Los sueños rotos de un joven futbolista colombiano

Un empresario peruano engañó a Juan Diego López Castaño, le prometió llevarlo a Vasco da Gama, pero todo era mentira.

Juan Diego López Castaño en el estadio de Vasco da Gama, en el que nunca pudo llegar a jugar. / Mauro Graeff Junior
Juan Diego López Castaño en el estadio de Vasco da Gama, en el que nunca pudo llegar a jugar. / Mauro Graeff Junior

César Bustamante le dijo a este manizaleño, de 18 años, que le tenía todo listo para que jugara con Vasco da Gama. Pero cuando llegó a Brasil se dio cuenta de que todo era mentira. Su historia.

Juan Diego López Castaño llegó a Río de Janeiro el 3 de marzo con una mochila llena de ropa, 800 reales (unos 772.000 pesos) y el sueño de convertirse en un jugador de fútbol en el país de la Copa del Mundo 2014. Sin hablar portugués, el joven de 18 años nacido en Manizales descubrió el primer día que había caído en una trampa. Durante un mes en Brasil, estuvo entre São Paulo y Río, llamó a la puerta de clubes, durmió una noche en la terminal de autobuses, pero no logró conseguir una prueba como jugador. Hoy vive de caridad en casa de brasileños que estaban dispuestos a ayudarlo sin conocerlo.

Juan se formó en Coocalpro, una pequeña escuela en su ciudad. A principios de este año estuvo en el Bolton Wanderers, club del norte de Inglaterra. Los británicos querían que él se quedará allí, pero no consiguió la visa para permanecer en Europa.

Fue entonces cuando un supuesto hombre de negocios de fútbol con quien hablaba hacía más de un año le propuso la oportunidad para jugar en Vasco da Gama, en Río. El peruano, llamado César Bustamante, parecía convincente. Mostró videos de niños que ha puesto en juego para otros clubes. Juan transfirió 456 dólares a la cuenta de César y compró boletos para Brasil.

Pero cuando llegó, nadie lo esperaba en el aeropuerto en Río: “Me pasé cuatro horas esperando. Intenté ponerme en contacto por teléfono, envié correos electrónicos y mensajes en Facebook, pero no me contestó”, le contó Juan a El Espectador. El joven recurrió a la ayuda de un amigo que había conocido. Fue al Vasco da Gama, pero nadie sabía nada del supuesto hombre de negocios. Juan fue, entonces, a la casa de unos amigos en Río. Después de varios días de insistencia y búsqueda, Juan pudo hablar con César y éste, tras muchos rodeos, le dijo que fuera a São Paulo para jugar en el Santos, el equipo de Neymar, que todo estaba arreglado. Pero de nuevo fue una mentira.

“Lo más triste no es perder dinero. El problema es llegar a Brasil y no tener la oportunidad de jugar, no tener la opción de hacer una prueba”. El joven fue también al Fluminense, pero tampoco pudo abrir las puertas. Juan ya compró el pasaje para regresar a Colombia. Llegará mañana. Pero lo que él quería, llegar a un club para extender su estadía en Brasil, fracasó. “Me gustó mucho. Yo quería quedarme, quería lograr aquí mi sueño de ser jugador. Pero pase lo que pase, voy a mantener mi esperanza”.

Si todo lo demás falla, por lo menos Juan habrá hecho nuevos amigos. Él está impresionado con la receptividad de las personas que hasta algunos días ni lo conocían. “Estoy durmiendo y comiendo en la casa de gente que no conocía. Nunca me olvidaré de ellos”.

Pese a la búsqueda, César Bustamante no pudo ser contactado para este informe. En el Vasco da Gama dicen que no conocen a este hombre.

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