Felipe Pardo: el delantero sufrido del DIM

Es el goleador del Medellín en esta liga. En 2012 ha anotado la misma cantidad de goles que llevaba en su carrera.

Pardo debutó en el Deportivo Cali; desde 2009 juega en el Medellín.  / Luis Benavides
Pardo debutó en el Deportivo Cali; desde 2009 juega en el Medellín. / Luis Benavides

El Pipita Higuaín los comparó a la salsa de tomate: “Los goles son como el kétchup: a veces no salen, por mucho que lo intentes, y luego vienen todos de golpe”. Felipe Pardo, el delantero del Medellín, al menos ya agitó su frasco en este torneo, en el que lleva cuatro goles que borran un poco los días de presión y los estigmas del anotador sufrido, cuando marcaba cada 10 partidos.

“Yo desbordaba muy bien por derecha, llegaba a posición de gol y nada. Me desesperaba y así menos iba a anotar. Pero en este torneo volví a creer en mí mismo como jugador y ahora pongo el termómetro cada vez más alto”, explica Felipe Pardo, ya sin rubor, al hablar sobre el gol.

Las claves han sido sencillas: los consejos de Nelson Gallego, entrenador de delanteros del DIM y responsable en otros tiempos de la bonanza de Víctor Hugo Aristizábal. Y la confianza del técnico Hernán Darío Gómez, que además decidió cambiarlo a la banda izquierda y ordenarle enganches hacia adentro. “El profesor Nelson me ha ayudado muchísimo, me ha llenado de confianza. También los compañeros me apoyan; en los entrenamientos me hablan y le sacan chistes a la situación para tranquilizarme, porque si no lo hacía no iban a llegar los goles”, dice el delantero de 22 años.

En rigor, su vida siempre ha enfrentado la suerte adversa, pero nunca se derrumbó. De niño, cuando anotaba de a tres por partido con la escuela Tiburones de Barranquilla, en los torneos de Asefal, River Plate de Argentina se interesó en Falcao García y en él, pero su mamá, Cielo Castro, falleció y su papá, Édgar, no quiso que se fuera de su lado. Luego su fútbol sedujo a un cazatalentos del Deportivo Cali (Agustín Garizábalo) y lo ficharon. Pero días antes de viajar a esa ciudad se lesionó cobrando un tiro de esquina.

Ya habían comprado los derechos de Pardo así que lo llevaron, junto con su molestia muscular, a la casa hogar del equipo. El señor Marino, administrador del lugar, bromeó un día al percatarse de su inactividad: “Oiga, ¿y este muchacho quién es? ¿Ronaldinho o qué? Ya lleva tres meses comiendo y durmiendo aquí y nadie lo ha visto jugar todavía”. Después se recuperó y marcó 12 goles en seis partidos en las divisiones menores. Tenía el rótulo de goleador. Tenía.

La falta de puntería le vino a cerrar el paso como profesional. En Cali, Atlético Huila y sobre todo en Medellín. Allí, antes de 2012, sólo había marcado seis goles en tres años. “Mi familia fue mi apoyo y la que siempre sufrió con la falta de gol y las situaciones complicadas, como el semestre pasado. Estuve a punto de tirar la toalla, de irme del equipo, porque quería un aire nuevo y se habían generado roces con la hinchada. Pero todo se ha calmado y estoy feliz de haberme quedado”, dice Pardo, que este año anotó la misma cantidad de goles que llevaba en su carrera. Quiere volver a ser ese niño que anotaba en Barranquilla.