Jhonny Ramírez: si quedamos campeones, me corto la trenza

Comienzan los cuadrangulares en el grupo A.

Jhonny  Ramírez.   / Andrés Torres
Jhonny Ramírez. / Andrés Torres

La primera impresión que genera Jhonny Ramírez es la de una persona seca, antipática y malhumorada. Pero esa agresividad y rudeza que muestra en la mitad del campo al quitar balones no son atributos comunes en su vida diaria. El paisa nacido en Medellín hace 29 años es dicharachero, amable, familiar y dispuesto. En los entrenamientos de Millonarios no se indispone al posar para una cámara aficionada ni para firmar un papel de un hincha con su firma. Atiende uno por uno a los periodistas sin importar que el siguiente pregunte lo mismo y cuando se exceden en tiempo —como en la entrevista con este diario—, interrumpe sólo para prometer que él mismo llamará en la tarde para continuar la charla. Le sobran palabras: una entrevista con él es cercana a la conversación fluida.

“Empecé en Envigado, llamábamos manga a una cancha pequeña cerca a mi casa en San José y jugábamos ahí. Un día un señor me vio y me dijo que si quería ser parte del equipo del barrio y acepté. Allí empecé a trabajar en materia técnica y en la fundamentación”, contesta al preguntársele sobre sus inicios en el fútbol, y continúa: “Con San Rafael disputé el torneo Pony Fútbol: Jugaba de central o de 10. No clasificamos a la fase final, pero uno de los partidos lo vio Robirio Gómez, un entrenador de las divisiones menores de Envigado, y luego me invitó a ser parte de esa escuadra. Arranqué ahí en el 95 y permanecí hasta 2006”. Un día, antes de debutar en 2001 como profesional en el equipo de Hugo Castaño, llegó tarde a un entrenamiento y el infortunio le costó posponer un año más su estreno en el fútbol profesional.

Siempre encontró piedras en su camino. “En 2006 Envigado descendió y aunque Jesús Kiko Barrios me pidió que me quedara, decidí irme para el Cartagena para seguir jugando en la A, pero allá me echaron: el técnico Wálter Aristizábal siempre pensó que estaba en contra suya. Quise volver a Envigado, pero ya Kiko no me tuvo en cuenta. Por eso cogí mi pase y me fui a prueba a Chicó. Yo no soy rencoroso; así es la vida”, explica con la frescura de los días tranquilos. El hombre de la trencita desenfundó su historia futbolística sin pestañeo. Así habló hasta de capítulos de su infancia, cuando se orinaba en la cama y olvidaba los mandados de la mamá. Y, por supuesto, del partido de hoy contra Júnior en el Metropolitano de Barranquilla en el inicio de los cuadrangulares semifinales, partido en el que no estarán con Millonarios Máyer Candelo y Román Torres por lesión.

¿Gerardo Bedoya fue su estilista cuando estaban en el Chicó?

(Risas) No, no, simplemente él veía que yo jugaba bien al fútbol pero pasaba desapercibido, así que un día me dijo que me hiciera algo diferente para llamar la atención. Me hice esta trenza y creo que ha funcionado.

A propósito de Bedoya, ¿ya se solucionó lo que pasó en el último clásico?

Sí, nunca tuve rencor con él, estuve tranquilo siempre, eso quedó en la cancha, él es un jugador muy fuerte y yo igual soy de esas características y nos seguimos hablando. En estos días vamos a jugar un partido benéfico juntos.

¿Alguna vez le han jalado su trenza?

Una vez, coincidencialmente en un partido en Barranquilla frente al Júnior. Yo provoqué y esa fue la consecuencia.

Si se tuviera que cortar la trenza para que Millonarios quede campeón, ¿lo haría?

Sí, sí quedamos campeones, me corto la trenza. Eso ya lo aposté con alguien al que le dije que ganaríamos la liga.

¿Y si logran la Sudamericana se comprometería con El Espectador a hacerlo?

Sí, hágale, que sea un trato.

¿Qué le saca la piedra?

Creo que el irrespeto a la gente. Me emberraca que se crean más que los demás y ofendan, con eso no puedo.

Pero eso pasa mucho en el mundo del fútbol, ¿o no?

Sí, hay muchos egos y agrandados, pero a mí lo que más me afecta es el irrespeto y eso sí no es muy común.

¿Cómo sería su volante de marca ideal?

Con el manejo de Xavi Hernández, la fuerza y garra de Gatusso y la visión y pegada de Gerard.

¿Alguna vez se orinó en la cama?

Claro, como hasta los siete años me pasaba. ¡Todavía! (risas).

¿Era el que le hacía los mandados a su mamá?

Sí, creo que a todos nos tocó. Muchas veces no volvía con la plata o me equivocaba con el mandado, pero sí los hacía.

Un chiste…

Doctor, doctor, tengo un problema: mi hermano es gay. “¿Y eso qué tiene de malo?”. Que somos siameses y yo soy el de la cola.

Un piropo…

¡Uy! Se cayeron los ángeles del cielo.

¿Cómo es su vida en Bogotá?

Tranquila, soy muy familiar, veo televisión, voy a comer y a cine.

¿Diferente a la vida que llevaba en Envigado o en Tunja?

En Tunja y Envigado uno pasaba desapercibido, acá en Bogotá la gente me ha recibido bien. En un principio no me querían mucho por mi rendimiento, pero poco a poco me voy ganando el cariño. Acá me piden autógrafos y fotos.

¿Cómo está conformada su familia?

Soy casado hace cuatro años, tengo un hijo que se llama Matías, de tres meses y medio. Cuando él nació, mi esposa se fue a Medellín a cuidarlo con ayuda. Ahora volvieron y vivimos felices.

¿Tiene que ver su compañero Matías Urbano con la elección del nombre?

No, simplemente es porque con mi esposa miramos los significados y Matías significa regalo de Dios.

¿Cómo ve su proceso en Millonarios?

El semestre pasado, a pesar de no andar muy bien jugué siempre, pasaron muchas cosas que me afectaron el rendimiento, me sentía incómodo en lo personal. Por eso este semestre he puesto de mi parte y he demostrado que puedo estar en Millonarios.

¿Qué tan importante ha sido la confianza del nuevo cuerpo técnico?

Yo creo que la importancia es que Darío Chusco Sierra (asistente técnico) para mí es como un padre, él fue el que hizo la fuerza para que yo me quedara en Chicó. Hernán también me había pedido para el Tolima y ahora justo estoy con los dos. Richard Páez me respaldó, pero no supe interpretar lo que él quería.

¿Cómo ve a los tres rivales para los cuadrangulares?

Es un cuadrangular muy apretado, en el que todos han tenido un nivel importante en el año. Creo que va a ser muy abierto, el cual va a ganar el que desequilibre fuera de casa.

A propósito, ustedes tienen dos juegos de visitantes en los primeros tres partidos…

Sí, es difícil, pero lo que debemos hacer es garantizar todos los puntos de locales y buscar quitárselos a los otros. El que logre hacerlo será el finalista.

¿Pesa el horario (3:30) del partido de hoy?

Creo que Júnior es un rival complicado, con jugadores importantes adelante, con jerarquía y dominio de balón. Hemos demostrado una buena defensa y ataque. Vamos sin temores, no importa que sea a las 3:30, ya hemos ganado a esa hora.

¿Cómo controlar a Teófilo, Dayro, Vladimir y Giovanni?

Siempre va a ser duro enfrentarlos, son técnicos y saben definir muy bien. No vale equivocarse, porque ellos cobran los errores con goles. Toca no dejarlos pensar.

Con la victoria frente a Gremio, ¿siguen pensando en los dos torneos?

Estamos muy felices por lo logrado en la Sudamericana, pero somos conscientes de que aún no hemos logrado nada y la idea es seguir peleando en los dos torneos. Uno como deportista siempre quiere ganar.

¿Siente que usted le podría aportar a la selección de Colombia?

Sí, desde que mantenga mi buen nivel, podría estar. No quiero que presionen para que me convoquen, sino que el técnico sienta que le puedo ayudar. Debo seguir mejorando cada día más.

A propósito, ¿le gusta el trabajo en marca de Edwin Valencia, Abel Aguilar, Freddy Guarín y Carlos Sánchez en la selección?

Creo que todos son jugadores muy buenos, tienen mucha calidad y la experiencia de cada uno de ellos en sus equipos la demuestran en la selección. Lo han hecho muy bien y son fundamentales en este proceso en el que Colombia está encaminada hacia Brasil.

¿A qué jugador ha tomado como referente a lo largo de su carrera?

Eso es por tiempos. Cuando comencé a jugar era Juan Fernando Leal, por lo que hacía en el Envigado, a él le aprendí mucho. Después admiré a Choronta y a nivel mundial siempre me ha encantado la forma de jugar de Xavi, el del Barcelona.

Comienza una rivalidad

 

Tolima-Pasto ha sido uno de los grandes duelos de 2012 en el fútbol colombiano. En el primer semestre pijaos y pastusos se vieron las caras en el cuadrangular semifinal y tras dos polémicos partidos, sobre todo el primero en Ibagué, los nariñenses avanzaron a la final contra Santa Fe. Hace apenas 15 días volvieron a jugar y Tolima se impuso, pero los otros resultados y el triunfo de Pasto ante Cúcuta le permitieron al equipo de Flabio Torres meterse entre los ocho.

El gran ausente en el juego, 5:30 p.m. en el estadio Manuel Murillo Toro (RCN), será Cristian Marrugo, quien sufrió una lesión muscular.