Santa Fe revivió a José Julián De la Cuesta

El presidente César Pastrana le abrió las puertas del equipo hace cinco meses. Un gol suyo clasificó a Santa Fe a la Libertadores.

José Julián de la Cuesta celebra el gol que le marcó al Morelia de México en la Copa Libertadores. / Gustavo Torrijos

“Presidente, quiero volver a jugar”, le dijo José Julián de la Cuesta a César Pastrana, máximo directivo de Independiente Santa Fe, luego de pasar cerca de tres años sin pisar una cancha de fútbol.

De la Cuesta fue una de las figuras de la sub-20 en el Mundial de Emiratos Árabes, en el que la selección dirigida por Reynaldo Rueda logró el tercer lugar. Luego de ese torneo se le abrieron las puertas en el fútbol español. Durante 10 años hizo parte de equipos como el Cádiz, Real Valladolid y Albacete, en el que comenzó su martirio.

Jugando para ese club sufrió una lesión en el ligamento cruzado de la rodilla izquierda, similar a la que hoy tiene fuera de las canchas a Radamel Falcao García. Cuando estaba en el sexto mes de recuperación tuvo una recaída, se alargaron los tiempos y lo que inicialmente daba para estar máximo ocho meses fuera de las canchas, terminó siendo de un año. Cuando se recuperó, el club español decidió dar por terminado el contrato y José Julián se quedó sin equipo. “Busqué alternativas para jugar, pero no encontré, así que decidí entrenar por mi cuenta y recuperarme aún mejor de los problemas en la rodilla”.

Luego tuvo que operarse nuevamente, porque definitivamente la primera intervención quirúrgica no había sido exitosa. La recuperación esta vez corrió por su cuenta y tras verse con pocas opciones de encontrar dónde jugar, recibió el apoyo de Hernán Darío El Bolillo Gómez, quien le permitió entrenar con el Medellín. “En ese momento hubo oportunidades de quedarme, pero finalmente no se consiguió, así que regresé a España para entrenar con un equipo de Cádiz, llamado San Fernando”, cuenta José Julián a El Espectador.

Al ya completar casi tres años sin poder encontrar un equipo profesional tomó la decisión de llamar a César Pastrana, presidente de Santa Fe, a quien conocía porque Pastrana había estado al frente de la Liga de Bogotá cuando él militaba por estas tierras. “Yo lo llamo y le muestro mi deseo de volver a jugar. Le cuento mi situación y en un acto de generosidad me dice que puedo comenzar a entrenar con Santa Fe”. No lo dudó ni un segundo, empacó maletas y viajó a Bogotá para hacer pruebas físicas, médicas, de fuerza y futbolísticas.

Desde septiembre comenzó a entrenar sin recibir pago alguno con el equipo profesional del cuadro cardenal. “Mi intención era que me vieran y en esos meses demostré lo que tenía y por eso en diciembre Wilson Gutiérrez y el presidente me dijeron que querían contar conmigo para este año”. Su martirio comenzó a sanearse y sus posibilidades de volver al fútbol profesional crecieron.

Posteriormente fue confirmado como uno de los 14 refuerzos para este semestre, pero el momento, sin duda, más emotivo fue el que vivió en la noche del martes, cuando con un gol suyo Independiente Santa Fe logró avanzar a la fase de grupos de la Copa Libertadores. “No sabía ni qué hacer. Sentir el calor de la afición y de los compañeros fue algo muy lindo para mí. Recordé todo lo que sufrí y por eso me emocioné tanto”, aceptó el paisa de 30 años.

El presidente Pastrana nuevamente se salió con la suya: apostó por una medida impopular trayendo a un jugador casi inactivo, pero el tiempo le dio la razón y hoy la presencia de Santa Fe, por segundo año consecutivo, en el torneo más importante del continente, es gracias, en gran parte, a José Julián. “Cuando bajé al camerino al final del partido a felicitar a los jugadores, José Julián no estaba porque le había tocado ir al control antidopaje. Pero luego lo vi de lejos, fui hacia él y nos dimos un abrazo grandísimo. Sentí una alegría impresionante por él. Lloramos y nos felicitamos mutuamente. Es algo muy lindo y que me llena de satisfacción”, recordó César Pastrana, quien destacó el ambiente de familia que se vive en Santa Fe. “Este es un grupo espiritualmente muy fuerte, unido y agradecido, que de la mano de Dios se siente seguro. El fútbol es un juego y pueden pasar muchas cosas. No siempre se gana, pero lo importante es estar por el camino correcto y lo ocurrido con la vida de José Julián es un ejemplo de que estamos haciendo las cosas bien”.

 

 

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