Para mí sólo sirve ganar: Gustavo Costas

El técnico campeón con Independiente Santa Fe, que toma sus últimos días de descanso en Buenos Aires, comenzará este jueves la pretemporada con el equipo en Tenjo.

Gustavo Costas se puso traje para dirigir frente al Once Caldas, pero como perdió prometió a sus jugadores nunca más quitarse los leggings para pararse en el banquillo técnico. / Cristian Garavito - El Espectador

La ciudad parece enloquecida durante el último mediodía del año, en sintonía con el vértigo que suele proponer Buenos Aires. Sobre la avenida Cabildo, corazón del barrio de Belgrano, el chirrido de las obras del Metrobús —versión porteña del Transmilenio— se mezcla con el fluido tránsito. Por ahí anda Gustavo Adolfo Costas, el técnico de Santa Fe. Junto con sus hijos, Gonzalo, que después de dejar Platense, un club de la tercera división, probará suerte en Colombia, y Federico, jugador de la selección argentina de fútbol playa. Está sentado en una mesa, al aire libre, para la charla exclusiva con El Espectador. Y aunque está lejos de Avellaneda, un hincha de Racing le pide una foto. Y por más que ni un poquito cerca esté de Perú, el mesero es fanático de Alianza Lima, donde este entrenador fue bicampeón. Por eso le solicita un autógrafo. Y dobla por la esquina una camioneta que toca bocina y le grita: “¡Vamos, Cerro Porteño!”.

Es que Costas dejó su huella ganadora en cada equipo que dirigió. Fue campeón con Racing como jugador, en la Supercopa de 1988, y aunque no haya podido coronarse en el fútbol argentino con el club que desata su pasión, es dueño de una marca de la que puede jactarse Mourinho. Como el laureado entrenador portugués, el de Santa Fe ganó cinco títulos en cuatro ligas diferentes: Perú, Paraguay, Ecuador y, ahora, Colombia. La última, nada menos, con el equipo cardenal.
Está feliz Costas, quien se toma un respiro entre tantos trámites, deja por un rato su casa de Benavídez, en la zona norte de Buenos Aires, para hablar del campeón, de la renovación que se impone en el plantel y de la Libertadores, un torneo que será prioridad, más allá de las dificultades que representa una zona que el propio técnico denominó “el grupo de la muerte”.

Primera experiencia en Colombia, llegó a la final de la Copa, ganó la Liga, ¿era más de lo que esperaba cuando asumió el cargo?

Uno quiere ganar un campeonato lo más rápido posible. A veces cuesta porque cada país es diferente, desde el estilo de vida hasta los futbolistas. Uno iba con la idea de lograr uno de los dos objetivos. Por suerte nos encontramos con un buen grupo, de entrada tuvimos feeling con los jugadores y eso fue fundamental, porque la convivencia es más importante que la táctica. Después se empezaron a dar los resultados. Perdimos la Copa en Ibagué y sabíamos que la Liga no se nos podía escapar. Nos tocó el cuadrangular más difícil, pero se nos dio.

¿Cuál es la fórmula para ser campeón en cada país que trabaja? ¿Es el Rey Midas del fútbol?

No, para nada. Acá no hay misterio. Mi receta es el trabajo y construir buenos grupos. Siempre hago hincapié en el grupo. Más allá de mi idea futbolística, trato de inculcarles lo que es ganar, lograr cosas importantes y que tiren todos para el mismo lado. Eso no es fácil porque hay once titulares y el resto tiene que esperar. Yo le digo al jugador que lo más importante no es ganar, es lo único que tienen que tener en la cabeza.

Entre tantos logros, ¿qué lugar ocupa esta campaña de Santa Fe en su carrera?

A mí no me gusta comparar. Disfruté cada uno de los títulos que conseguí, porque no hay nada más lindo que ser campeón, más en esta vida exitista. Para mí sólo sirve ganar, salir segundo no sirve para nada. Capaz que hiciste un trabajo bárbaro, no ganaste el campeonato y de nada sirvió. Lo que sí me llamó mucho la atención, y me gustó, fue la repercusión que tuvo. No sé si tuvo que ver con el hecho de que el campeonato se dio en Colombia, pero me llamaron de todos lados. Me sorprendió.

¿Qué fue lo más loco que le pasó con un hincha de Santa Fe?

Cuando íbamos en el bus y salimos a recorrer las calles de Bogotá para festejar el campeonato, me tiraron una camiseta de Racing. Fue increíble cómo se celebró.

¿Cuál fue el partido clave para ganar el campeonato? ¿La primera final en Medellín ante el DIM o vencer a Nacional en los cuadrangulares?

Pienso que más importante fue derrotar a Nacional. Primero, porque si ellos ganaban, entraban a la final. Nacional venía de perder con River en la Sudamericana y se jugaba la vida contra nosotros. Hubiera sido la posibilidad de pelear por el cuarto título consecutivo. Sabemos que Nacional es muy fuerte y es el fantasma de Santa Fe. Y nosotros teníamos que ganar, encima estaba consiguiendo un gran resultado Huila... Hasta el hincha más fanático de Santa Fe creyó que íbamos a quedar por fuera de la final. Y ese fue el partido fundamental.


¿Y el jugador clave? ¿Fue Ómar Pérez?

A mí no me gusta hablar de individualidades. Ómar, sin dudas, es líder, el dueño del equipo, adentro y afuera de la cancha. Tiene el respeto de sus compañeros como también del rival. Demostró toda su jerarquía con los goles que hizo y con los pases que metió. Pero siempre prefiero hablar del grupo. En los cuadrangulares hubo que cambiar toda la defensa porque De la Cuesta se lesionó, a Meza no lo tuve en la primera final y el equipo anduvo bárbaro con Nacional y frente al DIM. Le tocó entrar a Armando Vargas, que casi no había jugado conmigo, y lo hizo bárbaro. Fue clave en Medellín y jugó muy bien los noventa minutos en El Campín. El sacrificio colectivo fue vital.

¿Pérez ha sido el mejor enganche que ha dirigido en su carrera?

Ómar es uno de esos jugadores que quise tener siempre. Donde me tocara dirigir, era el primer jugador que pedía. Pero Ómar tenía un problema que tenía en la rodilla y los presidentes me decían: “Gustavo, ¿cómo vamos a traer a un jugador lesionado?”. Yo les decía que lo trajeran igual, que le hicieran un contrato por partido, pero no hubo caso. Así y todo, Ómar sigue jugando con casi 34 años. Y cómo juega. A un nivel espectacular. Sólo faltó en la final porque se desgarró. Lo llevamos al banco para que entre y juegue, al menos, dos minutos porque se merecía ser campeón en la cancha y no en la tribuna. Es un tipo bárbaro que maneja muy bien el grupo.

¿Cómo va a reemplazar a Jéfferson Cuero, transferido al Morelia? Va a necesitar un “9”.

Dos “9” necesito. Con uno no hacemos nada. Vamos a ver qué posibilidades económicas tenemos. Santa Fe no es un club que pueda gastar mucho dinero en jugadores. En estas circunstancias, hay que analizar bien y equivocarte lo menos posible. Ya llegó Luis Quiñones, un jugador con características parecidas a las de Cuero.

¿Es un alivio que se quede Camilo?

Claro. Vargas demostró seguridad en todo momento. Es un arquero de selección que todavía no tocó techo. Ojalá que toda esta experiencia que sumó con Pékerman, porque Ospina estaba lesionado, le haya servido.

¿Qué fútbol encontró en Colombia?

El que me imaginaba, el que esperaba. Lástima las canchas. Si hubiera más estadios como El Campín, el fútbol sería más rápido, más atractivo. El jugador colombiano tiene una técnica extraordinaria, a veces te deja jugar demasiado. Por eso nosotros les inculcamos a nuestros futbolistas que presionen más arriba, que corran más y no dejen armar el juego en la mitad de la cancha. De mitad de cancha hacia arriba son dinámicos, veloces, que no encontrás en Argentina ni en Brasil.

¿Es muy pretencioso apuntar a la Copa Libertadores, teniendo en cuenta que Santa Fe no ha ganado un título internacional?

Hay que estar tranquilos y pensar en armar el grupo para el próximo semestre. Obviamente uno apuesta a todo. Ningún equipo juega la Copa por el simple hecho de participar. Jugamos para ganarla. Sabemos que los demás rivales se están armando muy bien. Mineiro quería al Niño Torres, que al final no terminó arreglando, pero compró a Lucas Pratto, uno de los mejores centrodelanteros del fútbol argentino, y está invirtiendo mucho dinero. Atlas no para de llevar jugadores. A Colo Colo llegaron Humberto Suazo y Esteban Paredes... Para mí es el grupo de la muerte. Pero estamos acostumbrados a la pelea. Si el cuadrangular que nos tocó en el campeonato colombiano fue la zona más difícil.

El señor de los ‘leggings’

Dice Costas que el técnico que más le enseñó en el fútbol fue Alfio Basile. Con él subió a Primera cuando Racing vivió el oprobio del descenso, en 1983. Pero también dio la vuelta olímpica vestido de celeste y blanco. Cabulero como el Coco, tiene una medalla milagrosa que besa antes de cada partido. Y como no podía ser de otra manera, el vestuario forma parte de esa azarosa rutina. Los leggings —que en Argentina se conocen como chupines— son furor entre los aficionados de Santa Fe. “Los empecé a usar un día y no me los saqué más. Hasta que nos tocó enfrentar a Once Caldas en El Campín. Si ganábamos, estábamos en la final. Y como no estaba Ómar Pérez, que había sido suspendido por tarjetas amarillas, quise hacer reaccionar al plantel. Me puse un traje y les dije que así me había vestido porque de acá nos íbamos a la final... Pero perdimos. Los jugadores me decían: “Profe, no se ponga más un saco”. Y así fue que volví a ponerme los leggings, ja, ja... Salimos campeones. No me los vuelvo a sacar”, cuenta el entrenador entre risas.

Así es Costas, con la sonrisa dispuesta. Hasta que se encierra en su mundo, el de los videos, el del análisis de los rivales, el de ganar o ganar. Si lo sabrán los hinchas de Santa Fe, que todavía gozan las mieles del campeonato.