La mano derecha de Santa Fe

También hace parte de la selección de Colombia, con la que irá a Brasil 2014. Acepta su error con las camisetas frente a Chicó.

El bogotano William Torres es utilero de Santa Fe desde hace 15 años./ Cortesía Diario ‘Marca Colombia’

Su pasión siempre ha sido el fútbol. Lo jugó desde pequeño a nivel recreacional, pero nunca lo vio como una opción de vida, sino como un hobbie. Su relación con el balompié fue tan común como la de la mayoría de los niños. Pateaba balones en los descansos del colegio y de vez en cuando lo hacía con sus amigos del barrio Villas de Granada, en el occidente de Bogotá. En esas ‘recochas’ todos se veían como figuras, se ponían nombres de jugadores referentes y soñaban ser estrellas del deporte algún día. Luego de unos años, William Torres lo cumplió, aunque de otra manera. Hoy se codea en las concentraciones y los entrenamientos con los mejores futbolistas del país. Es el utilero de la selección de Colombia y de Independiente Santa Fe.

En 1998 comenzó a trabajar con el cuadro cardenal en las divisiones menores. Al poco tiempo pasó a ayudar en el Cóndor, de la Primera B, club que en es entonces era filial de Independiente Santa Fe. Ahí compartió con jugadores como Aldo Leao Ramírez, Luis Enrique Neco Martínez, Francisco Delgado y Francisco Serrano. Para los viajes, por tierra, debía prever todo. Llevar la indumentaria de los jugadores y las herramientas que el cuerpo técnico necesitara.

En el año 2002, cuando el yugoslavo Dragan Miranovic llegó a la dirección técnica de Santa Fe, William pasó a ser el utilero del primer equipo. “Ahí fue más exigente mi trabajo, sin embargo, fue un gran paso. Desde entonces he vivido unos años muy especiales, compartiendo con grupos de una calidad humana excepcional”, cuenta.

Todos los días Willy y su equipo de utileros llegan a las 7:30 a.m. a la sede administrativa de Santa Fe para recoger la indumentaria. Luego salen al lugar en el que se vaya a entrenar. “La idea es estar una hora antes para que cuando llegue el equipo ya todo esté organizado. Tenemos que estar conectados con el cuerpo técnico para saber qué ejercicio debemos preparar”.

Su trabajo lo convierte en una persona muy cercana a los jugadores. A lo largo de sus años con Santa Fe nunca ha tenido problemas con ninguno y siempre ha podido ser amigo de varios de ellos. “Con ellos hay una excelente relación. Cuando uno viaja todo el tiempo comparte con ellos, así que uno es uno más de la familia. Recuerdo a amigos como Nelson Oliveira o Aldo Ramírez. Con la nómina de ahora la verdad que me considero amigo de todos”.

En 2007 la selección Sub-20, dirigida por Eduardo Lara, disputaba un torneo en Paraguay. Los utileros de la Federación habían viajado y mientras tanto en Bogotá quedaba el grupo de la Sub-15 sin gente para ejercer esa tarea. Carlos Ulloa, médico de Santa Fe y la selección, recomendó a William, que hizo bien su tarea y se ganó la confianza del técnico vallecaucano, que cuando regresó a Colombia valoró lo hecho y lo invitó a ser parte de su cuerpo técnico. Con él hizo toda la carrera en selecciones hasta llegar a la mayores. Cuando Lara fue relevado de su cargo, Hernán Darío Bolillo Gómez, con quien ya había compartido en Santa Fe, lo dejó, igual que Leonel, quien no hizo cambios respecto al cuerpo técnico de Bolillo.

Con la llegada de Pékerman temió salir. “Uno oía que él iba a venir con su cuerpo técnico completo, sin embargo, hablamos con él, nos fue conociendo, fuimos al partido amistoso frente a México y nos dejó seguir con la selección”. Sobre José Pékerman cuenta que “es un excelente ser humano, habla con cada uno de nosotros. Nos dio valor y luego de la clasificación a Brasil nos dijo que este era un logro de todos nosotros”.

 La anécdota

Willam explicó lo sucedido en el juego frente al Chicó el domingo, en Tunja y aceptó su error. “Llegué de estar con la selección el jueves. El viernes hablé con Agustín Julio (gerente) y no le pregunté con qué uniforme íbamos a jugar. Confiado en que siempre era el rojo, porque Chicó allá jugaba de blanco, lo empaqué. Al llegar al estadio organicé el camerino. Luego me vi con el utilero del Chicó y me dijo que ellos iban de naranja”, y ahí comenzó el drama de Willy, quien le pidió a su colega que si ellos podrían actuar de blanco. Al parecer no había problema, sin embargo, el presidente del club ajedrezado no aceptó y dijo que por convenios con la Gobernación debía salir de naranja.

La solución fue la que se vio en el juego. Primer tiempo de gris, con números en esparadrapo y segundo con camisetas chiviadas blancas. “Nadie me reclamó nada. El presidente, el cuerpo técnico y los jugadores se unieron como una familia para ayudarme. Entre todos hicimos los números para el primer tiempo. Luego fuimos con el presidente y el conductor al pueblo a conseguir camisetas blancas. En un sitio compramos ocho, en otro seis, en otro cuatro. Llegamos y todos a pintar”, comentó con pena el utilero cardenal.

“Los jugadores no decían nada. Ya al final Anchico recordaba que en el fútbol de barrio era así y que eso había sido una motivación. Ninguno se fue en contra mía. Siempre sentí el apoyo. Eso demuestra más la gran familia que es Independiente Santa Fe”.

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