Róbinson Zapata: No hay sueldos altos, pero sí jugadores grandes

Itagüí prácticamente se clasificó los cuadrangulares. Habla su capitán, el segundo arquero menos vencido del torneo.

Zapata inició su carrera como arquero en América, pero alcanzó el mejor nivel en Europa con el Steaua Bucarest. / Luis Benavides
Zapata inició su carrera como arquero en América, pero alcanzó el mejor nivel en Europa con el Steaua Bucarest. / Luis BenavidesLuis Benavides

Antes del partido contra Pasto, Róbinson Zapata se encerró en su habitación a ver el juego entre Turquía y Rumania por las eliminatorias europeas y la nostalgia lo traicionó. Por cuatro años atajó para el Steaua de Bucarest rumano y luego para el Galatasaray turco, en ese continente nació su bebé Bianca y dejó amigos de vida. “Precisamente había algunos jugando ese partido entre estas dos selecciones. Y sí: extraño la vida en Europa. Vivir el invierno allá, admirar la arquitectura y la cultura. Echo de menos esas costumbres, pero también soy feliz en Colombia, más por el momento de mi club”. Horas después del duelo europeo, su equipo Itagüí empató 1-1 con Pasto y prácticamente se clasificó a semifinales.

“En cuadrangulares la idea es que podamos dar por fin ese gran salto a la final. El grupo es más maduro, tiene futbolistas que han disputado finales y eso pesa: hay una madurez deportiva”, asegura Rufai. Su apodo lo causó un buzo fosforescente que usó en un juego en las divisiones menores de América, idéntico al que lucía el portero nigeriano Peter Rufai en Francia 98.

En este torneo es el segundo arquero menos vencido, con ocho tantos recibidos; el capitán del club y una voz respetada dentro del camerino. “La clave de este equipo es que es ambicioso. Acá no hay una infraestructura de equipo histórico, no hay sueldos altos, pero sí jugadores grandes. De eso, en gran parte, también es responsable el técnico Leonel Álvarez. Como han dicho, somos de las más feas pero de las que mejor bailan”, dijo el arquero de 34 años, que atajó en América, Cartagena, Cúcuta y Pereira.

Cuando le preguntan por Leonel Álvarez, el portero vallecaucano se riega en elogios. Al fin y al cabo, la última vez que vistió la camiseta de la selección de Colombia fue en los partidos de diciembre contra Venezuela y Argentina, cuando dirigía Leonel. “Es un privilegio trabajar con él, es compartir camerino con un nombre, con un histórico que sabe muchísimo. Trato de absorber todo lo que nos enseña a diario”. Y continúa: “Él tiene una versatilidad en esquemas, puede utilizar mucho en un mismo partido, cambia dependiendo del rival. Estudia mucho los compromisos y eso nos da seguridad a nosotros porque lee muy bien el fútbol”.