El pasado yo no lo añoro ni lo lamento: Bernardo Redín

Recuerda anécdotas de su exitosa carrera como futbolista, en la que triunfó con el Deportivo Cali y la selección de Colombia.

Bernardo Redín, tras retirarse del fútbol comenzó su carrera como DT.

La dupla que formó Bernardo Redín con Carlos El Pibe Valderrama en el Deportivo Cali y la Selección colombiana, es de esas que son recordadas con alegría por parte de los fanáticos del fútbol. No importa que no se sea seguidor del cuadro azucarero. Quien ama el balompié, recuerda las noches de gloria de este vallecaucano que pasó de jugar en el equipo de una empresa a una selección juvenil de la noche a la mañana. Hoy con 52 años, en charla con El Espectador, Redín recuerda anécdotas de su exitosa carrera.

¿Cómo es la historia de que usted trabajaba en una empresa y lo sacaron para llevarlo al Deportivo Cali?

Yo jugaba en un equipo de una empresa aquí en Cali porque me gustaba y estudiaba en el Sena. Entonces el profesor Jaime Fonseca, que era el preparador físico de la selección Colombia juvenil dirigida por Eduardo Julián Retat, estaba en ese equipo de la empresa conmigo y me recomendó. Antes de pasar al Cali entrené en el América con el médico Ochoa y él le pidió al gerente que llevara todos los papeles para yo jugar allá, pero la persona que era dueña de mis derechos deportivos era hincha del Cali, entonces no se pudo y por eso llegué al cuadro azucarero. Allí compartí con hombres como Checho Angulo, Jorge Ambuila, Henry Otero. Ya en la Selección tuve la oportunidad de conocerme con El Pibe, Piripi Osma, Hernán Torres, Carlos Mario Hoyos, entre otros.

¿Con qué equipo se encontró cuando llegó al Deportivo Cali?

Era un equipo de ensueño. Cuando llegué al Cali, entrené un jueves y un viernes, hicimos fútbol e hice gol. Después del viernes no volví. Unos meses después llegué y estaban Pedro Zape, Pachón, El Pecoso, Cappiello, Otero, Valverde y de los que venían de abajo estaban gente como Félix Quiñones, Gonzalo Sánchez, Checho Angulo, Guaracha, Rodrigo Campo, Cococho, Willington, Ángel María Torres, Benítez. Mejor dicho, era un combo bravo con el que tuve la oportunidad de jugar varios partidos en el año 81, porque esa era la base de la Selección Colombia y pude jugar varios partidos con 18 años. Para mí, que me concentraron el primer día con Willington Ortiz, fue increíble.

Después llega ese dúo con Valderrama, ¿qué hacía que ustedes se entendieran a la perfección en la cacha?

Pues nosotros tuvimos la oportunidad de compartir en esa Selección Juvenil del año 80 y uno ya ve las características del jugador. En el 85, cuando Carlos llega al Cali con las mismas características, pues ya nos buscábamos con frecuencia, pero no nos hacíamos ninguna señal o nada por el estilo, sino que son cosas que ya ni se ven, porque uno cuando juega en la calle o en el barrio siempre busca asociarse con los que mejor juegan, eso era lo que yo trataba de hacer con Carlos.

¿Esa sociedad que se veía en la cancha reflejaba también que hubo una buena amistad con “El Pibe”?

Sí, claro, con Carlos hay una excelente amistad de respeto, cariño y admiración. En los años que yo compartí con él, solamente una vez tuvimos inconvenientes. Fue en Cúcuta, yo venía encarando y perdí la pelota y Carlos me manoteó y me dijo que la tocara... Le respondí, discutimos un rato, pero de ahí no pasó; luego el DT, que era Popovic, nos preguntó qué había pasado y le dijimos que nada. Siempre fuimos grandes amigos.

¿Qué lamenta no haber hecho en su carrera?

No haber podido salir antes y a un mejor fútbol. Luego del Preolímpico del 87 me ofrecieron ir a Flamengo, más adelante pude ir a Independiente o hasta el Arsenal de Inglaterra, pero el Cali no me dejó salir. En el 89 estuvo el representante de la Lazio que vino a Cali y nos reunimos con él en un hotel, pero tampoco pude ir.

¿Extraña algo de lo que vivió en el pasado como jugador?

El pasado yo no lo añoro ni lo lamento. Al contrario, le doy gracias a Dios por haberme dado la oportunidad de vivir eso.

¿Qué significa hacer un gol en un mundial?

Es indescriptible. Cuando yo estaba en la empresa deseaba tener buen trabajo para poder ir a ver unos partidos del Mundial del año 86, que iba a ser aquí. Después, cuando empecé a jugar yo decía que ojalá Colombia pudiera ir a un mundial y darme ese privilegio de jugarlo y marcar gol. Cuando nos eliminó Camerún, todos quedamos tristes por la salida pero Ricardo Chicho Pérez se me acercó, me dio un abrazo fuerte y me dijo que me sintiera orgulloso por marcar dos goles en un mundial. Desde el año noventa hasta el reciente mundial nadie nos había podido superar tanto a mi como al Tren Valencia, por eso ahora uno valora más esas cosas.

¿Fue verdad que en la concentración de la Selección en ese mundial había un fantasma?

Bueno, que a mí se me haya aparecido, no. Lo que sí es que teníamos mucho temor porque había mitos y comentarios y a veces nos tocaba bajar casi a las once de la noche a llamar por un teléfono publico que quedaba en el lobby de la villa donde estábamos, ahí teníamos que llamar con una tarjeta casi cerca de la medianoche porque acá eran mas o menos las seis de la tarde, e irnos a dormir. Entonces bajábamos en compañía, ninguno bajaba solo y hasta que no llamara el último, no subíamos los del grupo. Pero sí andábamos con mucha precaución y desde que nos metíamos en la habitación nadie volvía a salir hasta el otro día.

¿Cómo y por qué llega la decisión de retirarse del fútbol activo?

Dejé el fútbol porque ya eran 38 años, ya no soportaba a los preparadores físicos. Ya había que dejar que los muchachos jugaran. Además, me estaba capacitando para ser técnico.