Juan Camilo Hernández, el niño que manda en el Pereira

A pesar de su corta edad, este atacante de 17 años, es gracias a su talento y temperamento el 10, capitán y referente del cuadro risaraldense, que este lunes iniciará su camino en los cuadrangulares hacia la A.

Juan Camilo Hernández, 10 y capitán del Deportivo Pereira, con 17 años. / Cortesía “El Diario del Otún”.
Juan Camilo Hernández, 10 y capitán del Deportivo Pereira, con 17 años. / Cortesía “El Diario del Otún”.

Podría ser el hijo de algunos de sus compañeros de equipo, quienes llevan en el fútbol los mismos 17 años que él tiene de vida. Mide 1,73 metros, calza 39, es el mejor jugador del Deportivo Pereira y uno de los máximos goleadores del Torneo Águila, con 17 anotaciones. Gracias a su talento ya fue adquirido por el Granada de España y está en los planes de Carlos Piscis Restrepo para integrar la selección colombiana sub-20 que disputará el suramericano de la categoría en enero del próximo año en Ecuador. Este lunes, desde las 7:45 p.m., por Win, su equipo jugará ante Leones el primer partido de los cuadrangulares de ascenso. “Sueño con jugar en el Real Madrid, pero ahora mi presente es el Pereira y mi más grande anhelo es marcar el gol del ascenso”, asegura.

En el barrio Las Mercedes de Pereira nació Juan Camilo. Su papá, Néstor Fabián Hernández, y su mamá, Yanet Suárez, son amantes del fútbol, ambos jugaron a nivel aficionado, así que desde sus primeros días le inculcaron a su hijo el amor por este deporte. De hecho, la relación entre sus papas nació en un torneo de microfútbol, en el que el equipo de Néstor fue campeón y Yanet fue la goleadora en su categoría. “Desde muy bebé le poníamos uniformes de fútbol y guayos. Camisetas del Pereira, Real Madrid, Once Caldas y la selección de Colombia. A los dos años pateaba balones como un viejo, así que dijimos ‘ahí hay talento’”, cuenta el orgulloso padre, quien se emociona al recordar el camino que ha recorrido para que Juan Camilo pueda vivir hoy en día momentos de gloria.

Néstor soñó con ser futbolista, pero nunca encontró el apoyo que él le ha podido dar a su hijo y por esa razón, a pesar de ser un destacado delantero del fútbol aficionado en Risaralda, no cumplió su sueño. Por eso, desde que le vio a Juan Camilo pasión por el fútbol, prometió junto a su esposa hacer todo los posible porque llegara al profesionalismo.

Cada domingo el plan de familia era ir a ver los juegos de Néstor con los tres equipos en los que actuaba. Cuando se acababa el primer tiempo de cada partido, en vez de descansar, cogía un balón y se iba a un arco para que Juan Camilo pateara. “La gente se aterraba porque con cuatro años le pegaba superbien a la pelota”, asegura.

El primer torneo que Juan ganó fue cuando tenía cinco años. Fue un evento que organizó su padre, quien podó un potrero que había en el barrio, puso dos arcos e invitó a niños. Eran equipos de tres jugadores: dos hombres y una mujer. Juan Camilo jugó junto a dos primos y fue quien levantó el trofeo al final.

Por esos mismos días entró a la escuela de fútbol Indubolsas, en la que se formó como jugador. A pesar de su corta edad, siempre jugó en equipos de categorías mayores, así que era común que fuera el más pequeño, pero también el mejor. A los cinco años jugaba con niños de ocho. “Con este pelao tiene que pasar algo”, decía Manuel Ramírez, su entrenador en la escuela Dunga, en donde jugaba otros torneos en los que Indubolsas no participaba. Allí actuó de los 7 a los 12 años, cuando comenzó a integrar la selección de Risaralda.

Yanet se dedicó ciento por ciento a su hijo, se preocupaba por acompañarlo a los entrenamientos y por ayudarle a hacer las tareas del colegio. Mientras que Néstor era el único responsable de la economía del hogar. “Yo nunca quise trabajar en una empresa, ni me quise ir fuera de Pereira. Preferí trabajar en la calle, haciendo lo que tocara para poder tener tiempo por las tardes y dedicarme a Juan Camilo. Mi prioridad era él. No me gustaba que se fuera en bus junto a su mamá, así que yo los acompañaba”, rememora Néstor, quien con la ilusión de darle lo mejor a su hijo, o por lo menos todo lo que necesitara para sentirse bien, vendía pulpa de frutas, hacía jardinería en casas de familia y en parques, vendía huevos, pollo, carne, “lo que me tocara”, dice con emoción. Los fines de semana, mientras su pequeño jugaba partidos de Liga de Risaralda, él era árbitro en juegos aficionados.

A Juan Camilo todos le dicen El Cucho, porque siempre le ha gustado tener la cabeza rapada, además porque en sus inicios, su garra y su estilo de juego eran muy similares a las del futbolista argentino Esteban El Cucho Cambiasso.

El debut

En el estadio Hernán Ramírez Villegas, de Pereira, se disputaba el zonal de la categoría 97 y Juan Camilo Hernández, siendo dos años menor, era uno de los referentes de ese plantel. Hernán Lisi, técnico argentino que por esos días dirigía al Deportivo Pereira, iba a ver esos juegos para descubrir futuros talentos. En los tres partidos que vio, la figura fue Hernández, por eso después del triunfo 2-0 ante Caldas, bajó al camerino y le dijo al profe Cano, quien dirigía a la selección Risaralda, que necesitaba a Juan Camilo al siguiente día entrenando en el Pereira. “Pero profe –le dijo Cano a Lisi–, ese pelao no es del Pereira, él es de una escuelita que se llama Indubolsas”. “No importa, yo hablo con los directivos –respondió Lisi–, necesito que ese chico comience a entrenar mañana con nosotros”.

Así que los directivos del Deportivo Pereira se reunieron con Néstor y la gente de la escuela Indubolsas. Con 15 años, Juan Camilo firmó contrato con el equipo y comenzó a entrenar. “Nosotros pensábamos que a él lo iban a ir llevando. Sin embargo, al muy poco tiempo debutó como titular en el equipo profesional en un juego ante el Quindío”, recuerda Néstor.

Las piernas le temblaban en los himnos, los nervios parecía que no lo iban a dejar tranquilo, pero dentro de ese pequeño cuerpo hay un guerrero y apenas el árbitro dio el pitazo inicial, todos los miedos se fueron y Juan Camilo entendió que lo que debía hacer era divertirse en la cancha, como lo había hecho a lo largo de su corta carrera. Fernando Battiste, uno de los más veteranos del plantel, fue quien le ayudó a encajar en el equipo. Incluso, en los primeros partidos le prestó unos guayos de calidad para que Juan pudiera jugar.

Rápidamente el talento salió a relucir, la clase que había sorprendido a los pereiranos en el fútbol aficionado, ahora Juan Camilo la estaba demostrando en el equipo profesional. Goles, gambetas y buenas actuaciones le sirvieron para ganarse el cariño de la hinchada y de sus propios compañeros, quienes a pesar de verlo como el niño del equipo, lo respetan mucho por su calidad futbolística. De hecho, tras un semestre, le entregaron el 10 y le dieron la cinta de capitán. En esta temporada no le ha quedado grande su papel y con 17 tantos es el máximo artillero del Torneo Águila y es uno de los grandes responsables de que el Deportivo Pereira esté cada vez más cerca de regresar a la primera categoría del fútbol colombiano.

“La generación 2016: 60 de los mejores talentos jóvenes en el mundo del fútbol”, fue una nota publicada por el diario británico The Guardian, en donde incluyeron en la lista a Juan Camilo Hernández, como uno de los futbolistas de proyección e importancia nacidos en el año 1999. Sin necesidad de jugar en primera, ya fue contratado por el Granada de España, que lo adquirió por cerca de dos millones de euros. “Es una gran oportunidad en mi carrera deportiva, aunque acepto que no esperaba llegar tan rápido al fútbol europeo. Fue una negociación que me tomó por sorpresa, pienso que es el resultado del buen trabajo realizado en estos últimos años. Es una motivación más para llevar al club al ascenso y sería muy lindo llegar a España dejando al Pereira en Primera”, destacó Juan Camilo, quien según su padre sigue siendo el mismo niño humilde, a pesar de la fama y la plata. “Él ni habla en la casa de lo del fútbol español, sólo piensa en el Pereira y en jugar bien para ganarse un cupo en la selección de Colombia para el Suramericano Sub-20 que hay en enero”.