"Yo imito, no ridiculizo a los personajes": Hugo Patiño

hace 7 horas

Héroes de fútbol

Alguna vez le preguntaron a Roberto Bolaños sobre el fútbol, y él, medio tímido, medio irónico, algo de perro apaleado, respondió que siempre le había parecido más interesante marcar un autogol que un gol.

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color:black;mso-fareast-language:ES-TRAD">“Un gol, decía, salvo si uno se llama Pelé, es algo eminentemente vulgar y muy descortés con el arquero contrario, a quien no conoces y que no te ha hecho nada, mientras que un autogol es un gesto de independencia”. Su sentencia lo emparentaba con Borges, quien un día dijo que tener la razón era un gesto de descortesía con el interlocutor. Para uno y para el otro, la cortesía y la decencia eran arte, y como arte, estética, y como estética, inteligencia
.


color:black;mso-fareast-language:ES-TRAD">Los dos criticaban el fútbol, pero más que el fútbol, censuraban a los hombres que jugaban al fútbol con herencias de matones. Los despreciaban desde el anonimato en sus costumbres, y desdeñaban a quienes multiplicaban la matonería, el ganar de cualquier forma, con frases futboleras como “a los enemigos ni agua” (Carlos Salvador Bilardo), “El fútbol no es un asunto de vida o muerte, es mucho más que eso” (Bill Hanskly),  “El culto hispánico religioso ha cedido paso a una nueva fe, en la que los sacerdotes emergen desde una cavidad subterránea y ofician con el pie” (José Luis Sampedro), o  “En el fútbol opino lo mismo que Ivan Lendl respecto al tenis: si quieres tener un amigo, cómprate un perro”.  (Marco van Basten)
.


color:black;mso-fareast-language:ES-TRAD">El fútbol nació como un juego y se volvió guerra, por eso ellos prefirieron hablar y escribir de otros asuntos. Sin embargo, en medio de la guerra hubo héroes que ellos ignoraron, héroes blancos que creyeron en la dignidad y el honor, que fueron capaces de ganar un partido de fútbol a sabiendas de que ese triunfo les iba a costar la vida, como los jugadores del Dínamo de Kiev en la segunda guerra mundial, cuando se enfrentaron a un cuadro de oficiales nazis a sabiendas de que el triunfo los llevaría a los campos de exterminio. El equipo se formó bajó el nombre de  FC Start. Sus jugadores habían sido prisioneros de guerra que amaban el fútbol. Desde ahí, decían, podrían vengarse de las vejaciones de la Gestapo.


color:black;mso-fareast-language:ES-TRAD">El partido fue disputado el 9 de agosto de 1943 en el estadio Zenit. Los rusos ganaban 5-3 cuando el árbitro, un miembro de las Waffen SS,  determinó que había concluido. Nadie tuvo tiempo de huir. Los futbolistas del Start fueron detenidos. Tres meses más tarde,  el 16 de noviembre de 1943, el periódico Izvestia reportó la ejecución de los jugadores del Kiev, aunque el juego no fue mencionado. La historia se supo en 1958 por un artículo de Petro Severov en el diario Evening Kiev.  Luego surgieron otras versiones. Libros, películas, novelas, exposiciones, el entramado épico de un simple partido de fútbol en el que había mucho más en juego que un marcador: la vida.


color:black;mso-fareast-language:ES-TRAD">Y hubo héroes que se negaron a jugar para la Alemania nazi de Hitler, como el austríaco Mathías Sindelar, quien terminó suicidándose en su casa de Viena. Héroes que no se vendieron ante las multimillonarias propuestas soterradas de los dueños de la mafia y del mundo, como Diego Maradona cuando ganó con el Nápoli un partido que no debía ganar contra el Milán de Silvio Berlusconi,  y pagó la osadía con suspensiones por doping luego de sospechosos análisis tomados y comprobados en  falsos laboratorios químicos.


mso-fareast-language:ES-TRAD">Héroes que con un simple gesto le gritaron al mundo que el fútbol era un juego de hombres, como Ricardo Zamora, El Divino, quien solía felicitar a los delanteros rivales cuando le convertían un gol de perfecta factura.  


mso-fareast-language:ES-TRAD">Héroes ignorados, como quien le dijo a un árbitro que el penalti que había sancionado no era justo y lo expulsaron por honesto, y héroes derrotados, anónimos, abnegados, como usted o yo que vamos todos los domingos a una tribuna para ver un milagro que nunca sucede.

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