Germán Mera, el héroe del río Cauca

El defensor de 25 años, fue pilar fundamental para que el Deportivo Cali alcanzara la novena estrella, luego de casi 10 años sin títulos.

Germán Mera, uno de los mejores defensores de la Liga Águila. Nelson Ríos

Era común que Germán Mera acompañara a su abuelo al río Cauca a sacar arena. Era una de las maneras en que la familia conseguía recursos económicos para sobrevivir. Luego de las extensas jornadas de trabajo, Germán se dirigía a las canchas de Puerto Mallarino o Andrés Sanín, barrios ubicados en la comuna siete de Cali. A él no le importaba el cansancio o las ampollas en sus pies, sólo quería marcar goles y celebrarlos. Su sueño era ser delantero y sabía que tenía que hacer sacrificios si quería llegar a ser profesional.

Sin embargo, el camino era todavía largo. Además, él era el hombre de la casa y debía acompañar a María Cecilia, su madre, a vender chontaduros, mangos y otras frutas, con un platón en su cabeza. Había perdido a su padre cuando tenía dos años y su deber era velar por ella y cuatro hermanos más.

Las largas caminatas buscando clientes por las calles de la capital vallecaucana, hicieron que su piel se fuera curtiendo. Con el paso del tiempo, su estado físico también se fortaleció. La vida le había enseñado que no todo era fácil, pero que por ello no debía rendirse. Sabía que si seguía luchando tendría su oportunidad.

Y ésta llegó de la manera más inesperada. Mientras disputaba un partido en la cancha del Andrés Sanín, llegó un veedor del Deportivo Cali. Se trataba de Prudencio Viveros, quien preguntó por Mera y dijo: “ese muchacho tiene un buen prospecto para jugar al fútbol. Si lo llevo al Cali no será como atacante, sino como defensa”.

A los 18 años, Germán Mera cumplió su sueño. Debutó con el equipo profesional del Cali en al temporada 2008. Sin embargo, él no quedó del todo satisfecho. “Cuando llegué al Cali me aceleraron un poco el proceso y no tuve el tiempo, ni el espacio para ir mejorando en mi nueva posición”, recuerda el jugador.

Por eso, no logró adaptarse al equipo verdiblanco y se fue rápidamente. Durante algunas temporadas estuvo en la B. Vistió los colores del Córdoba F.C., Atlético La Sabana y el Pasto, equipo con el que logró el ascenso a la primera división.

Luego de esa buena campaña con el conjunto nariñense volvió al Cali. Ya estaba más maduro y dispuesto a dejarlo todo con el equipo de sus amores, sin embargo, llegó una oferta de Estados Unidos. Se trataba del Colorado Rapids. La aventura con los “gringos”, como el mismo lo dice, duró muy poco, pues el idioma fue una barrera. Volvió a Colombia y jugó con el Bucaramanga. Allí, demostró que su calidad para defender estaba intacta y por eso volvió a ser llamado por el Cali.

Germán, sabía que esta vez era para quedarse, para obtener cosas grandes. Era consiente de que podía darle mucho al equipo. La novena estrella lo confirmó y a pesar de que hizo su trabajo en silencio, fue pilar fundamental para alcanzar el título. Cuando llegó la hora de celebrar fue uno de los más felices, tenía una sonrisa en su rostro. Era la coronación de un campeón hecho a pulso, forjado a orillas del río cauca y en las canchas de la comuna siete de Cali.