“Mi sueño es ganar la estrella 15”: Nicolás Vikonis

El arquero de Millonarios le abrió las puertas de su casa a El Espectador para hablar sobre su vida y el reto de dar la vuelta olímpica al final de este semestre. Este domingo, 7:30 p.m., por Win, inicia el equipo azul su camino en la Liga Águila ante Patriotas de Boyacá, en el estadio El Campín.

El arquero uruguayo Nicolás Vikonis tiene 31 años, ha jugado en Colombia en Bucaramanga, Patriotas y Millonarios, equipo con el que sueña salir campeón. / Gustavo Torrijos

No importó que sus padres le pusieran como condición para ser futbolista dedicarse al estudio primero. Tampoco que en un momento de su carrera las puertas se cerraran y no hubiera equipo para jugar. Nicolás Vikonis, el arquero de Millonarios, que hoy (7:30 p.m., por Win) inicia su participación en la Liga Águila ante Patriotas, en El Campín, quería vivir de la pelota y por eso, a pesar de graduarse como psicólogo, la profesión que desempeña hoy es otra.

Su discurso no es el de un futbolista promedio, su preparación académica sale a relucir por el lenguaje que utiliza para expresar sus ideas. En la sala de su apartamento, en el norte de Bogotá, el uruguayo de 31 años tuvo una charla con El Espectador en la que repasó algunos episodios de su vida, sus gustos y su sueño de ser campeón con Millonarios en este semestre.

¿En qué momento de su vida nace el amor por el fútbol?

Yo siempre digo que en Uruguay el fútbol va dentro de la identidad de cada persona. Los títulos mundiales de 1930 y 1950 son parte de la historia del país. Allá se vive y se respira fútbol. Todo niño uruguayo, sea estrato uno o seis, el primer regalo que va a recibir de Navidad es una pelota de fútbol. Un poco eso me pasó a mí. Tengo un hermano menor que se llama Andrés, le llevo cinco años, así que mientras él se hizo grande, yo salía al patio a patear el balón a una pared y luego me estiraba para atajarlo.

¿Por qué arquero?

En mi casa teníamos una parra de uva que formaba en su estructura un arco. Con mi hermano chiquito comenzamos a patear y atajar con continuidad, así que cuando me llevaron a entrenar al equipo Enrique López de mi barrio no había quien fuera al arco y me animé. Salvo algún momento de la niñez en el que jugué de lateral izquierdo, siempre sentí que el arco era lo mío y por eso nunca he salido de esa posición.

¿Cómo asimiló el mandato de sus padres de “primero el estudio y después el fútbol”?

Era un alumno muy destacado y no me era difícil entrenar dos veces por semana y al mismo tiempo responder en la escuela. Cuando arrancó la adolescencia y empecé a entrenar todos los días, me costó. Recuerdo que practicaba por la mañana con Huracán Buceo, por la tarde con la selección sub-17 de Uruguay y les planteé a mis papás la posibilidad de dejar de lado el estudio por un año. Se mostraron poco permisivos y a los 15 días me metí a validar, estudiaba de 8 a 12 de la noche con personas de 35 o 40 años. Al día de hoy les agradezco eso a mis padres y valoro mi desarrollo académico.

¿Cuando decidió iniciar la carrera profesional le costó mantener el nivel en el arco y en el estudio?

Mi rendimiento deportivo oscilaba mucho, pero por suerte terminé la carrera. Fue un poco complicado, pero la ventaja es que estudié psicología y me permitía flexibilidad en cuanto a horarios. Podía ver materias en la noche, así que en ese sentido pude convivir con el fútbol. Mi rendimiento deportivo alto se dio llegando acá a Colombia, porque pude comenzar a vivir por y para el fútbol.

¿Y por qué decidió psicología?

Tenía un abanico de opciones para estudiar. Me gustaba la docencia, quería ser historiador, luego abogado, pero me decidí por la psicología porque me preguntaba cómo entender a la personas y a mí mismo. Desde el primer día la carrera me gustó mucho, pues me abrió la cabeza y comencé a pensar diferente.

¿Tras graduarse aplicó la psicología en el fútbol?

Realmente como arquero les dejo a los psicólogos de los equipos que hagan su trabajo. A Millonarios ha llegado uno y soy su paciente. Obviamente me preocupo por leer mucho sobre mi carrera y mantenerme actualizado, pero hoy mi papel es otro.

¿Qué significa para usted Huracán Buceo?

Desde antes que yo existiera, ese equipo era un estandarte en mi región, además mi abuelo era uno de los socios. Yo me formé en Nacional, un equipo grande de mi país, pero enseguidita pasé a jugar en Huracán Buceo, por un tema de proximidad y porque muchos amigos jugaban allí. Debuté a los 17 años. Pasé de la tribuna al campo, porque fue el club que seguí de niño.

¿En algún momento de su carrera pensó en dejar el fútbol?

En dos oportunidades. Cuando era adolescente y estaba en Nacional sufrí porque jugaba poco. Tuve un proceso de crecimiento tardío. Mi papá mide 1,93, pero yo a los 14 estaba por los 1,62. Por eso no me creían mucho en el arco. Pero en un año crecí 21 centímetros y comencé a jugar. Obviamente en ese año me desvié y me desmotivé. En 2009 también la pasé mal, porque veía más opciones como psicólogo que como arquero. Con Rampla Juniors me había ido muy mal en ese año y estuve unos meses dedicado a mi profesión, pero por esos días me llamaron de Cerrito, jugué dos años y llegué a Colombia.

¿Por qué llegó al Bucaramanga?

La intención mía era irme a jugar a Europa. Estuve haciendo pretemporada con un equipo en Rumania, quería quedarme, pero me cambiaron las condiciones del contrato a último momento, se redujo la oferta económica a la mitad y justo por esos días me llamó un empresario que trabaja acá y me habló del Bucaramanga.

¿Qué siente por Colombia?

Yo le tengo un cariño enorme a Colombia. Ahora que estuve en las vacaciones de Navidad en casa, les decía a mis padres y a mi hermano que me sentía colombiano. Ya son cinco años acá y soy feliz. Obvio, Uruguay es mi tierra, pero soy agradecido con Colombia por todo lo que me ha dado. He podido conocer el país, a su gente y por qué no quedarme a vivir acá.

¿Y por Millonarios?

Llegar acá ha sido un desafío muy grande. Estando en Patriotas pensaba que Millonarios era el lugar para mí. Había tenido amigos como Ignacio Ithurralde o José Luis Tancredi, que me habían hablado maravillas del club, de jugar en El Campín, de la hinchada, así que por eso me visualizaba acá. Millos es una pasión.

¿Por qué se quedó tras tener varias ofertas?

Porque acá soy feliz, me encanta jugar en Millos, sentir el amor que le tiene la gente a este equipo. Un objetivo grande para todos en este semestre es lograr el título, por eso trabajaré duro.

¿Sueña con ser ídolo como su compatriota Héctor Burguez?

Con Héctor tuve la posibilidad de trabajar en Liverpool de Uruguay. Él era el preparador de arqueros del equipo. Recuerdo que me hablaba mucho de Millonarios. ¿Qué iba a pensar yo que siete años más tarde iba a ser yo el arquero de ese club? Sé que él se mantiene aún pendiente del equipo. Es muy lindo para uno como uruguayo oír que la gente diga que desde Héctor no había una referencia en el arco acá. La intención mía es respetar ese legado.

¿Es una ventaja para usted que el cuerpo técnico de Millos sea uruguayo?

A Rubén lo conozco desde que yo tenía 16 años. Él era el entrenador de la profesional de Huracán Buceo. Cuando armaron el plantel de las promesas juveniles él me convocó y me hizo comenzar a entrenar con los grandes. Nico Dos Santos, el preparador físico, también estuvo conmigo cuando yo era sub-16. Fue una alegría encontrármelos acá. Pero intento ser serio en los entrenamientos y dejar esa amistad al lado.

¿Siente que podría ir a la selección de su país?

Yo, la verdad, no lo veo. Uruguay tiene un gran arquero como es Fernando Muslera. El segundo es Martín Silva, quien ataja en Brasil. El profe Tabárez ha sido de procesos grupales y humanos y Silva lleva un tiempo largo en el grupo. En cuanto al tercer arquero, creo que el perfil sería más un joven y en mi país hay varios candidatos. Tuve la oportunidad de jugar en divisiones juveniles con la celeste, oí el himno de mi país pisando la cancha del Centenario, así que con eso fui feliz.

¿Qué tiene usted de Otto, su padre, y Dalma, su madre?

De mi papá, la perseverancia y el trabajo. Es un hombre de hablar poco pero de decir mucho. De mi mamá, que es una persona muy emotiva. Es complicado cuando uno llega a un estadio y ve niños llorando por ver el bus del equipo, o la historia de un anciano que antes de morir quiere ver campeón a Millos. Esas cosas me mueven mucho.

¿Tiene cábalas?

Sí, un montón. Luego me doy cuenta de que ninguna sirve para nada, pero sí. Soy muy creyente, así que siempre llevo imágenes religiosas. Si ganamos, trato de repetir en el partido siguiente el color de camiseta, la música que iba oyendo camino al estadio. En un día de partido desayuno lo mismo siempre, me siento en el mismo puesto en el bus, voy tomando mate. Hago como un ritual. Creo que es algo que uno hace para mantener la concentración.

¿Qué lee?

Me gusta mucho la literatura política e histórica. A cada lugar al que voy trato de estudiar la situación del país. Por ejemplo acá, de lo que fue la creación de las Farc, del narcotráfico, cómo se ha reestructurado el país, eso es algo muy interesante. También leo novelas, pero tiendo a los temas políticos.

¿Qué música oye?

Me gustan mucho el rock y el reggae, es lo que oigo camino a un partido.

¿Quién ha sido su gran referente?

Gianluigi Buffon. Ha sido un arquero que se ha mantenido a un nivel impresionante por muchos años. Desde que yo tenía 10, él ya tapaba en Italia, así que crecí viendo sus atajadas.

¿Cuál es el gran sueño que le queda por cumplir?

Siempre he sido una persona que se traza objetivos a largo plazo, pero últimamente he aprendido a pensar más en el presente. Por eso creo que mi sueño es ganar la estrella 15 con Millonarios. En la vida, mi gran sueño es formar una familia, ser padre y gozarme mucho esa etapa.