El caso de los sueños desinflados

El programa “Séptimo Día” publica la segunda parte de una investigación sobre cómo avivatos juegan con las ilusiones de jóvenes futbolistas.

Casa en Pereira donde los muchachos vivieron antes de ir a Argentina. / “Séptimo Día”
A la redacción de Séptimo Día comenzaron a llegar desde mediados del año pasado, en pleno furor del Mundial Brasil 2014, denuncias contra algunos empresarios del fútbol que prometían conexiones, exhibiciones y hasta la posibilidad de contratos con distintos equipos de primera división en Colombia, Argentina o México. Esas denuncias, hechas por jóvenes futbolistas y sus papás, daban cuenta de un engaño.
 
A cambio de esos contactos debían pagar altas sumas de dinero, asumir pasajes, alimentación y pago de estadía para aspirar a ser estrellas como James o Falcao. Los casos comprobados abarcaban desde humildes jugadores que se preparan en escuelas de barrio hasta academias de estrato alto. Estos son algunos ejemplos.
 
El falso argentino
 
Leandro Ozuna contactó a través de Facebook a Esteban Guerrero, entrenador de una academia en la localidad de Suba, en el norte de Bogotá. “Me preguntó qué jugadores tenía y en qué categoría”. Se presentó como un reconocido empresario de fútbol argentino, que estaba buscando talentos para llevarlos a clubes reconocidos del exterior. Ese fue el inicio de su relación contractual. Según Guerrero, Ozuna le dijo que tenía jóvenes jugando en México, Brasil y Argentina. Que en el Cuernavaca necesitaba tres muchachos urgentemente y que debían entregarle entre 3 y 4 millones de pesos por muchacho para llevarlos a México. Así llegaron a Javier Elías Castro, que tiene a su hijo en la escuela de Guerrero. “Un día me dice el entrenador que mi hijo se va para México por tres millones”. Como pudo reunió el dinero, al igual que 12 familias más. Todos de la escuela de Guerrero. Después les dijeron que iban para River Plate, en Argentina, pero antes debían ir a Pereira. Allí enfrentaron arduas jornadas de entrenamiento y mala alimentación. Confrontado Ozuna, se comprobó que no era argentino sino bogotano, de nombre Humberto, que no tenía vínculos con ningún equipo en los países citados y que había utilizado la misma estrategia con muchachos de Cartagena, Chocó, Medellín, Cúcuta, Santa Marta y Barranquilla.
 
El “Chicho” Serna y Ainer Vela
 
En la mente de los aficionados al fútbol en Colombia aún está fresca la imagen del Chicho Serna levantando el trofeo de la Copa Libertadores que logró Boca Juniors el 28 de junio de 2001. Hoy Serna enfrenta otro partido: los reclamos que le hacen jugadores de fútbol y padres de familia que lo acusan de incumplirles la promesa de mostrar su talento en clubes de primera división en Argentina. Según ellos, el Chicho jugó con su ilusión. Un caso: en 2012 el bogotano Juan Sebastián Mahete tenía 19 años y pertenecía, sin oportunidades, a las divisiones menores de Millonarios. “El Chicho le prometió a mi hijo llevarlo a Buenos Aires, probarlo en diferentes clubes: Boca, River, Chacarita, San Lorenzo, Vélez. Dijo que tenía muchos contactos.
 
Que el respaldo que había era que él era una figura pública, que él no podía jugar con su imagen, que era agente Fifa”. Con esfuerzo reunieron la mitad de los 10 millones de pesos que debían pagar. Hicieron rifas, una fiesta, recogieron plata entre la familia. Al llegar a Buenos Aires las cosas no funcionaron. Juan Sebastián fue alojado en un apartaestudio para dos personas en el que vivían siete colombianos. “De lo que Chicho Serna me ofreció nada vi. Lo más cerca que estuve allá fue un amistoso que jugamos contra un equipo de la D”. Otro joven, Daniel Alejandro Gualdría, fue contactado por Ainer Vela, quien se presentó como delegado del Chicho Serna. “Nos mostró un video donde él salía con el Chicho y decía que él era el delegado, que confiáramos en él”. Luego se encontraron con el Chicho, y como prueba muestran fotografías y una grabación en audio en la que él se compromete con ellos, aunque les advierte: “Puede que se quede uno, puede que se queden todos o ninguno. El que se pueda quedar allá en diez años puede tener toda la plata del mundo. Nosotros los mayores lo podemos decir que así es”. Pero Serna no apareció allá: “Uno hablaba con Ainer y le preguntaba: ¿cuándo llega el Chicho? Que no, que ya en estos días viene, que no sé qué. Nos encaramelaba el oído, que no demora en llegar, que sigan entrenando”.
 
Cuando Juan Sebastián volvió defraudado a Bogotá, su papá envió cartas a Coldeportes y a la Fiscalía General de la Nación. Según Juan Carlos Mahete, en tres ocasiones lo han llamado a conciliar y el Chicho no ha asistido. Serna recibió al periodista de Séptimo Día Diego Guauque en su oficina en Medellín y le respondió: “Yo había quedado de viajar; no pude por situaciones personales que se me presentaron. Creo que después viajé y vi a algunos de los muchachos. Pero quiero hacer claridad: quien armó todo esto fue el señor Ainer Vela. Yo le ayudé mucho, siguió llevando muchachos”. Interrogado sobre si había denunciado a Vela, respondió que no lo hizo “porque seguramente no le di la importancia necesaria, pero hoy estoy dándome cuenta de que me equivoqué, que debí haberlo hecho”.
 
El hermano de una vieja gloria del fútbol
 
En Argentina Séptimo Día conoció más casos de colombianos que aseguran haber sido engañados por empresarios del fútbol, como Orlando Díaz. El 14 de abril Andrés Felipe Velandia alistaba su maleta para hacer un vuelo Buenos Aires-Bogotá, mucho antes de lo soñado. Había llegado en enero pasado porque confió en Díaz. “Nos nombraba River, Chacarita, Olimpo. Que dependía de nuestro desempeño”, y también del dinero que tuviera: “Cinco millones, tiquetes de ida y vuelta. Y por estadía casi ocho millones”. De acuerdo con Andrés Felipe, él y 15 ilusionados compañeros de viaje se hospedaron en sitios distintos a los prometidos por Díaz. “Durante dos semanas recorrimos estadios en papel de turistas”. ¿Y los partidos? “Se aplazaban por lluvia”. Después “fue un duro golpe emocional pagar por un entreno y sin ninguna posibilidad de ser fichado, que era lo que se había hablado”. Díaz se presenta como hermano de Ernesto Díaz, gloria del fútbol colombiano de la década de los 70. Al preguntársele por sus conexiones señaló que estaba con River Plate. Pero ¿con quién allí? “El año pasado era un señor Jorge, no me acuerdo el apellido, era de divisiones menores”. Ignacio Villarreal, director de asuntos legales de River, aclaró: “No tiene convenio, no lo conozco”.