La selección es la patria

Albert Camus dijo alguna vez que la selección es la patria. Así concebía el magnífico escritor francés el sentimiento popular que arraiga la selección de fútbol.

Es igual en todo el mundo, los brasileños deliran hasta el infinito por su ‘scratch’, que siempre será para ellos, así ocupen hoy día el puesto 18 del mundo, “o mais grande do mundo”. Y los italianos se ponen firmes cuando suena el himno de la “Squadra azzurra”, el que dice fratelli de Italia, en cualquier parte del mundo. El fervor de los holandeses acompañando a su equipo naranja, el seguimiento masivo de los alemanes, las turbas enardecidas de ingleses llenos de licor hasta el cogote con el equipo de su majestad la Reina Isabel. Y los argentinos, que quieren más la imagen de Diego Armando Maradona que la de Francisco, ese es su auténtico representante en la tierra. Es igual en todo el mundo, como dice Camus, la selección es la patria.

Estos días de selección en Colombia no son diferentes. La marea amarilla que se luce con orgullo y veneración, en las buenas y en las malas, esperando el gran triunfo o el milagrito cuando de épocas flacas se trata. Todo es motivo para chantarse encima la camiseta y a creer hermano, porque la selección también obliga a una catarsis de credibilidad. Antes del partido se le gana a cualquier equipo del mundo, no importa quien esté al frente, porque no se puede llegar derrotado al estadio o a ese monumental coliseo que es el televisor. Después del partido vendrán los reclamos, las justificaciones, los desengaños, la parranda si se gana, pero el tema es y seguirá siendo el equipo nacional.

Dicen que cada selección tiene tantos técnicos como habitantes el país. Y Colombia no es diferente, acá también en el alma de cada hincha del equipo criollo cabe el sentimiento del técnico, para las convocatorias, para las alineaciones, para los partidos, para los cambios. Por eso, también hay quien dice que el puesto de seleccionador nacional es el segundo más importante del país luego del de presidente.

Alrededor de la selección se ha montado en todo el mundo una increíble parafernalia de objetos, souvenirs, recuerdos, negocios y negocitos. Inclusive, por cuenta de la selección hasta grandes quiebras se han visto, como la de un conocido empresario que mandó a hacer un millón de “Max el caimán”, un simbolito que sería el que identificaba la conquista del Mundial del 94 en Estados Unidos. Colombia no ganó, hizo un papelón, el empresario perdió muchos millones y el animalito debe andar dando vueltas por una bodega de esas, pudriéndose o contaminando el fondo del mar.

Hoy juega la selección, la suya, la mía, la de todos, el equipo del corazón, el que no se discute en el sentimiento, del que se raja y se habla mal cuando se juega mal, se adora y se venera cuando gana. Porque, como decía Camus, la selección es la patria…