Lunari: “He llorado más de alegría que de tristeza”

Millonarios buscará esta noche (7:30, por RCN), ante Envigado, ratificar la clasificación a las semifinales de la Liga Águila. Gana 4-0 la serie.

Ricardo Lunari, técnico de Millonarios, en el hotel de concentración del equipo en Bogotá. Cristian Garavito - El Espectador

Su primer partido con la camiseta de Millonarios en el estadio El Campín de Bogotá fue ante el Júnior de Barranquilla el 4 de febrero de 1996. Ese día, el argentino deslumbró con sus primeros toques y anotó uno de los goles de la victoria 3-0 ante el equipo costeño. Desde ahí comenzó su buena relación con la hinchada, que rápidamente lo convertiría en ídolo. Dieciocho años después regresó, pero como director técnico y su debut en el estadio bogotano fue en un clásico ante Santa Fe: perdió el cuadro embajador 4-1 y quizás por no enamorar con sus primeros toques, como lo había hecho años atrás, la hinchada no lo recibió como él había soñado. Hubo críticas, poca paciencia y hasta agresiones verbales; sin embargo, no se rindió. Comenzó un nuevo semestre, en el que los resultados no salieron inicialmente, pero su trabajo ha comenzado a dar frutos. “Los hinchas me decían que querían que los jugadores se entregaran al máximo y hoy nadie puede decir que no es así. Soñamos con la 15, pero vamos despacio”, le aseguró el argentino de 45 años a El Espectador, en una charla previa al juego de esta noche (7:30 p.m., por RCN), que continuó así:

¿Cómo se viven las horas previas a un partido tan definitivo como el de hoy?

Con ansiedad, pero con tranquilidad porque confío en mis jugadores. Claro que eso no le quita a uno que el tiempo se pase muy lento y que haya muchas ganas de que llegue el momento de ir al estadio.

¿Es diferente de lo que se sentía como jugador?

¡Huy, sí! Como futbolista uno lo disfruta todo. Como técnico, uno sabe que es el fusible en donde va a explotar cualquier problema. Así que se siente mayor peso.

¿Quién fue esa persona que le inculcó el amor por el fútbol?

Mi papá era arquero y amante del fútbol. Tuve el privilegio de nacer en una familia futbolera y por eso prácticamente no tuve opción. El primer regalo que recuerdo que me dieron fue una pelota de fútbol. En cada Navidad lloraba si no había empacada una pelota. Aunque también jugué tenis, cuando pequeño me tocó jugármela por el fútbol y nunca me arrepentiré.

¿Qué tanto marcó Marcelo Bielsa su vida?

Fue la persona que más influyó en mi carrera. Lo tuve cinco años como técnico en las divisiones menores de Newell’s. Fue quien me hizo debutar en primera y luego el que me llevó al Atlas de Guadalajara. Además, fue quien me dio la mano y sus conocimientos cuando empecé mi proceso como entrenador. Tuvimos encuentros y desencuentros, pero siempre lo reconoceré como mi referente.

¿Cuál es la enseñanza que más recuerda de él?

El pensar que en la repetición y el trabajo diario está la oportunidad de mejorar los equipos. Él es un tipo incansable. Me enseñó que uno puede sacar buenos o malos resultados, pero si trabaja y persiste, en algún momento llegan los gozosos. Me contagió de ese deseo de jugar siempre ofensivamente, tal vez ese es el gran sello de Bielsa.

¿Qué tan loco es él?

Él no es loco, sino demasiado inteligente. Para el mundo parece loco por su manera de vivir el fútbol, pero el que lo conoce bien sabe que cada detalle lo hace pensando en algún propósito.

¿Qué tanto tiene Ricardo Lunari de Marcelo Bielsa?

No sé. Eso hay que verlo con el tiempo. Estoy muy influenciado por él, por su manera de ver el fútbol, pero no sé si tenga la mitad de su capacidad. Si logro la mitad, podré ser un buen entrenador.

Cuando decidió dar el paso y ser técnico, ¿pensó en emular a alguien en especial?

Siempre tuve claro cuál era el fútbol que me gustaba, pero obvio que tuve grandes entrenadores, no solo Bielsa, a quienes les traté de aprender lo mejor. Por ejemplo, un chileno que se llama Mauricio Prieto o el Nano Prince en Millonarios.

¿Qué diferencias encontró entre este Millonarios y el de 1996?

Creo que ahora los futbolistas no se llegan a identificar como antes con los clubes, porque duran poco tiempo. Antes el jugador que estaba en Millonarios no se iba a un club rival por nada. Ahora la plata ha hecho que todo sea diferente. Lo que se mantiene es que sigue siendo el club más importante del país.

Como jugador hizo una gran sociedad con John Mario Ramírez. ¿No pensó en involucrarlo en el cuerpo técnico?

Es una fantasía de la gente. Pero es algo que por ahora es difícil. Tengo muy buena relación con él todavía y si en su momento puedo traerlo acá, voy a contar con él.

¿En su carrera como DT le ha tocado dirigir a jugadores tipo John Mario, muy talentosos pero indisciplinados?

Por suerte no me ha tocado tener un jugador con problemas disciplinarios como él. Pero el día que me toque sabré cómo manejarlo. Yo estoy seguro de que si John Mario hubiera entendido eso antes, hubiera triunfado en el exterior y no sólo en Colombia.

Cuando usted debutó con Millonarios en El Campín, enamoró a la hinchada con los primeros toques. ¿Cree que como técnico no fue igual y por eso le ha costado ganarse el cariño?

Lo que pasa es que cuando yo debuté como jugador dependía de mí, de mis piernas. Gracias a Dios ese día me salieron las cosas bien. Como técnico no dependo de mí, sino del momento de mis jugadores, de que el equipo esté ensamblado. Por más ilusión y ganas, las cosas no salieron y por eso la gente decayó en su apoyo inicial. Pero ahora han visto que hemos mejorado y esperamos llegar mucho más lejos.

¿En la plantilla actual de Millonarios se ve reflejado en algún jugador?

No lo veo así, pero sí me emociona la entrega de mis jugadores. Por ejemplo, me siento muy feliz al ver correr y meter a Rafael Robayo o las batallas de Fabián Vargas cuando está en inferioridad numérica. Ser el entrenador de este equipo me llena de orgullo. Los hinchas me decían que querían que los jugadores se entregaran al máximo y hoy nadie puede decir que no es así.

¿Qué es lo que más le ha defraudado del fútbol?

La gente que rodea el fútbol. Esto tendría que ser un lugar sano, de competencia y alegría, pero está rodeado de gente que solo está pensando en el dinero y en los negocios. Hay seudoempresarios, seudorrepresentantes que se hacen pasar como amigos y uno cree que se acercan para ayudar, pero realmente están pensando en su propio beneficio. Eso me duele mucho.

¿Cómo es estar lejos de la familia en un momento gozoso como este?

Yo dejé mi familia en Argentina para venirme a Colombia y sentirme atacado es algo que me duele muchísimo. En esos momentos es cuando más los extraño, al igual que ahora que las cosas están saliendo bien. Claro que menos mal está la tecnología y nos podemos ver a diario. Los triunfos y las derrotas siempre los comparto con la misma gente, la que me ha acompañado hasta en los peores momentos.

¿Y quiénes son esa misma gente?

Mi señora, mis dos hijos, mis papás, mis hermanas, mis suegros… también cinco o seis amigos acá en Bogotá y bueno, debo reconocer que el presidente Enrique Camacho siempre me ha brindado su respaldo. Es una extraordinaria persona y trabajar con gente así lo motiva a uno a seguir entregándose al máximo.

Luego de eliminar a Santa Fe, dijo que ese era de los días más felices de su vida. ¿Cuáles son los otros?

Fui muy feliz las veces que fui campeón. Claro que eso es futbolísticamente hablando, porque nada de eso lo comparo con el nacimiento de mis dos hijos y el día que me casé.

¿Se parece en algo el Ricardo Lunari que se para en la raya al Ricardo Lunari padre de familia?

No, cuando estoy con ellos soy mucho más tranquilo. Cuando estoy en la cancha soy un loco.

¿Cómo comenzó la cábala de la camisa de “La Martina”?

Primero estaba usando una camisa azul que me había dado buenos resultados en otros partidos, pero de un momento a otro comenzamos a perder. Llegó el momento que dije: “Voy a cambiar la camisa a ver si me ayuda”, e iniciamos con esta racha que llevamos. Espero que no me la quite hasta que logremos la 15.

¿Qué otras cábalas tiene?

Trato de comer siempre en el mismo lugar, hacer una rutina determinada. Pensar que eso ayuda es de locos, pero como dice el dicho: “no sé si las brujas existen, pero que las hay, las hay”.

¿Cuál es su filosofía de vida?

Disfrutar cada día como si fuera el último. Por eso me gusta siempre estar feliz. Es muy difícil que yo me sienta mal. Este año me sentí por momentos mal, pero en general siempre le busco el lado bueno a todo.

¿En qué cree?

En Dios, mucho. Soy muy católico. También en la virgen de la medalla milagrosa. Siento que nunca me abandonan.

¿Qué lo hace llorar?

La emoción. En eso soy muy parecido a mi papá. Últimamente he llorado más de alegría que de tristeza.

¿Qué lo hace reír?

Todo. La verdad es que es muy fácil verme sonreír. Yo siempre trato de hacer reír a los que están al lado mío.

¿Cómo titularía su autobiografía?

“Un embajador cruzado”. Por el amor que siento por Millonarios y por Católica de Chile, que también es conocida con ese sobrenombre.

¿Siente que si no logra el título lo van a sacar de Millonarios?

La verdad es que en este momento no me preocupa el futuro. Me importa más el partido de esta noche. Mi mente está totalmente puesta en lo que vivo ahora.