Sebastián Hernández, el sueño de un recogebolas

Su equipo, líder del cuadrangular B, enfrentará este jueves (8:30 p.m.) a Nacional. Equidad recibirá a Itagüí (6:20 p.m.).

Hernández fue titular en todos los juegos del cuadrangular B, del que su club es líder.  / Luis Benavides
Hernández fue titular en todos los juegos del cuadrangular B, del que su club es líder. / Luis Benavides

Sebastián Hernández, de siete años, leyó en la pantalla de su televisor DIM, campeón 1993 y salió con su familia a festejar el título por las calles del barrio La Aguacatala de Medellín. Pero en su casa no se percataron de mantener encendida la transmisión e ignoraron el gol, tres minutos después, de Oswaldo Mackenzie a América en Barranquilla, que en definitiva le otorgó el campeonato a Júnior. Al día siguiente se enteró de que ya no había estrella, ningún campeón después de 35 años de no serlo, pero por la ilógica costumbre muy futbolera de convertir la decepción en reto, esa notificación tardía, esa frustración colectiva lo convenció de ser hincha de Independiente Medellín por siempre.

Un año después le pidió a su papá que le estampara una imagen del Divino Niño en una camiseta blanca con el escudo del Medellín, convencido de representar en la tribuna del estadio Atanasio Girardot a Giovanni Hernández, que por esa época celebraba los goles del DIM mostrando a las gradas una trusa idéntica. Sus amigos del colegio San José lo convencieron, además, de asistir al estadio como un barrabrava. “Yo me colgaba de las mallas altas y gritaba y saltaba y cantaba. Era un paseo muy bacano: sin importar que el equipo perdiera o se ubicara último en la tabla, allá estaba yo. Así es la afición del Medellín: siempre positiva”.

Cuando salía del estadio hacia la estación del metro, eso sí, se quitaba la camiseta blanca del Divino Niño y el escudo del Medellín en caso de encontrarse con hinchas de Nacional: era apasionado, pero nunca fue pendenciero. Una tarde, después de un clásico, en una estación y con la prenda escondida, vio cómo apuñalaban a una persona que sí se dejó la camiseta del Medellín. “Tenía unos 12 años y fue duro ver ese episodio. Había que ser precavido. Cuando uno menos pensaba ya estaba en medio de una pelea, de piedras volando”, recuerda Sebastián.

Por ese entonces practicaba tenis, porque jugar fútbol no le gustaba. Un día salió llorando de las oficinas de la Liga de tenis porque su papá olvidó inscribirlo y debía esperar hasta al semestre siguiente para volver. Se encontraron con el dirigente —ya difunto— Gustavo Upegui, en esa época dueño de Envigado F.C. y quien indagó por la situación. “¿Y usted qué más sabe jugar, mijo?”, le preguntó Upegui, antes de proponerle que se uniera a las divisiones menores del club. “Pues me dicen que juego bien fútbol”, le respondió el niño con los ojos llorosos. Y sí, su estilo era similar al de Giovanni Hernández: de esos que reciben el balón sin mirar porque sus ojos ya han ubicado a un compañero cercano, de esos que brillan cumpliendo la misión altruista de hacer que otros hagan.

Olvidó el tenis por el fútbol y entonces sólo le pedía a su mamá que lavara la camiseta del Divino Niño y el escudo del Medellín para ir con las barras bravas, para jugar partidos de barrio. Y para trabajar, porque lo contrataron como recogebolas del Atanasio Girardot para partidos del DIM. Le pagaban poco: tres mil pesos para cubrir el transporte y la avena al salir del estadio, pero al menos podía ver de cerca a sus ídolos en la mejor ubicación. “El gol que más recuerdo fue uno que anotó El Pánzer Carvajal a Millos, como de 30 metros, que nos dio la clasificación a unas finales. Fui a celebrar como recogepelotas ese gol. Me fui detrás de él y lo abracé porque fue una alegría muy grande”. Édgar El Pánzer Carvajal ahora es su asistente técnico en el Medellín, pero él nunca le ha dicho que fue uno de esos niños que festejaron su gol ese día. Ahora El Pánzer celebra cada vez que Sebastián —el recogebolas que una década después se convirtió en el 10 del Medellín— anota o hace anotar a sus compañeros.

“Ser campeón con Medellín sería impresionante para mí. Imagínate. Ya lo viví como hincha, como recogepelotas, y falta como jugador”, asegura el volante de 26 años, que será titular este jueves (8:30 p.m.) en el clásico paisa contra Nacional. En caso de ganar, darían un paso gigante hacia la final del torneo. “Pero el camino hasta aquí no ha sido nada fácil. Hemos tenido altibajos, casi estábamos eliminados faltando dos fechas (para acabar la fase regular), pero este equipo es puro corazón y acá estamos dando la pelea”.

En rigor, quedaron eliminados por un día, tras igualar contra Cúcuta en la fecha 16 en el Atanasio. “Nos frustramos mucho. Todo era un desastre en ese momento en el camerino. Unos gritaban: ‘¡Nos reforzamos mal! ¡No servimos para nada! ¡No pusimos huevos!’. Pero ese mismo día se dieron resultados y en las dos fechas siguientes ganamos y clasificamos. Todo ha sido muy sufrido”. Igual, por un sufrimiento similar hace 19 años se volvió hincha del Poderoso.