Millonarios llega a asamblea con amago de crisis

Este martes se podría tomar decisiones en el caso Portolés.

Hace ocho meses, Millonarios era un equipo con un proceso para mostrar. Después de 27 años de sequía y un largo tiempo de caos administrativo, en diciembre de 2012 logró su estrella 14 y llegó a la semifinal de la Copa Sudamericana. En 2013 clasificó a los cuadrangulares finales y estuvo cerca de una nueva estrella. El milagro deportivo lo consiguió el técnico tolimense Hernán Torres, acompañado de Darío ‘El Chusco’ Sierra.

Súbitamente, en una decisión que ningún hincha entendió, sacaron a Torres y su cuerpo técnico, y de paso se fue también el presidente de la institución, Felipe Gaitán. Se argumentó que la determinación obedeció a que había concluido el proceso de consolidación empresarial y que el paso siguiente era la restructuración deportiva a través de un modelo encabezado por el profesor José Portolés, de nacionalidad española.

José Portolés ya venía trabajando su plan con la junta directiva de Millonarios e incluso Hernán Torres y su gente sabían de sus proyectos. La idea era constituir una estructura deportiva desde el fútbol base, es decir, desde la divisiones inferiores, hasta la categoría mayor incluyendo la constitución de una sede, además de una reingenería en todas las áreas. Lo que nadie esperaba es que el tema empezara por la salida de Torres.

Más allá del tema Portolés, al tiempo que se daba esta transformación, al interior de Millonarios se vivía una cerrada lucha por el poder. Cuando el equipo cambió de manos entre 2010 y 2011, y los nuevos dueños tomaron las riendas del club como la organización Azul y Blanco, el hombre fuerte era el comisionista de bolsa Juan Carlos Ortiz. El otro inversionista de peso era Gustavo Serpa, representante de una sociedad española.

Los líos empezaron cuando estalló el escándalo de Interbolsa en noviembre de 2012, paradójicamente en la misma época en que Millonarios labraba su ruta hacia la estrella 14. Después de la euforia y los aplausos a los empresarios que habían sido capaces de sacar adelante un club que estuvo al borde de su desaparición, se evidenció una realidad crítica. El tema Interbolsa no demoró en afectar a Millonarios.

El primer causante del escándalo, el italiano Alessandro Corredori hizo parte de los primeros 14 inversionistas de Azul y Blanco. Cuando el asunto se fue volviendo expediente judicial, este comisionista vendió sus acciones en Millonarios. Pero no era el único. Entre otros inversionistas estaba Juan Carlos Ortiz, artífice de proyectar valores y del Fondo Premium, dos capítulos adicionales del escándalo central.

Como era de esperarse, el año 2013 fue de reacomodo a la nueva realidad del club. Entonces surgió una junta directiva de tránsito que se vio obligada a asumir una situación incómoda: ir distanciando a Ortiz y cualquier sombra del tema Interbolsa, y simultáneamente abrirle espacio al Estado que, vía Superintendencia de Sociedades, no demoró en requerir cuentas para resarcir a las víctima del descalabro financiero.

En otras palabras, a lo largo de 2013, los directivos de Millonarios se vieron forzados a una inesperada realidad económica por fuera de sus planes. De forma paralela venía caminado la idea de la reestructuración deportiva a partir del modelo José Portolés. Cuando cayó el telón de 2013, el chivo expiatorio de los ajustes, disputas internas y reacomodo financiero y deportivo del club fue el técnico campeón de la estrella 14.

Entonces llegó al equipo Juan Manuel Lillo, un profesional de larga trayectoria en el fútbol español, quien de inmediato demostró su conocimiento. El equipo no desentonó respecto al nivel alcanzado en los últimos torneos y estuvo a punto de disputar la final del primer semestre de 2014. Por penaltis se perdió con Júnior de Barranquilla esa opción. El profesor Lillo salió bien librado por la crítica deportiva y los hinchas.

Sin embargo, empezó salir a flote el dilema de los refuerzos. Con Lillo y su cuerpo técnico llegaron el colombiano Fabián Vargas y Dayro Moreno, el brasilero Wesley Lopes y el camerunés Modeste M’bami, además de algunos repatriados. Vargas y Moreno demostraron su capacidad y ambos fueron un acierto. El africano también fue titular y tuvo el respaldo de los hinchas, aunque la crítica deportiva no dejó de fustigarlo.

No faltaron los rumores de que su contrato era de un costo excesivo, al igual que lo sucedido con el brasilero Lopes, quien a diferencia del africano no logró demostrar las razones de su contrato. Cuando concluyó el primer torneo de 2014, a la hora de los refuerzos se evidenció que en la trasescena del club los números no cuadraban. Dayro Moreno se fue, también lo hicieron M’bami y Lopes y no se dieron anuncios.

Sin que trascendiera lo suficiente, el silencio deportivo evidenciaba el problema administrativo. En febrero de este año hubo asamblea, se renovó totalmente la junta directiva, entró a las riendas del club el interventor de Fondo Premium, Alejandro Revollo y quedó claro que el nuevo hombre fuerte era Gustavo Serpa, representante de la sociedad española Blas de Leso Inversiones, filial del Fondo Amber.

Desde 2012, Serpa libraba una pelea con otros inversionistas. Su idea de devolver las estrellas ganadas en 1987 y 1988 tampoco le cayó bien a los hinchas. Cuando quedó situado en la primera línea del poder, empezaron a cambiar aspectos conexos. Cambió la empresa de comunicaciones que había manejado el club en los tiempos de la estrella 14, fue nombrado como nuevo presidente Enrique Camacho y regresaron los rumores.

En medio de las conjeturas sobre la compra de acciones por parte del inversionista español Javier Aguirre; del manejo de sus intereses por parte de Gustavo Serpa; y de la necesaria e inminente capitalización del equipo que debe darse antes de concluir el año, salió a relucir el descontento por el tema José Portolés. Su anunciada reingeniería deportiva sigue en veremos y se convirtió en el nudo de la discordia entre directivos e hinchas.
La situación se puso en evidencia en la antesala del actual torneo. No sólo se fue Dayro Moreno, el ídolo de la afición el semestre anterior, si no que también salió M’bami. El único refuerzo de cierta trayectoria fue Fernando Uribe. A última hora apareció el español Braulio Nóbrega, pero sus antecedentes judiciales en su país lo sacaron de concurso. Fuera de eso se lesionaron varios jugadores del equipo.
El torneo arrancó rodeado de críticas. Aunque se ganó apretadamente a Envigado y Equidad, y se cedió un empate en Bogotá con Chicó, la prensa deportiva y los hinchas venían advirtiendo que el tema no iba a salir bien. Este fin de semana vino la debacle. 5 a 0 frente a su archirival Atlético Nacional, pese a la errática actuación del árbitro y los comentarios del técnico Juan Manuel Lillo tratando de aminorar el impacto de esa derrota.

De nuevo la piedra en el zapato quedó en evidencia: el director deportivo José Portolés. Después de un año en Millonarios, a un costo excesivo, no se advierte con claridad su gestión. Ni se ven jugadores de la divisiones inferiores con proyección, como se le prometió a los hinchas. La falta de refuerzos de categoría ya dio la primera señal de alarma este domingo, dejando ver lo que puede suceder a corto plazo.

En el fondo de la discusión se sabe que hay problema económico. El propio técnico Juan Manuel Lillo lo ha expuesto con claridad en varias ruedas de prensa. Y en un torneo tan corto como el colombiano, esta situación no da espera. La prensa y los hinchas la han tomado con José Portolés porque nadie entiende que se gaste en él y sus asesores un alta suma y no haya plata para que futbolistas de categoría refuercen el equipo.

La realidad de hoy es la de una nómina limitadísima para encarar la Liga y la Copa Sudamericana. Jóvenes como Jhonatan Agudelo o el peruano Andy Polo están en el primer equipo, pero es incierto que puedan sostenerse ante equipos más fuertes. El técnico Lillo ha demostrado que sabe y es un profesional del fútbol, pero de no recuperarse el rumbo y corregir el tema Portolés, puede ser el gran sacrificado.

Con este panorama administrativo y deportivo, sumado al peso que tiene entre la afición perder 5-0 con el equipo a vencer en cualquier instancia, se realiza este martes la asamblea ordinaria. La última fue muy tranquila. Los resultados deportivos iban bien y en la tribuna solo se oían aplausos. Ahora el ambiente está tenso y se esperan anuncios. La situación no da espera y los dueños de Millonarios saben que los patrocinios, los abonos y las utilidades llegan cuando el equipo gane.