Gustavo Costas y Alberto Gamero, el ADN de los técnicos finalistas

Este domingo, desde las 6:00 p.m. (Win), en el estadio El Campín, Independiente Santa Fe y Deportes Tolima jugarán por el título. Los albirrojos van por la novena estrella y los pijaos, por la segunda.

Alberto Gamero y Gustavo Costas, técnicos finalistas.

Gustavo Costas, un ganador  

El amor por el fútbol nació con Gustavo Costas, quien creció en una familia fanática a Racing Club de Avellaneda. Vivía a unas pocas cuadras del estadio, así que no fallaba a ningún partido. El ambiente que se vivía en el Cilindro por esos años, en los que el club estaba en el mejor momento de su historia, pues venía de ganar la Copa Intercontinental, era tan contagioso que apenas con tres años Costas se convirtió en la mascota del equipo. Salía junto a sus ídolos, se volvió amigo de ellos y unos años más tarde, cuando siguió con éxito su carrera como futbolista, terminaron siendo algunos de ellos técnicos de él.

Luego de debutar con Racing, Gustavo seguía trabajando como celador en una empresa de telefonía en Buenos Aires, pues debía encargarse de su familia porque su madre no trabajaba y su padre había sido operado del corazón. Por las mañanas entrenaba y justo cuando su técnico daba el pitazo que anunciaba que la sesión había terminado, salía rápidamente a las duchas, se alistaba y corría a cumplir con su jornada laboral. Tras varios días siguiendo esa rutina, Carlos Cavagnaro, quien era el técnico del equipo, le gritó: “¿Costas, cuál es el afán suyo para salir?”. Con respeto Gustavo se acercó a su DT y en voz baja le respondió: “Debo ir a trabajar. Acá en el club aún no me pagan, así que para ayudar en mi casa me toca buscar plata”. Con asombro, Cavagnaro le ordenó que renunciara a ese puesto y que regresara por la noche a la sede del club para ver qué se hacía. Eso hizo Gustavo. Sin saber cuál sería su futuro, renunció y volvió por la noche al club. Cuando lo hizo ahí estaba Cavagnaro, que había hablado con el presidente para que le comenzaran a pagar. “Pasé de ganar 200 pesos a una muy buena plata”, recuerda Costas, quien terminó siendo, hasta hoy en día, el jugador con más partidos con la camiseta de Racing. El argentino es uno de los grandes ídolos de ese club.

En 2003, tras ya acumular cuatro años de experiencia como DT, logró su primer título. Fue con Alianza Lima de Perú en donde demostró un fútbol vertical, ofensivo y les inculcó a sus jugadores una mentalidad ganadora, la misma que Alfio el Coco Basile le había enseñado a él en sus años de jugador. “Ganar no es lo más importante, lo es todo”, les decía a sus dirigidos, que entendieron tan claro eso que un año más tarde volvieron a levantar el título del fútbol inca. En 2005 Costas volvió a salir campeón, pero en Paraguay, al frente del Cerro Porteño.

Siete años tuvieron que pasar para que pudiera volver a celebrar. Un largo tiempo en el que aprendió a que en las derrotas también se adquiere experiencia y es en esos momentos en los que se gana fortaleza para salir adelante. Fue precisamente en 2012 cuando se consagró en Ecuador, al frente del Barcelona, un club que llevaba varios años sin un título. Llegar a Colombia era una idea que tenía desde tiempo atrás y Santa Fe fue el club que le dio la oportunidad. Desde su arribo a Bogotá el equipo comenzó a ganar, rápidamente le entendieron su mensaje, su frase que ha tallado en la mente de cada jugador al que ha dirigido: “Ganar no es lo más importante, lo es todo”. Así fue como hizo que el equipo tuviera una excelente campaña. En la Copa Colombia llegó hasta la gran final, teniendo el mejor rendimiento histórico del campeonato, con 41 puntos de 48 posibles, perdiendo la definición contra el Deportes Tolima, casualmente su rival de esta noche en la final. En la Liga de ese año fue el mejor del Todos contra Todos, ganó el cuadrangular enfrentando a rivales tradicionales como Once Caldas y Atlético Nacional, y luego derrotó en la finalísima al Deportivo Independiente Medellín para darle al cuadro cardenal la octava estrella.

La mano de Costas

Tras un frustrado paso por el fútbol mexicano, con el Atlas de México, Costas regresó a Santa Fe, pero no al mismo Santa Fe, porque esta vez se encontró con una nómina diferente, en la que la mayoría de los grandes nombres ya no estaban y en la que no había consolidado un estilo de juego, como le ocurrió en su primera etapa con el club, cuando cogió una plantilla que en su mayoría llevaba varios años de trabajo, con el técnico Wilson Gutiérrez.

Esta vez llegó a recuperar jugadores, a motivar a varios futbolistas que ni siquiera venían siendo convocados. En el arco le dio la confianza a Leandro Castellanos, acostumbrado a ser suplente. En la defensa se la jugó por Héctor Urrego y José David Moya, que tampoco venían sumando muchos minutos. En el medio campo recuperó a Yeison Gordillo, Sebastián Salazar, Juan Daniel Roa y Leivin Balanta. Además en el ataque llenó de confianza a dos delanteros discutidos: Ánderson Plata y Humberto Osorio Botello.

Llenó de fortaleza a sus jugadores, les metió en la cabeza que eran buenos y gracias a su motivación, este grupo está muy cerca de lograr un título más para Santa Fe, la novena estrella.

Gamero: “Se juega como se vive”

Muy pocos personajes en el fútbol profesional se pueden dar el lujo de jugar más de 500 partidos y dirigir una cantidad similar.
Y con apenas 52 años de edad Alberto Gamero ya lo hizo. Nació en Santa Marta el 3 de febrero de 1964 y debutó como marcador de punta en el Unión Magdalena en 1982. Jugó también en Millonarios, Envigado, Medellín y Unicosta, durante sus 16 temporadas como profesional, en las que marcó nueve goles.

Era un jugador eficiente en marca y con buena proyección al ataque, aunque mucha menos de la que tienen los laterales en la actualidad, porque en su época “la prioridad era cumplir atrás”.

Aunque conoció muchos técnicos en su carrera y a todos les aprendió, quienes más lo marcaron fueron Jorge Luis Pinto y Luis Augusto García. “A cada uno le aprendí cositas, que después intenté mejorar. Así como de otros tuve enseñanzas de cómo no hacer las cosas. Uno va creando un hábito con los años, una manera de trabajar, un sello personal”, reconoce tras 10 años dirigiendo en la A, pues antes pasó por el Chía F. C. y el Bogotá F. C., de la segunda división.

“Se podría decir que mi estilo es simple, me gusta el orden, la disciplina y la seriedad. Que los jugadores se cuiden, que sean responsables, porque se juega como se vive. Me gusta darles confianza y ganarme su amistad. Trabajarles la parte espiritual y la parte personal, el fútbol es mucho más de lo que pasa en los 90 minutos, es el entrenamiento, el descanso. Ya en lo táctico uno varía de acuerdo con el material humano que hay en el plantel, a las necesidades de los partidos y a veces a los rivales. Es importante ser flexibles, no pegarse a una sola estrategia, porque en muchos juegos hay que ir cambiando constantemente. En eso es importante tener futbolistas con gran inteligencia de juego, que se adapten a diferentes esquemas y que brinden alternativas, esos son los que más valoro en un grupo”.

En los banquillos está a punto de completar 600 partidos desde que llegó al Chicó F. C. a reemplazar a Mario Vanemerak. Con los ajedrezados salió campeón en 2008 y estuvo hasta 2013. Pasó seis meses por Itagüí antes de firmar con el Tolima, a mediados de 2014. Justo en su estreno con los vinotinto ganó la Copa Águila, precisamente al superar a Independiente Santa Fe, su rival de ahora en la final de la Liga Águila. En esa oportunidad, el Tolima de Gamero se impuso 2-0 en Ibagué y cayó 2-1 en Bogotá, por lo que se consagró por gol diferencia, ante el cuadro rojo que dirigía Gustavo Costas.

“En el fútbol no hay misterios. La primera final contra Santa Fe salió como todos esperábamos. Y en El Campín va a ser muy similar, aunque seguramente ellos con un poco más de actitud ofensiva. Nos conocen, los conocemos, el campeón será el que mejor esté el domingo. Yo la única certeza que tengo por ahora es que la serie está empatada, vamos 0-0 y la presión es para ambos, porque los dos tenemos la gran ilusión de salir campeones”, aseguró el viernes luego de la última práctica antes de viajar a Bogotá para el duelo de esta tarde.

Aunque oficialmente ni él ni el club lo han confirmado, es un secreto a voces que Gamero dirigirá al Júnior el próximo semestre, el que seguramente será el mayor reto de su carrera. Antes, sin embargo, quiere colgarle la segunda estrella al escudo del Tolima y dedicársela a su padre que está en el cielo, y a las mujeres de su vida, su madre, su esposa, sus hijas y sus hermanas.