“No soy un mago”: Gustavo Costas

El técnico argentino de Independiente Santa Fe asegura que este título lo valora más que ninguno otro. Ya planifica la temporada 2017.

El técnico argentino Gustavo Costas celebra a rabiar la conquista de la novena estrella de Independiente Santa Fe. / Gustavo Torrijos
El técnico argentino Gustavo Costas celebra a rabiar la conquista de la novena estrella de Independiente Santa Fe. / Gustavo Torrijos

La voz está ajada, casi quebrada, porque en las últimas horas no paró de gritar. En El Campín, ante la multitud que celebró la novena estrella de Independiente Santa Fe. En el parque Simón Bolívar, donde se aglutinaron los fanáticos santafereños. Y no es para menos. Gustavo Costas, el técnico más ganador de la historia cardenal, volvió a mostrar sus virtudes. Cuando nadie apostaba por él, especialmente después de la eliminación de la Copa Sudamericana y la Copa Águila, con el equipo ubicado en la duodécima posición en la Liga, se reinventó. Cambió el arquero, rearmó la defensa y modificó el esquema. Y encadenó una victoria tras otra hasta llegar a una nueva final y conseguir su cuarto título en el club, el octavo en cuatro países, como si se tratara de la reencarnación de Mourinho. Santa Fe es campeón. Otra vez, de la mano del estratega argentino.

“La verdad, es increíble lo que logramos. Es un año fantástico y poder retribuirle a la gente el cariño que me brindó desde el primer día que llegué me deja en paz conmigo mismo. Les cumplí”, dice Costas, mano a mano con El Espectador, mientras prepara la valija para volver a Buenos Aires y pasar las fiestas con su familia, a unos pocos minutos de encontrarse cara a cara con el presidente César Pastrana y así empezar a delinear la próxima temporada que tendrá al rojo capitalino en la Copa Libertadores de América.

¿Usted es un mago? Casi todos los equipos que dirigió fueron campeones. Y en Santa Fe, ya es Gardel.

No, no soy un mago. Soy un laburante, como decimos en la Argentina. Trabajo, doy todo de mí y después dependo de los jugadores. Y ellos se brindaron a pleno en esta última etapa.

¿Qué diferencia encuentra entre este título y los anteriores?

Valoro este título más que ninguno. ¿Y sabe por qué? Cuando salimos campeones por primera vez, llegamos en la pretemporada, hicimos la puesta a punto, pedimos los refuerzos y armamos todo nosotros. Ahora, en cambio, llegamos a mitad de camino. Teníamos un fixture complicado, jugábamos cada tres días, fuimos a Japón a disputar la Suruga Bank, volvimos y nos tocó enfrentar a River en la Recopa. Y después se vino encima la Sudamericana. No podíamos trabajar. Y quedaban muy pocos de aquel grupo. Entonces, por más que haya vuelto al club después de dos años, había que adaptarse. Los muchachos no estaban bien físicamente y la seguidilla nos fue desgastando. Hasta que pudimos entrenar como queríamos, pasó un tiempo. Cuando estuvimos bien, nos decidimos a ganar el campeonato.

¿Cuándo se sintió campeón?

Cuando entramos entre los ocho y se empezaron a disputar los cuadrangulares. Y en el momento en el que perdimos 4 a 1 con Nacional y quedamos afuera de la Copa Águila, yo les dije a los jugadores: “Ahora tenemos que ganar este campeonato como sea”. Y de la única manera que podíamos hacerlo era corriendo, metiendo, presionando. Armé un equipo que no jugaba lindo, pero que les comía las piernas a los rivales. En ese momento sentí que íbamos a ganar el título, que no se nos podía escapar.

Hubo situaciones claves: el cambio del portero y la lesión de Salaberry que le permitió rearmar la defensa.

Róbinson Zapata venía atajando en la Copa y Leandro Castellanos en el campeonato. Pero cuando quedamos eliminados de la Copa Sudamericana, evalué que con Leandro veníamos cuatro partidos invictos. Y me jugué por él. Y nos salvó en la final. Tuvo tres atajadas bárbaras. Después armé una línea de tres, con Tesillo de líbero y Moya y Urrego de stoppers. Y Urrego nos dio el pase con Once Caldas y marcó el gol del campeonato, nada menos.

¿Cuánta importancia tuvo Jonathan Gómez y qué valor le da a la disposición de Ómar Pérez para integrar el banco? No es fácil tener a un referente entre los suplentes.

Jonathan marcó siete u ocho goles fundamentales. Además, es un jugador que retrocede y colabora en la recuperación. Se puso el equipo al hombro, lo sacó adelante. Y Ómar ayudó mucho, es importante para el grupo, un ídolo, y sabe el lugar que ocupa en el plantel y en el club.

¿Le molestaron las críticas? Cuando quedó afuera de la Sudamericana y la Copa Águila, pocos confiaban en usted, incluso a pesar de su pasado.

También decían que fuimos a Japón y le ganamos a un equipito. Pero Kashima goleó a Nacional y le hizo un partido bárbaro en 90 minutos al Real Madrid. ¿Y ahora es un equipazo? Nosotros les ganamos. No les doy importancia a las críticas, me dedico a trabajar.

¿Le va a pedir a Pastrana que contrate a Denis Stracqualursi y no le venda jugadores?

A Stracqualursi lo conozco de cuando él jugaba en Liga y yo dirigía a Barcelona. Es un buen centrodelantero. Y a Pastrana le voy a pedir calidad, no cantidad. Necesitamos jugadores del medio hacia adelante. Y si queremos hacer una Libertadores digna, se tiene que ir la menor cantidad posible.

Tiene contrato hasta junio, pero la Libertadores termina a fin de 2017.

Y ojalá pueda quedarme y llegar lo más lejos posible. Es mi sueño seguir ganando cosas con Santa Fe.