El sueño americano

Los dirigidos por ‘El Chiqui’ realizan en la finca del DT la pretemporadapara los cuadrangulares de ascenso, en Bogotá, del 14 al 21 de enero.

Luis Augusto García, en uno de los entrenamientos del América. / Gustavo Torrijos

Así como para muchos inmigrantes latinos el río Bravo es el último paso para lograr el tan anhelado sueño americano, para el América de Cali los cuadrangulares de enero serán el último chance para lograr ascender a la primera división del fútbol profesional colombiano en 2015. Han sido 1.081 días (teniendo en cuenta que 2012 fue bisiesto) de desazón, lágrimas y angustia para los hinchas del cuadro rojo que desde 2012 vieron en cada año un nuevo amanecer para ponerle fin a la pesadilla en la que están inmersos después de que aquel balón de Jairo El Tigre Castillo se estrellara con rebeldía en el palo de la mano derecha de la portería norte del Pascual Guerrero, en ese momento defendida por Carlos Chávez, portero de Patriotas.

Para lograr el objetivo de regresar a la A han pasado tres técnicos diferentes. En los primeros dos años la dirigencia apostó por entrenadores de renombre, como Eduardo Lara y Diego Umaña, pero sus esfuerzos se quedaban en el olvido cuando en diciembre América seguía siendo parte de la B. En la última temporada se intentó con sangre nueva y John Jairo López fue el elegido para tomar las riendas del equipo, pero estuvo al frente de la institución hasta antes de que se iniciaran los cuadrangulares semifinales del segundo semestre. El reto es cada vez más difícil y la presión mayor; la hinchada, que en un principio era un aliado primordial, ha comenzado a alejarse del Pascual, y, lo que más se cuestiona, aún no se ha consolidado un proyecto serio para regresar a la A.

Seis torneos de ascenso pasaron. En todos clasificó a cuadrangulares, en dos llegó a la final y tan sólo en uno salió campeón. Ahora la batuta cayó en manos de un hombre con experiencia: Luis Augusto García. Campeón con Millonarios, América (1996) y Tolima, El Chiqui es el as en la manga que el equipo busca para lograr el ascenso en los cuadrangulares que se disputarán en enero en Bogotá. “Este es un reto que nunca tuve oportunidad de tener. Me parece que es una opción que el universo me da para alcanzar otro logro, y lo estoy haciendo con toda la ilusión”, le dijo a El Espectador el entrenador bogotano de 64 años, en su finca situada en Chía, Cundinamarca.

Ese lugar, donde la mirada curiosa de algunos lugareños se cuela entre los muros de más de tres metros de altura, se convirtió en propicio para que los jugadores entrenen con tranquilidad y se alejen de la presión que significa intentar ascender un equipo con la historia de América. El Chiqui le abrió las puertas de su casa a este medio y habló sobre la preparación que el equipo está haciendo para afrontar los cuadrangulares de enero en la capital.

¿Cómo avanza la pretemporada?

Estamos en un período precompetitivo, ajustando con los nuevos jugadores que han llegado al equipo. Estamos optimistas. Empezamos tres semanas antes de la Navidad y ha sido muy oportuno y positivo, porque así ellos han conocido cómo es la oxigenación, y junto a ellos estamos nosotros trabajando aspectos tácticos importantes.

¿Cómo ha sido el acondicionamiento de los jugadores en Chía?

Han tomado de buena manera este proceso de preparación. Saben que en enero afrontamos los cuadrangulares en Bogotá y para ello debemos acondicionarnos a la altura, y lo han interpretado bien. Por esa razón iniciamos una fase que comprende tres ciclos: uno que fue desde el 8 hasta el 22 de diciembre; el segundo se inició el 26, regresan nuevamente a sus casas el 30, y el 2 de enero comienza la última fase, para terminar de cuadrar lo que serán los enfrentamientos que jugaremos el primer mes de 2015.

¿Cómo han tomado la preparación?

Todos los jugadores han sido muy receptivos. Incluso los chicos que han sido invitados al equipo están tomando de la mejor manera la información que queremos darles para formar una escuadra competitiva con la que afrontar un grupo difícil como Unión Magdalena, Deportivo Pereira y Cortuluá. Aunque a dos de ellos los enfrentamos en los recientes cuadrangulares del segundo semestre, tenemos mucha ilusión para lograr regresar a primera división.
Y los cuadrangulares...

Así como tenemos la ilusión, seguramente los entrenadores y dirigentes de estos equipos están igual. Pero tenemos claro que es una oportunidad única para lograr que América vuelva a la división en la que tiene que estar.

¿Qué refuerzos han llegado?

Llegaron David Monsalve, arquero colombo-canadiense con buena condición, que viene de jugar en Finlandia y al que he visto muy bien; Éder Castañeda, un defensa central que pasó por las divisiones inferiores del equipo y tuvo un gran desempeño con el Pereira; Dairin González, que viene de jugar en Fortaleza; Julio Murillo, defensor que jugó en Unión Magdalena; Diego Bastos y Cristian Subero. Estamos esperando un par de delanteros más.

¿Cuáles fortalezas destaca del equipo?

He sentido que han asimilado bien la propuesta con la que he trabajado. Les queremos involucrar conceptos que serán útiles y que le vienen bien al grupo de acuerdo con sus condiciones técnicas. Esperamos que ese trabajo se manifieste en la competencia. Sin embargo, por lo que han mostrado en estas últimas semanas, estoy optimista en que eso va a ser así.

¿Cómo trabajan la parte mental?

Han venido compitiendo en el torneo de la B y tienen claro qué significa alcanzar ese objetivo que se han propuesto los directivos, junto con toda la gente que sigue a América. Son conscientes de eso y el cuerpo técnico así lo siente; son muchachos jóvenes pero muy receptivos y con una ilusión muy grande de pasar a la historia. Si logran ascender va a ser un punto muy importante para ellos.

¿Está feliz de estar en América?

Mucho. Alguna vez tuve la oportunidad de salir campeón con esta institución, y esos son recuerdos inolvidables. Ahora estoy afrontando un reto que nunca en la vida tuve la oportunidad de enfrentar. Es un reto que el universo me da para alcanzar otro logro, y lo estoy haciendo con toda la ilusión, junto con mi hijo Juan Carlos y con todas las personas que me acompañan en el cuerpo técnico.

Nunca antes había estado en la B. ¿Es difícil dirigir en esta categoría?

Para mí es una novedad. No es fácil: es un torneo fuerte y competitivo.