Como si fuera poco, se viene Nacional

Aunque dirigentes, jugadores y cuerpo técnico no lo reconocen, el club embajador está en crisis administrativa, económica y deportiva.

Los jugadores embajadores reunidos en el centro de la cancha, tras la derrota ante Equidad. / Luis Ángel

A finales de 2013, cuando Millonarios quedó prematuramente eliminado en los cuadrangulares semifinales, mucha gente pidió la cabeza del entonces técnico Hernán Torres.

La idea de licenciar al estratega tolimense se concretó luego del desastroso partido que los azules perdieron 4-1 en Pasto. Uno de los máximos accionistas se ofendió porque Torres dijo, en la rueda de prensa posterior al compromiso, que Millonarios no había fracasado, porque entró a los ocho.

Ese directivo, enfurecido, se hizo sentir y el martes siguiente le comunicó al estratega que no iba más con el club. De pasó, sacó también al presidente Felipe Gaitán, defensor acérrimo de Torres.

El subtítulo de la Copa Postobón y el cuarto lugar en la reclasificación del año no fueron suficientes para la junta directiva, que después de la estrella 14, a finales de 2012, esperaba muchísimo más.

Anunciaron entonces, con bombos y platillos, a Juan Manuel Lillo, un entrenador español recomendado por José Postolés, quien llevaba ya varios meses haciendo un diagnóstico deportivo del club.

Sin refuerzos, el nuevo cuerpo técnico comenzó a trabajar con la idea de revolucionar el fútbol colombiano. En sus primeras charlas con el plantel anunció que quería cambiar el estilo lento y previsible del equipo. Que su Millonarios tendría intensidad, dinámica y verticalidad.

Comenzó el torneo con una victoria 2-1 en Envigado, en la que hubo muestras de mejoría, especialmente en la primera mitad. Pero luego, en la presentación oficial en El Campín, contra Equidad, las ilusiones comenzaron a desvanecerse.

Sin ideas ni espíritu, los azules cayeron 1-0 y dejaron muy preocupados a sus seguidores, que pensaban que las conocidas disputas internas entre grupos de socios y la falta de flujo de caja no afectarían el rendimiento del equipo.

Pero la situación empeoró el jueves, cuando el técnico decidió poner a un equipo prácticamente alterno contra Chicó, en Tunja. Mandó al banquillo a Dayro Moreno, Máyer Candelo, Lewis Ochoa y Fabián Vargas. Jugó bien 20 minutos, pero luego quedó a expensas del rival, que lo pudo haber goleado, pero apenas terminó ganando 1-0.

Al final del juego, Lillo señaló sorpresivamente: “Estuvimos más cerca de la victoria que de la derrota”, como si hubiera dirigido a los ajedrezados y no a los azules. Eso sí, con buen humor aceptó las críticas y justificó haber sentado a los experimentados diciendo que necesitaban llegar descansados para el duelo de mañana frente a Nacional.

Máyer Candelo, el capitán del equipo, se deshizo en elogios para el técnico, a quien calificó de “inteligente y capacitado. Esperamos respaldarlo, pero faltan resultados, que sabemos que son los que van a avalar su trabajo”.

El 10 embajador pidió calma y paciencia para el proceso, en un club en el que respaldar proyectos no ha sido tradición. Y para colmo, se viene Nacional, rival tradicional y líder del torneo. Ante los verdes, Millonarios se jugará mucho más que los tres puntos y el técnico Lillo, probablemente, su continuidad.