Dios también juega fútbol

En el partido en el que el Cúcuta se ganó el ascenso a la Copa Aguila y en las últimas fechas de la Liga Postobón del año pasado nos llamó poderosamente la atención la intervención del Altísimo, o del Señor Jesús, en los partidos de fútbol.

No hubo un solo jugador, miembro del cuerpo técnico o directivo del equipo “Motilón” que no señalara que el triunfo se lo debían primordialmente al de arriba, que El era el principal responsable de su victoria.

¡Dios es el gran responsable de esa victoria! ¿También será el responsable de la mano descarada y tramposa del delantero paraguayo que metió el segundo gol, o de que el árbitro no la haya visto y ni siquiera haya querido darle la razón al línea que sí la vio? Así que tenemos un Dios que toma partido por el que más reza, por el que más le pide una ayudita, aunque tenga que violar todas las normas…

Si eso es así de ahora en adelante los equipos de fútbol de Colombia tendrán que cambiar sus planes de preparación. En lugar de ir a un campo de entrenamiento a prepararse basta que se pasen ese tiempo arrodillados pidiendo la infalible intervención del Supremo, ojalá en la grama de un campo de fútbol para que sus rodillas puedan aguantar el mayor rato posible.

Lo menos que se puede decir de esto es que más que risible es una ofensa contra Dios… ¿Con qué derecho lo meten a El en la definición de los encuentros? Si fue Dios el que le dio la victoria a un equipo también fue el que derrotó al rival. ¿Qué pensarán los jugadores del equipo perdedor que oyen cómo se repite una y otra vez la causa fundamental del resultado del partido? Supongo que tienen todo el derecho de maldecir y blasfemar porque no jugó a su favor.

Habrase visto en lo que están convirtiendo a Dios (desde que el Kiko Barrios se volvió pastor evangélico) al que ahora no se va a adorar a las iglesias porque por lo visto se enamoró tanto del fútbol que se trasladó a los estadios para meter su mano poderosa en los juegos… Lo raro es que estando allá ni siquiera El ha podido evitar las embarradas de los árbitros, las malas mañas de esos jugadores que tanto confían en él y mucho menos que haya sido capaz de ponerle freno a la violencia de las barras bravas. ¡Qué papel tan ridículo le están poniendo al Creador!

Ni las iglesias son sitios para jugar fútbol ni los estadios son púlpitos para que unos cuantos iluminados traten de convencer a los demás de sus convicciones religiosas y poner a jugar a Dios en los partidos es una irresponsabilidad.

¿Ustedes han visto alguna declaración de un jugador de otro país metiendo a Dios en este baile? Apenas de vez en cuando una mano se eleva al cielo, en un gesto casi maquinal, que agradece al Altísimo por haberle permitido prepararse bien para llegar al juego en la mejor condición o por darle fuerzas y talento para aprovechar una oportunidad.

Si alzarse una camiseta para dedicar un gol en la que se tiene debajo, bien sea a Dios o a cualquier ser humano está penalizado, ¿por qué no se castiga de alguna manera a los que proclaman a diestra y siniestra que no solamente contaron con el jugador número 12, el público, sino también con el número 13, su Dios, al que están tan agradecidos?

Creo que muchos de los oyentes y los televidentes están aburridos de esa misma cháchara que los jugadores repiten, como loros mojados, después de todos los encuentros. ¿Por qué la televisión y la radio no utilizan ese tiempo para hacer algo diferente, por lo menos para explicar lo que de verdad ocurrió en el gramado.

Pero vayamos un poco más lejos: con el patrocinio de algunos periodistas que justifican las juergas de la noche del domingo, y hasta las de otros días, “porque los jugadores también son humanos y tienen todo el derecho de divertirse”, ¿por qué Dios no se pone del lado de quienes cumplen un contrato en el que se especifica que el jugador tiene que hacer todo lo necesario para estar en la mejor forma posible, entre lo que está no echar a perder la preparación de una semana y se va muchas veces con el ”maloso”? ¿Acaso El es uno de esos hinchas furibundos que no ven más que una camiseta y un color”…. ¡Dios nos libre!.