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hace 2 horas

Falcao, un escogido

Cómo la mentalidad ganadora puede llevar a un futbolista a marcar una diferencia sobrenatural. Con valentía y disciplina, Radamel hoy por hoy es el referente del fútbol nacional.

El delantero colombiano Radamel Falcao García, goleador de la selección en estas eliminatorias.

El niño de Carmenza y Radamel jugaba bien al fútbol por la herencia sanguínea de su padre, pero su interés se centró en la prueba atlética de un torneo interjardines en Santa Marta, ciudad donde nació un 10 de febrero de 1986. Siempre dispuesto, el pequeño repetía una y otra vez los movimientos que le enseñaba su madre: “Hijo, debes poner un pie detrás del otro, inclinarte un poco para impulsarte y apenas te den la orden de partir debes hacerlo lo más rápido posible”. Cuando llegó el momento de la prueba Falcao tardó en salir por mirarse los pies: había confundido las órdenes de su mamá y cuando levantó la cabeza ya todos habían salido. Debió remontar a lo largo de la prueba y logró llegar en la segunda casilla. “¿Mami, gané?, le preguntó con inocencia tras la prueba. “Sí, mi amor, todos los que compiten son ganadores”. Su felicidad la interrumpió una frase inoportuna, pero contundente, de Arvey Carabalí, quien a la edad de 12 años, vivía con la familia García Zárate: “No, tú no ganaste, sólo gana quien llega primero”. Y sí, desde ese día Radamel Falcao García lo entendió y asumió, por eso desde entonces se conforma si es el mejor.

Por el calor de Santa Marta, los niños jugaban cuando el sol se ocultaba, de seis a nueve de la noche. ‘Maradonita’, como le decían los amigos del barrio porque siempre llevaba el uniforme de la selección de Argentina o del Unión, salía de su casa con las medias de futbolista de su papá y guayos. Golpeaba las puertas de sus vecinos para invitarlos a jugar. Era el más pequeño, pero quien ejercía el liderazgo: Administraba el balón y decidía cuándo comenzaba y terminaba el partido.

La competencia y la generosidad han engrandecido desde siempre a Falcao. Dentro de la cancha es un luchador, entra con fuerza, decisión y agresividad con tal de marcar goles. Sin embargo, fuera de ella es un tipo sencillo, humilde y con una generosidad anormal. Su valor como futbolista fue de 63 millones de euros, los que pagó el Mónaco, pero como persona es invaluable. Además de ser familiar- porque siempre se preocupa por su esposa Loreli, su hija Dominique, sus hermanas Michelle y Melanie, su madre y su padre- Falcao ha sido un hombre espiritual y devoto.

Cuando Carmenza estaba embarazada de Falcao, Mabel y Rosalba, unas samarias serviciales, llegaron a ayudarle a su casa. Ellas le hablaron de Dios y la animaron a leer la Biblia. Por eso desde que Falcao adquirió conciencia, el cristianismo se convirtió en un estilo de vida más que en una religión.

Aferrado a esa fe, nunca temió. Su personalidad no parecía tener fisuras, y su valentía y autoestima no coincidían con su corta edad. En Venezuela, sus padres lo metieron a clases de taekwondo y aprendió a defenderse en el poco tiempo en que estuvo practicando. “Una vez me llamó una profesora del colegio a darme quejas porque mi hijo cogía a sus compañeritos de sparrings, entonces tomamos la decisión de sacarlo de las clases de taekwondo”, cuenta su madre.

La búsqueda de la perfección trae consigo frustraciones. Pero, con disciplina y persistencia, Falcao aprendió a minimizarlas. Fracasó en el camino hacia Sudáfrica, pero siguió destacándose en los clubes en los que actuó: River Plate, Porto, Atlético de Madrid y Mónaco. Gracias a eso, hoy es el gran referente de esta selección. Con dos eliminatorias disputadas, Falcao es el tercer goleador histórico de la selección nacional, detrás de Arnoldo Iguarán y Faustino Asprilla.

En el camino hacia Brasil 2014, cuando El Bolillo no lo rodeaba y Leonel Álvarez no lo prefería, no renunció a la valentía. Razones no le faltaron: en la Copa América de Argentina botó un penalti decisivo frente a Perú y tras la eliminación de Colombia las críticas se concentraron en Radamel. Empezó como suplente en la eliminatoria y aunque anotó durante los 10 minutos que actuó el La Paz, al siguiente partido frente a Venezuela se lesionó y debió abandonar la concentración. Pero la recompensa por su fe la representó José Pékerman, que tras su llegada a la selección en enero de 2012, rodeó a El Tigre como ningún otro de sus antecesores, por eso terminó imprescindible y goleador con nueve tantos.

Quiso ser superhéroe desde pequeño, por eso se disfrazaba de Batman y el Hombre Araña. Sólo que ahora no necesita disfraz porque es reconocido como el héroe de la clasificación. Luego de 16 años de fracasos Colombia en el certamen más importante del deporte: El Mundial de fútbol. “Ver lo que pasa con la vida de Falcao no me hace pensar otra cosa: Él es un escogido por Dios, su gloria se ha hecho presente en la vida de mi hijo”, finaliza su madre.