Fuera de la cancha se sufre: Giovanni Hernández

El técnico de Uniautónoma recuerda anécdotas de su vida como jugador.

Cristian Garavito - El EspectadorGiovanni Hernández, técnico de Uniautónoma.

 A pesar de que desde hace un tiempo ha estado haciendo el curso de técnico de la AFTA (Asociación de Técnicos de Fútbol Argentino), ni él mismo esperaba que tan rápidamente le llegara la oportunidad para dirigir a un equipo profesional. Aunque Giovanni Hernández como jugador fue líder dentro y fuera del campo, estar parado en la raya como entrenador de Uniautónoma ha sido una experiencia enriquecedora para él. Los resultados en un comienzo no se dieron, pero poco a poco los jugadores le han entendido sus conceptos y en el más reciente partido consiguieron un importante triunfo ante un grande como Millonarios. En diálogo con El Espectador, El Príncipe recuerda algunas anécdotas de su vida como futbolista y explica cómo se siente ahora como DT.

¿Haberlo promocionado como “El niño del millón de dólares” le generó presión?

En realidad fue muy difícil para mí esa frase desde tan niño. Era complicadísimo, porque apenas tenia 16 años cuando empecé y un año después llegué al Once Caldas con la presión de que todos me señalaran con esa frase. Supe manejar eso y cuando comencé a jugar eran más las ganas de surgir y demostrar mi fútbol. Recuerdo cuando El Banano Murillo me vio en la pretemporada con Once Caldas y lo primero que expresó fue que si yo valía un millón de dólares, pues él valía cinco. Cuando empezamos a hacer trabajo de balón en parejas me tocó con él y en una jugada me lo saqué y lo dejé en el piso. Se levantó y dijo, delante de todos los compañeros: “este no vale uno, vale diez millones”.

“El Tren Valencia” comenta que le daba rabia porque nunca entendía sus pases porque miraba para un lugar y el balón iba a otro...

(Risas) Es verdad, con Adolfo la primera vez que lo hice fue en un partido con el Medellín. Me regañó y en el camerino casi me pega. Estábamos cerca del área e hice esa jugada. Adolfo no la esperaba, se le fue de largo y vino a decirme de todo. Después en el segundo tiempo hice la misma, pero esta vez la entendió e hizo el gol, se les acercó a los compañeros a decirles que había que estar pendientes conmigo a ver dónde la tiraba.

¿Qué pasó en aquella mañana que usted fue anunciado como jugador del Deportivo Cali y terminó dos horas después en el América?

Yo era hincha y soy hincha del América y por ende deseaba estar en ese club, pero las dos partes siempre quisieron tenerme, así que hubo mucha confusión. Después de jugar en los dos equipos, quedé muy agradecido con ambas hinchadas e instituciones.

¿Le dolía cuando le decían “careangustia”?

Lo que pasa es que cuando yo me río parece que estuviera llorando, esa es mi cara y no hay otra. Hubo momentos en que varios periodistas, sobre todo de la capital, me molestaban con eso y hubo un momento en que no aguanté. Muchas veces que me decían así, yo ya sabía y les decía que hablaran por ellos mismos y no escucharan a los que decían esas cosas. Pero los años le dan a uno el momento de ir madurando y con el tiempo se sabe que en el fútbol hay tanto para destruir como construir, entonces ya uno sabe manejarlo con mucha tranquilidad. Ahora, por ejemplo, estoy en otra faceta cuando no se dan los resultados, pues como técnico se reciben gran cantidad de comentarios, pero esto es de paciencia y espera además de la gente que está alrededor apoyándote con el grupo.

¿Por qué su fútbol nunca trascendió con la selección?

Sencillo, nunca fui del agrado de los periodistas que tenían la cuerda en ese momento y por eso mi fútbol siempre se hizo ver como feo y poco importante. Aunque estuve en el título de Copa América, debo reconocer que hice parte de una generación que no tuvo buenos resultados.

¿Cómo se siente ahora como DT?

Es un cambio difícil y complicado. Yo a veces estoy en la raya y observo cosas que las puede hacer uno dentro de un terreno de juego, así que uno quiere meterse a la cancha y ayudar desde su experiencia, pero lo único que puedo hacer es gesticular o enviar un mensaje en un momento dado para dar la mejor indicación. Fuera de la cancha se sufre, pero me he sentido muy feliz y contento, el grupo ha asimilado el cambio y ha habido una aceptación.