Papá de Teófilo Gutiérrez, el administrador del Romelio

Don Teófilo, quien lleva cinco años como encargado del emblemático escenario, habla de su hijo y de la selección.

Don Teófilo Gutiérrez, ayer en el estadio Romelio Martínez, su lugar de trabajo. / Luis G. Montenegro
Don Teófilo Gutiérrez, ayer en el estadio Romelio Martínez, su lugar de trabajo. / Luis G. Montenegro

Cuando se llega al viejo estadio Romelio Martínez de la ciudad de Barranquilla, escenario en el que la selección de Colombia jugó las eliminatorias al Mundial de Inglaterra 66 y el Júnior ganó sus dos primeros títulos (1977 y 1980), el nombre de Teófilo es el más oído. Cada uno de los trabajadores del escenario deportivo se refiere al viejo Teo como el jefe y responsable del lugar. Que sea el padre del delantero del equipo nacional Teófilo Gutiérrez es una ventaja, pero lo que realmente lo hace diferente es su personalidad. El papá Teo es tan amable que después de cinco minutos con él, pareciera ser un amigo de toda la vida.

Hace cinco años es el administrador de ese histórico escenario, al que llegó gracias a la propuesta del entonces alcalde de la ciudad, Álex Char, quien al ver que era el padre de un emblema del fútbol atlanticense, lo invitó a ocupar ese cargo. “Acá está una persona que representa el fútbol, lo entiendo, lo jugué (fue arquero) y ahora trato de mantener bien este estadio. Es viejito, pero nos dio muchas alegrías a los amantes costeños del balompié”, comenta.

Quien vio crecer a Teófilo Gutiérrez hijo cuenta que nació con el fútbol en la cabeza. El primer regalo que le dio fue un balón y por eso, cuando apenas estaba aprendiendo a gatear, ya le daba patadas. “Teo prefería el balón antes que la teta”, afirma el orgulloso padre.

Como buen barranquillero, Teófilo siempre ha sido amante del Júnior y el responsable de eso es también su progenitor, quien cuenta que de cumpleaños siempre le regalaba a su hijo un uniforme nuevo del equipo tiburón y un par de guayos. “Él prefería eso a cualquier juguete”.

Crecer en medio de la violencia fue una de las principales dificultades del hijo del barrio La Chinita en Barranquilla. Su padre comenta que vivían en arriendo en una casa esquinera en la que se citaban pandillas para pelear. “Ahí siempre estaba Teo jugando con un balón. Cuando se iba a armar conflicto, no importaba de qué bando fueran, lo ayudaban y protegían para que se retirara de ahí. Con él nunca hubo problemas”. ¿Por qué? Es simple, “era el ídolo niño del barrio y como al fin y al cabo a todos les gustaba el fútbol, tenían que proteger al referente que iba a lograr sobresalir. Hay que darle gracias a Dios por mantener a mi hijo saludable. A pesar de los problemas que haya podido tener, está cumpliendo su sueño”, dice con voz entrecortada el papá de quien hoy porta la camiseta 19 de la selección.

Teófilo padre acepta que el responsable del éxito de su hijo no es él y le da todo el crédito a Franklin Ramírez, quien se encargaba de buscar a niños de escasos recursos para entrenarlos y ponerlos a jugar fútbol. “Gracias a ese muchacho, hoy mi hijo está en el lugar que está”. En esa época lo hacía de volante 10, por eso es usual verlo con la selección retrasándose un poco para llevarle el balón a Radamel Falcao o asociándose con otro jugador de ataque. William Knight fue quien al ver su excelsitud para definir lo ubicó de delantero. “Ese cambio es el que lo ha llevado a ser la figura que es hoy. Ojalá le marque a Bolivia”, asegura.

El presente de Triófilo, como también lo llaman por su contundencia en el ataque, es el Cruz Azul de México, en donde aunque no es titular indiscutido, ha logrado marcar goles importantes que lo convierten en uno de los jugadores admirados del equipo cementero. “Él se ha sentido muy bien allá, la gente lo quiere y eso para él es muy satisfactorio, está con su familia y en un país en el cual interactúa con todos gracias al idioma”, cuenta don Teo, quien asegura que más que ser un padre, es el mejor amigo del delantero de 27 años. “Con las facilidades que da la tecnología, me puedo comunicar con él todos los días, le doy consejos y lo guío siempre”, confiesa.

Aunque una de las dudas en el ataque de la selección para el partido de este viernes frente a Bolivia, en el Metropolitano, es la presencia del barranquillero o la del chocoano Jackson Martínez, el padre del embajador del barrio La Chinita destaca que “Teo puede estar jugando en la Cochinchina, pero lo más lindo para un futbolista es integrar la selección de su país. Pékerman ha sido fundamental para que mi hijo recupere la confianza y ahora hay que pensar en el equipo como tal, no en un jugador”, dice, no sin antes despedirse con un vaticinio: “El viernes voy a estar en el Metro disfrutando del partido. Veo un 3-0 con goles de Falcao, Bacca y Teo”.