Gustavo Costas: ganar no es lo más importante, lo es todo

El entrenador campeón con Independiente Santa Fe ya había conseguido campeonatos en Perú, Paraguay y Ecuador. Pasó de ser celador a futbolista y luego a un técnico ganador.

Gustavo Costas junto a sus hijos, Federico y Gonzalo. / Luis Ángel

El amor por el fútbol nació con Gustavo Costas, quien creció en una familia fanática a Racing Club de Avellaneda. Vivía a unas pocas cuadras del estadio, así que no fallaba a ningún partido. El ambiente que se vivía en el Cilindro por esos años, en los que el club estaba en el mejor momento de su historia, pues venía de ganar la Copa Intercontinental, era tan contagioso que apenas con tres años Costas se convirtió en la mascota del equipo. Salía junto a sus ídolos, se volvió amigo de ellos y unos años más tarde, cuando siguió con éxito su carrera como futbolista, terminaron siendo técnicos de él.

A los pocos meses de debutar con el equipo de sus amores, Gustavo seguía trabajando como celador en una empresa de telefonía en Buenos Aires. Debía encargarse de su familia porque su madre no trabajaba y su padre había sido operado del corazón. Por las mañanas entrenaba y justo cuando su técnico daba el pitazo que anunciaba que la sesión había terminado, salía rápidamente a las duchas, se alistaba y corría a cumplir con su jornada laboral. Tras varios días siguiendo esa rutina, Carlos Cavagnaro, quien era el técnico del equipo le gritó: “¿Costas, cuál es el afán suyo para salir?”. Con respeto Gustavo se acercó a su DT y le respondió: “Debo ir a trabajar. Acá en el club aún no me pagan, así que para ayudar en mi casa me toca buscar plata”. Con asombro, Cavagnaro le mandó que renunciara a ese puesto y que regresara por la noche a la sede del club para ver qué se hacía. Eso hizo Gustavo, sin saber cuál sería su futuro, renunció y volvió por la noche al club. Cuando lo hizo ahí estaba Cavagnaro, que había hablado con el presidente para que le comenzaran a pagar. “Pasé de ganar 200 pesos a una muy buena plata”, recuerda Costas, quien con ese club se consagraría más adelante.

En 1999, después de retirarse en Gimnasia de Jujuy, Racing atravesaba una de la peores crisis. No había plata ni para una botella de agua, los resultados deportivamente eran negativos y ya cuando estaba a punto de liquidarse los socios por votación eligieron a Humberto Maschio y Gustavo Costas como dupla de entrenadores, gracias a su pasado y vínculo con la institución, ganándoles a otros 15 candidatos. Aunque en un principio no le fue bien y por eso tan sólo duró un año en la institución, pasó a dirigir en el fútbol internacional, llegando al Guaraní de Paraguay.

En 2003, tras ya acumular cuatro años de experiencia, logró su primer título. Fue con Alianza Lima de Perú, en donde demostró un fútbol vertical, ofensivo y les inculcó a sus jugadores una mentalidad ganadora, la misma que Alfio El Coco Basile le había enseñado a él en sus años de jugador. “Ganar no es lo más importante, lo es todo”, les decía a sus dirigidos, que entendieron tan claro eso que un año más tarde volvieron a levantar el título del fútbol inca. En 2005 Costas volvió a salir campeón, pero en Paraguay, al frente del Cerro Porteño.

Siete años tuvieron que pasar para que un título volviera a ganar. Un largo tiempo en el que aprendió a que en las derrotas también se adquiere experiencia y se necesita fortaleza para salir adelante. Fue precisamente en 2012 cuando se consagró en Ecuador, al frente del Barcelona, un club que llevaba varios años sin un título. Llegar a Colombia era una idea que tenía desde tiempo atrás y Santa Fe fue el club que le dio la oportunidad. Desde su arribo a Bogotá el equipo comenzó a ganar, rápidamente le entendieron su mensaje, su frase que ha tallado en la mente de cada jugador al que ha dirigido: “Ganar no es lo más importante, lo es todo”. Así fue como hizo que el equipo tuviera una excelente campaña en sus primeros seis meses al frente del equipo. En Copa Colombia llegó hasta la gran final, teniendo el mejor rendimiento histórico del campeonato, con 41 puntos de 48 posibles, perdiendo la definición contra el Deportes Tolima. En Liga fue el mejor del Todos contra Todos, ganó el cuadrangular enfrentando a rivales tradicionales como Once Caldas y Atlético Nacional, y luego derrotó en la finalísima al Deportivo Independiente Medellín para darle al cuadro cardenal la octava estrella, precisamente un 21 de diciembre, misma fecha en que levantó el sexto trofeo en su historia el club bogotano.

* Costas, hombre de fe

La primera entrevista que dio Costas, cuando fue anunciado como técnico de Santa Fe, se la concedió a este diario. Fue una charla en Buenos Aires unos días antes de viajar a Colombia y el mensaje principal fue claro: “Vamos a ganar el campeonato”. Podría sonar apresurado y hasta confiado, pero es que el verbo ganar ocupa un lugar especial en su vocabulario. Ese optimismo se lo dan, según él, el trabajo y la fe que tiene en Dios. “Todos los días me encomiendo, no para ganar, sino para disfrutar de la vida. Soy muy católico, tengo mucha fe”, asegura el argentino que todos los partidos cumple un ritual especial en el banquillo técnico en el que ora y besa un rosario con la imagen del Señor de los Milagros.

Costas ha sido religioso sobre todo desde que dirigió al Alianza Lima de Perú en 2003, cuando por recomendación de uno de los utileros del equipo, se hablaba con Dios y se vivía un ambiente de mucha espiritualidad en el camerino. Incluso el mismo utilero era quien llevaba cirios de la iglesia Las Nazarenas al vestuario para que el cuerpo técnico y los jugadores tuvieran un tiempo de intimidad con Dios antes de los entrenamientos y los partidos del campeonato.

Como los resultados fueron positivos en la cancha, Costas comenzó poco a poco a interesarse más por estos temas religiosos. Incluso el Narizón fue nombrado socio honorario de la decimoséptima cuadrilla Guardianes del Señor y pasó a ser parte de la Hermandad del Señor de los Milagros.

Cuando se fue de Perú siguió con su tradición, el rosario con la imagen del Señor de los Milagros lo ha llevado en su cuello. No sólo fue una cábala que usó en el país inca, siguió así siempre. Incluso en 2010, cuando volvió a ser nombrado técnico del Alianza Lima hacía que los jugadores de su equipo que quisieran lo acompañaran en las ceremonias religiosas. Cuando dirigió en Arabia Saudita al equipo de Al-Nassr, Costas sufrió porque no podía realizar con tranquilidad sus costumbres religiosas, pues temía que por persignarse en público fuera a ser apedreado por profesar una creencia diferente a la del común.

El próximo año el argentino seguramente seguirá con su misma mentalidad ganadora, cuando el club albirrojo dispute la Superliga frente a Atlético Nacional y juegue la Copa Libertadores de América, un torneo al que soñaba con volver a dirigir y ahora tiene como meta conquistar. Porque ganar no es lo más importante para él. Lo es todo.