José Moya, el cardenal de Gigante

El defensor huilense de 24 años se ha consolidado como títular de Independiente Santa Fe, que este miércoles (7:00 p.m., por Win), recibe a Atlético Nacional, en el juego de ida de las semifinales de la Liga Águila.

José David Moya, defensor de Independiente Santa Fe. / Cristian Garavito - El Espectador
José David Moya, defensor de Independiente Santa Fe. / Cristian Garavito - El Espectador

Desde que le dieron la oportunidad de jugar como titular de Independiente Santa Fe, José David Moya no ha desentonado. Con la lesión del uruguayo Horacio Salaberry y la suspensión de Javier López, el DT Gustavo Costas se la jugó por él y hasta ahora el huilense de 24 años se ha ganado un puesto en la defensa. Lo hace sin temores, es fuerte en el juego aéreo y siempre intenta hacer lo más fácil, sin excederse en confianza. Esta noche (7:00 p.m., por Win Sports), ante Atlético Nacional, en el juego de ida de las semifinales de la Liga Águila, disputará su tercer partido consecutivo como inicialista. “Me he preparado para hacer las cosas bien y espero que sigan saliendo de esta manera. Para mí es un orgullo haber llegado a un club grande como este y mucho más poder estar jugando en estas instancias”, le confesó José a El Espectador.

El amor por el fútbol lo heredó de Rodrigo, su papá, quien tuvo una corta carrera como profesional, llegando a disputar algunos partidos con el América de Cali. En los brazos de su mamá, Bertha Rojas, José David iba al estadio, y aunque no entendía mucho lo que ocurría, ese ambiente lo cautivó y cuando fue creciendo, siempre el balón estuvo ahí, cerca de sus pies. Cuando cumplió cinco años entró a la escuela El Pibe, de Gigante, Huila, en donde comenzó el sueño de seguir los pasos de su padre. Fue justamente Rodrigo su gran motivador, quien le inculcó la importancia de hacer las cosas con excelencia y por eso era requisito tener buenos resultados académicos en el colegio para poder ir a entrenar.

Siempre fue de los más altos, así que por eso ocupó el puesto de defensa central o de volante de marca en sus equipos. Su talla también le ayudó a hacer muchos goles de cabeza y en parte por eso llamó la atención de otros técnicos de la Liga del Huila. Uno de ellos lo invitó a hacer parte de su equipo en Garzón y allí participó por primera vez en un campeonato nacional, en el que cumplió con un destacado papel.

Orgullo del Huila

“Uno va madurando con el paso de los años y comienza a ver esto con más seriedad, es así como a los 16 años me doy cuenta de que esta es una carrera profesional de la cual puedo vivir y por eso empiezo a hacer mayores sacrificios”, cuenta. Se trasladó a vivir a Neiva con el fin de terminar sus estudios secundarios y de paso estar más cerca de la meta que se había trazado. Aún sin descuidar sus estudios, siguió todo su proceso de formación en el Atlético Huila, en donde su gran aliado fue el técnico Víctor Segundo Quiñones, quien lo dirigió en la sub-18, la sub-19 y la sub-20.

Por esos días el que le dio la oportunidad de debutar como profesional fue el Matemático Néstor Otero. En ese momento José David se convirtió en la gran promesa del fútbol del Huila, pues era el único jugador del plantel oriundo de ese departamento, por lo que su presencia en el equipo despertó ilusión en la hinchada y por eso siguieron de cerca su evolución. No obstante, cuando Otero dejó el cargo, asumió Álvaro de Jesús Gómez, quien le hizo el puente para ir cedido a jugar en el Rionegro de la primera B. “Llegué a un hotel, no conocía a nadie. La idea era estar en pruebas con cientos de jugadores antioqueños y al final de tres semanas darían la lista de quienes serían aceptados para jugar en el equipo”, recuerda José. Dudó de sí mismo y sufrió. Sin embargo, el profesor Álvaro Hernández vio algo en él y le dio la confianza de quedarse en el club antioqueño.

Pero el problema era que no le pagaban cumplidamente y el salario era muy bajo, así que debía rebuscarse con gente conocida para poder almorzar. Además, deportivamente tampoco sentía que estuviera en crecimiento, pues sólo entrenaba con el equipo, pero no lo llevaban ni al banco de suplentes. “En esos momentos pensé que tal vez el fútbol no sería lo mío y que debería dedicarme a estudiar algo que me sirviera para el futuro. Sin embargo, mi familia no dejó que me rindiera y fui persistente”, destaca.

Así fue como al poco tiempo comenzó a ganarse un espacio en el equipo. A tal punto que cuando ya el club no se llamaba Rionegro sino Leones, le dieron la confianza de ser el capitán del equipo. “En ese tiempo jugamos dos finales de la B, ante Fortaleza y Quindío. Comencé a coger ritmo, a marcar goles de cabeza, y la gente empezó a hablar de mí. Ahí fue cuando dije: ‘las cosas van bien y por buen camino’”, recuerda. Además, por esos días conoció a su esposa Keila Granda, quien ha sido un apoyo incondicional.

El primer semestre de este año jugó en Cortuluá, siendo titular indiscutido en la defensa y una de las figuras de la sorpresiva campaña que llevó al conjunto dirigido por Jaime De la Pava hasta las semifinales, dejando en el camino, en los cuartos de final, a Independiente Santa Fe. “Quizás en esa serie fue que llamé la atención de los directivos de Santa Fe y por eso hoy en día estoy acá”, reconoce el defensor central, que se ha ganado un puesto en el once titular de Gustavo Costas. En los juegos ante Independiente Medellín hizo línea de tres en el fondo junto a Héctor Urrego y William Tesillo y cumplió con un destacado papel.

Su sueño es repetir los pasos de sus grandes ídolos: Mario Alberto Yepes e Iván Ramiro Córdoba, quienes hicieron una larga carrera en el fútbol europeo y además triunfaron con la selección de Colombia: Yepes siendo figura en el Mundial de Brasil 2014 e Iván Ramiro siendo el único capitán que ha levantado un título para la selección (Copa América de 2001). “Mi proyección ideal es consolidarme como titular de Santa Fe, salir campeón y poder ir al fútbol del exterior, ojalá llegar a Europa”.