Podré ser mejor que antes: Wílder Medina

El delantero antioqueño de 34 años espera lograr el ascenso con el Real Cartagena y luego regresar a Santa Fe para retirarse por la puerta grande y quedarse vinculado al club cardenal por el resto de su vida.

Wílder Medina está viviendo a las afueras de Cartagena para estar lejos del ambiente ruidoso y de fiesta. / Gustavo Torrijos - El Espectador

Cuando las posibilidades de llegar a algún equipo profesional se agotaban, Wílder Medina llegó a pensar en quedarse seis meses parado, sin jugar fútbol, y viajar a su natal Puerto Nare, Antioquia, para ponerse al frente de la Escuela Manuel Esteban Medina Olarte, la que fundó en honor a su padre, quien le inculcó la pasión por el fútbol y la cual cuenta con cerca de 400 jóvenes que tienen el sueño de llegar a ser profesionales y convertirse en ídolos, como lo es él. Finalmente, luego de llegar a ser anunciado por otros clubes, Wílder Medina llegó al Real Cartagena, equipo de la B, en el que ha vuelto a sentirse importante. En tres juegos ya anotó su primer gol y ha sido figura. Es como un técnico dentro de la cancha para sus compañeros, quienes lo admiran no sólo por su talento, sino por ser un luchador de la vida capaz de dejar de consumir drogas.

A pesar de las especulaciones, el delantero de 34 años le asegura a El Espectador que no ha recaído, que su lucha es día a día y que sueña con regresar en algún momento a Independiente Santa Fe.

¿Cómo es su vida en una ciudad como Cartagena?

Estoy viviendo muy cómodo en una casa muy bonita a las afueras de Cartagena. Quise estar alejado de Bocagrande porque es duro vivir cerca de la parte turística, por todo el ambiente que hay allí. En donde vivo, en las mañanas se siente solo el sonido de los pájaros y una tranquilidad especial.

¿Con quién está viviendo, quién lo acompaña?

Por ahora estoy viviendo solo, porque mis hijas ya habían comenzado a estudiar y no podían parar, pero acá está Julián, un gran amigo mío quien hace las veces de chofer. Él me ha estado dando una mano y yo a cambio le doy ayuda económica. Me siento acompañado y gracias a Dios él es una persona sana que aprecio mucho.

¿Y a él en dónde lo conoció?

En 2004 jugaba conmigo en Chía FC. Él era un volante de marca bueno, pero no contó con suerte y no pudo llegar a ser profesional. Luego de muchos años me lo encontré en Medellín e incluso fue el padrino de una de mis hijas. Ahora estaba haciendo domicilios y por eso me lo traje acá para que me ayudara.

Después de estar en Santa Fe fue anunciado como refuerzo de Águilas Doradas, Atlético Huila, Atlético Bucaramanga y finalmente Real Cartagena. ¿Por qué no se quedó en alguno de los anteriores clubes?

Lo de Itagüí fue porque fui a entrenar con ellos ocho o quince días pero no llegué a un acuerdo económico con el presidente. Luego se habló de mi llegada al Huila, pero ellos no iban a pagarle el préstamo al Barcelona de Ecuador, así que no podía quedarme ahí. Luego con el Bucaramanga todo parecía listo, pero al final nuevamente no se pudo arreglar nada por mi vínculo con el Barcelona. En ese momento pensé incluso en irme a mi escuela de fútbol en Puerto Nare, pero decidimos viajar a Ecuador con mi representante y hacer un acuerdo para romper el vínculo allá. Ya estando acá me llegó la oferta del Cartagena, analicé la situación con mi mamá, quien estuvo muy cercana a mí en este proceso, y se llegó a un acuerdo con el Real.

“Yo lo que necesito es billete”, dijo hace poco. ¿Económicamente pasó problemas tras salir de Santa Fe?

No, no. Gracias a Dios desde que mi vida cambió yo no he tenido problemas económicos. Lo que pasa es que ya tengo 34 años y sé que no me quedan muchos años para facturar bien. Esa frase se pudo interpretar mal. En realidad yo me refería es a que estoy en un momento de la vida en el que necesito sumar ahorros a mi cuenta y no gastarme lo que tengo, porque tarde o temprano eso se acaba. Hay varios compañeros que se han quedado sin nada y ellos me han aconsejado ser muy organizado con ese tema. Yo sé que hay que invertir bien y ganar bien mientras se pueda. Yo quiero tener una buena vejez y darle todo a mi familia, sé que el fútbol se acaba rápido y la vida sigue.

¿Cómo ha analizado el nivel de la B?

Ahora es más competitivo que hace unos años cuando estuve en el Rionegro. Ya no se gana por nombres, sino por hombres. Es el que más berraquera ponga. Antes se sabía quiénes peleaban, ahora cualquiera lo puede hacer. Acá vine a aportar mi experiencia. Los muchachos me admiran. Saben de mi situación, de los problemas que tuve, y por eso me respetan. Me dicen que soy un berraco y que para ellos es un orgullo. Me ven más como un técnico que como un compañero. Con nuestro DT, J.J. López, me he entendido muy bien.

¿Cree que haberse ido al Barcelona de Guayaquil fue un error?

Creo que las oportunidades hay que cogerlas. En ese momento era una muy buena opción para mí. Desafortunadamente las cosas no salieron como me las pintaron, pero lo bueno fue que ahorré un dinero importante y por ejemplo le pude dar una casa a mi mamá como ella quería. Allá aprendí cosas importantes, salí de Colombia a jugar, que era un objetivo. No todo es negativo.

¿Por qué desde que regresó no volvió a ser el mismo?

Es que cuando volví a Santa Fe llevaba dos meses sin jugar. A pesar de que me preparé bien en la pretemporada, no logré llegar a mi nivel a lo largo del torneo y luego llegaron una serie de lesiones.

¿Qué significa Santa Fe para usted?

Es el equipo que me dio la vida nuevamente y el que me rescató como persona.

¿Con el presidente César Pastrana ha seguido en contacto?

A diario hablo con él. Antes del partido ante Bucaramanga me llamó a decirme que le dedicara un gol. Justamente anoté y el gol se lo dediqué. Él es un papá para mí. Creyó en mí cuando nadie lo hacía. Es un gran ser humano y cada vez que hablo lo felicito por el presente del club. Es una relación de padre e hijo.

¿Es cierto que salió de Santa Fe por indisciplina?

No. La verdad es que yo quería hablar desde el principio para evitar toda clase de especulaciones, pero la recomendación que me dieron fue guardar silencio y eso hice. La verdad de mi salida de Santa Fe fue que yo le dije al presidente que no estaba bien físicamente y que no tenía que perjudicar al equipo. No quería seguir cobrando sin jugar. El “presi” me dijo que era muy honesto de mi parte, que valoraba eso mucho y que me iba a ayudar para recuperarme físicamente para presentarme en Ecuador.

¿Pero espera volver algún día a Santa Fe, así sea ejerciendo otras funciones?

Sí. La verdad es que tengo mucha fe en que voy a terminar bien en el fútbol. No que el fútbol me deje, sino yo a él. Voy a comenzar a estudiar para ser técnico, pero antes quisiera retirarme en Santa Fe y salir por la puerta grande. Luego ser entrenador de delanteros, como en su momento fue El Tren Valencia o Léider Preciado. Quisiera estar vinculado por siempre a ese club, al que le debo mi vida.

¿Con 34 años cree que volver a su mejor nivel es posible?

Si fue posible dejar la adicción a las drogas, cómo no va a ser posible volver a marcar goles sin parar. Yo tengo un estilo de fútbol único y por eso estoy seguro de que acá en el Real Cartagena voy a poder recuperar mi nivel. Creo que incluso podré hasta ser mejor que antes.

¿Cuánto más fútbol tiene Wílder Medina?

Yo quiero jugar cuatro años más, porque como lo dije antes, la idea es retirarme bien. Obviamente uno no está exento de lesiones graves que puedan obligarlo a despedirse antes. Para evitar eso debo prepararme muy bien.

¿Cómo ve a la distancia a Santa Fe?

Muy bien. Santa Fe es un equipo copero y ya lo respetan en el continente. Tiene buenos jugadores y un técnico ganador que vive el fútbol y lo siente de una manera espectacular, quisiera ser como él cuando sea yo DT. Si por él fuera, se metería a la cancha a tirar planchas. Él contagia al jugador y con él Santa Fe va a ganar más.

¿Sufre viéndolo jugar?

Muchísimo. Yo soy hincha del América, pero a Santa Fe lo llevo en el corazón y sufro incluso más que por el América. Por el bien de mi papá, don César Pastrana, y mis grandes amigos que dejé allá, siempre quiero que ganen.