiré sus pasos”, destaca Jefferson.

El fútbol lo tiene vivo

Cuando no está en terapias, lo que más lo distrae es el fútbol. Ve los partidos de la Champions League, las ligas más importantes de Europa, la Liga Águila y los partidos de los equipos colombianos en torneos internacionales. “Vivo y respiro fútbol 24 horas. En las terapias hablo todo el tiempo de las noticias del fútbol y en mis redes sociales comento el resultado de muchos de los partidos que veo. Eso me distrae mucho y ver a mis ídolos jugando me motiva a seguir viviendo y a querer volver a jugar, así sea picaditos con mis amigos de la cuadra”, asegura. La música también lo distrae y, como buen caleño, lo que más le gusta oír es salsa.

“El perdón ha sido la clave”, destaca. “Yo siempre tuve mi conciencia muy tranquila. He sido una persona de bien y no he tenido problemas con nadie. Eso me sirvió para estar en paz con todos. Dios me ha dado un corazón noble y en mi vida no tengo rencor ni rabia. Eso ha sido clave en mi recuperación, para estar tranquilo. Yo creo que Dios es el encargado de hacer justicia. Yo sólo debo seguir viviendo mi vida con tranquilidad”.

El próximo 3 de enero Jefferson cumplirá un año de recuperación. Los 365 días más duros de su vida pero en los que ha aprendido más que en los 22 años anteriores. “En los 23 años que tengo he luchado, he caído y siempre me he levantado. Esta no será la excepción. Seguiré en la lucha”.

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