El fútbol es su hogar

Cómo la fortaleza y las ganas de triunfar han llevado a Alexánder Mejía a cumplir sus sueños. En Brasil 2014 ha sumado minutos en los dos partidos.

Alexánder Mejía ha sido fundamental cuando la selección de Colombia ha tenido que oxigenar el medio campo en el Mundial. / AFP

Cuando Alexánder Mejía apenas tenía dos meses de nacido su madre lo dejó, pues no tenía los medios económicos para mantenerlo. Fue su abuela paterna, Juana Jiménez Montiel, quien asumió el rol de criarlo. Aunque ya había cumplido su misión de educar a sus hijos, a Juana le tocó empezar de ceros con Álex, un niño inquieto que desde antes de caminar se emocionaba cada vez que veía un balón. Cuando ya lo podía patear, salía al parque de Malambo (Atlántico) a jugar con niños mucho más grandes que él. Su abuela andaba detrás para evitar que lo lastimaran, no obstante, Álex regresaba sucio, cansado y golpeado.

“Mamá, deme dos mil pesos que me voy a entrenar”, le dijo Álex a Juana cuando tenía ocho años. “¿Cómo así, a dónde se va?”. “A una escuela que me dejó ir a jugar con ellos”, respondió. Era la escuela de Jaime Polo, quien había visto habilidades en Mejía y por eso le abrió las puertas de Estrellas del Caribe. Así no hubiera plata para el bus, el pequeño Álex se iba caminando con tal de llegar a hacer lo que más le gustaba y lo que sabía que podría ser su futuro. Tras destacarse y mostrar madera, pasó a hacer parte de la selección del Atlántico. En uno de los juegos, cuando tenía 15 años, enfrentó a la selección del Valle, que era dirigida por Eduardo Lara, quien se fijó en el barranquillero y le habló. Así dejó a su familia para irse a vivir a Cali, donde siguió creciendo en la escuela Boca Juniors.

No fue fácil irse sólo. Llamaba todos los días a su abuela para decirle que quería regresar, que se sentía aburrido. Sin embargo, Juana lo motivó y le pidió que aguantara por su bien: “No, señor, usted me prometió que iba a ser profesional y me tiene que cumplir la promesa”. Así lo convenció y pronto Álex pasaría a jugar con el Deportes Quindío, clun en el que debutó como profesional. Luego pasó al Once Caldas y a Nacional, equipo con el que ha ganado todo en dos años: tres Ligas Postobón, dos Copas Postobón y una Superliga.

Sueño mundialista

En mayo de 2012 fue convocado por primer vez a la selección de Colombia para los juegos frente a Perú y Ecuador en las eliminatorias hacia Brasil 2014. Sólo actuó un par de minutos al ingresar por James Rodríguez frente a los incas. Ahí convenció a Pékerman, quien desde entonces lo ha mantenido en las convocatorias. Hasta antes del Mundial había jugado ocho partidos y en los dos que se han disputado en esta cita ha estado presente algunos minutos.

“La manera cómo el profe ve los partidos y le da la oportunidad a uno es gratificante, creo que eso se debe a la virtud que tiene el técnico de ver las situaciones del juego, porque cuando él cree que es momento de cerrar un partido u oxigenar la mitad del campo es cuando decide incluir un volante de marca y por suerte me ha elegido a mí”, destaca el barranquillero que cumplirá 26 años el próximo mes de julio. “La clave es no ingresar desordenado y entrar en el ritmo del juego. Hasta ahora, en el Mundial me ha ido bien”, aseguró a El Espectador el volante que lleva el 15 en su espalda.

En el último juego preparatorio hacia Brasil, frente a Senegal, sufrió un duro golpe en una rodilla. El dolor fue fuerte, la incertidumbre apareció, porque a pesar de que Colombia no tenía más cambios y faltaban 20 minutos para terminar el juego, tuvo que abandonar la cancha y dejar el equipo con 10 hombres. A las pocas horas el médico Carlos Ulloa confirmó que el dolor había sido sólo por el impacto, pero que no había lesiones.

En el Mundial, para oxigenar el medio campo ha ingresado en los segundos tiempos por Abel Aguilar, quien ha salido exhausto en los dos últimos juegos. Su misión ha sido clara por parte de Pékerman: generar más marca y presión en las zonas indicadas. “Sufrir hace parte del fútbol. Cuando uno tiene el resultado a favor retrocede inconscientemente. Además, el que va perdiendo se viene encima, como ocurrió frente a Costa de Marfil, pero la clave es mantener la concentración y no desesperarse. Este es un equipo que ha aprendido a sufrir y a salir de los problemas que se puedan generar en los partidos”, indicó Mejía, quien le ha ganado la posición de alternante en el medio campo a un jugador de la talla de Freddy Guarín.

Como capitán de Atlético Nacional, Mejía aprovecha cuando está en la selección para aprenderle a Yepes, a quien considera un verdadero líder que transmite seguridad y experiencia. “Dentro y fuera de la cancha sabemos lo que es Mario Alberto: es nuestro guía y líder, una persona de admirar y de la que uno siempre busca aprender. Completar 100 partidos con la selección no es fácil. Le pido a Dios que los bendiga a él y a su familia porque es una persona trabajadora, luchadora, que nos enseña de todas sus experiencias a los jugadores jóvenes que queremos llegar hasta los lugares en los que él ha estado”.

Ya clasificados a octavos de final, el partido de este martes frente a Japón en el estadio Pantanal de Cuiabá será oportuno para que el técnico dé descanso a algunos jugadores pero a la vez arme un equipo competitivo para lograr quedarse con el primer lugar del grupo y así jugar la próxima ronda en el mítico estadio Maracaná. “Debemos cuidarnos en estos días, alimentarnos bien y descansar para llegar al 100% para el juego contra Japón”, comentó Mejía, quien podría aparecer esta vez como titular y así seguir cumpliendo su sueño mundialista.