El sabor de la Selección

El tumaqueño Pablo Armero es, sin duda alguna, el artífice de los curiosos festejos que ponen a bailar a todos los jugadores del combinado tricolor. “Preparamos celebraciones para mostrarle al mundo que Colombia es alegría”, dice.

El calor era intenso en Tumaco, la cancha San Judas estaba llena de jóvenes que bajo un inclemente sol corrían detrás de un balón mientras Henry Quiñónez, el entrenador de la escuela Jugar, Aprender y Crear, los observaba. El polvo se levantaba y se pegaba a la dura pelota que rodaba imperfecta pero cumplía su misión. Tras varios minutos de actividad, un niño de unos ocho años se le acercó a Quiñónez, le pegó una palmada en la espalda y le dijo de forma muy enredada que quería jugar con los demás. Su apariencia llamaba la atención: era muy pequeño, sus pies estaban llenos de barro y su pantaloneta y camiseta estaban rotas. Sin embargo, a la hora de jugar eso poco importaba. Su velocidad y talento hacían que todo el entorno pasara desapercibido y quienes lo veían sólo se fijaran en su rapidez y habilidad con el balón. ¿Cómo te llamas?, le preguntaron. Pablo Armero, respondió él.

Hijo de pescador de mariscos en el Pacífico y habitante del barrio Palafito, Armero se iría unos años después a la escuela del América de Cali, en donde hizo el proceso de formación y luego terminaría debutando como profesional. Eso sí, la mayoría de sus compañeros en Tumaco jamás pudieron superar las adversidades. En esta ciudad los niños buscan aprovechar las pocas oportunidades de ser profesionales y los mayores guardan la esperanza de encontrar algún día un pequeño, debajo de un puente o donde sea, que los saque de la penuria.

“En Tumaco, nuestras mamás nos paren y ya estamos aptos para jugar”, dijo Nery Felipe Angulo, un futbolista de esa región que actuó en Independiente Santa Fe en 1968. De allí han salido grandes figuras que han hecho historia con la camiseta de la selección de Colombia, como Willington Ortiz, tal vez el mejor de todos, Jairo Castillo, Léider Preciado y Pablo Armero, estos dos últimos mundialistas goleadores.

En el segundo partido de Colombia en la Copa del Mundo de Francia-98, el equipo dirigido por Hernán Darío Gómez estaba perdiendo frente a Túnez. No se veía cómo podría abrir el marcador, la prensa pedía a Preciado, que había hecho una buena temporada con Independiente Santa Fe y además había celebrado en uno de los amistosos previos a la cita mundialista frente a Chile. A los pocos minutos de estar en cancha, el joven de 21 años y tres meses recibió un pase de Carlos El Pibe Valderrama, se volteó en el área y de zurda remató a ras de piso para poner a toda Colombia a celebrar. Corrió hacia la tribuna norte y se puso a bailar. Desde ahí se volvería famoso como el “tuntún” de Preciado.

Coincidencia será que en el primer partido de la selección de Colombia en Brasil 2014 otro tumaqueño pusiera a gritar de nuevo a un país y al estadio Mineirão, que más parecía el Metropolitano de Barranquilla. Armero recibió un pase de Juan Guillermo Cuadrado, aprovechó una distracción de James Rodríguez a los defensores griegos y de derecha, sí, de derecha, el zurdo marcó el 1-0. Corrió por todo el sector occidental del estadio hasta el banco de suplentes e inmediatamente bailó. “El que haga gol impone el baile”, comentó al final del partido el lateral izquierdo del West Ham de Inglaterra, quien apartándose del tema futbolístico contó que en todos los partidos “preparamos celebraciones para mostrarle al mundo que Colombia es alegría. Hay que trabajar serios y con compromiso, pero disfrutar como amigos, por eso se celebra de esa manera”, expresó.

“Léider es uno de mis ídolos de niño. Crecí viéndolo hacer goles, así que mi paisano fue uno de los que me motivaron a ser futbolista. Es una bonita coincidencia y una invitación a que cada vez miren más nuestras regiones y vean que hay talento”, le dijo Armero a El Espectador, y recordó que ese es el segundo gol que marca con la pierna derecha en toda su carrera. “Para mí es emocionante poder celebrar goles, sean míos o no, pero cuando son con derecha son más importantes, porque para mí es difícil hacerlos”.

Fue una temporada complicada para él, pero qué mejor premio que un gol en un Mundial. En el Napoli no jugaba y en el mercado invernal fue cedido al West Ham, donde le costó adaptarse y el técnico le dio pocos minutos, pero Pékerman tenía su lateral, confió siempre en él y ahora espera seguir por buen camino en Brasil. “A Costa de Marfil hay que jugarle de otra manera. En estos pocos días debemos preparar ese partido con toda la responsabilidad del caso”, concluyó Armero, quien gracias a sus buenas actuaciones y a sus alegres celebraciones se ha ganado un lugar en la memoria de los hinchas.