Una selección de viejos amigos

A excepción del arquero Camilo Vargas, todos se habían encontrado antes en un camerino. El cuerpo técnico de José Pékerman comulga con la idea de la unión para lograr resultados en el fútbol.

A la hora de entrenar, los jugadores están muy concentrados.  / Colfútbol
A la hora de entrenar, los jugadores están muy concentrados. / Colfútbol

El mejor sistema de educación —dicen— es la felicidad. Y los integrantes de la selección de Colombia aprenden a entenderse entre sí bajo premisas de tolerancia, amistad y diversión, pues se conocen de clubes pasados y equipos juveniles (siete de la actual convocatoria conformaron el equipo sub-20 de 2005 dirigido por Eduardo Lara). El más beneficiado de esa armonía es el fútbol: la unión es el eslogan oculto en la camiseta de esta selección nacional. Y esa característica —explican— es el secreto del segundo mejor equipo de las eliminatorias, que este viernes (3:30 p.m.) enfrentará a Paraguay en la ciudad de Barranquilla.

Antes de que oscurezca, muchos cuartos permanecen vacíos. Antes de ir a dormir, todos se concentran en algunos sitios específicos y dedican tiempo a hablar sobre el tiempo que llevan sin verse. Aprovechan para entregar encargos y presentes, porque a los que juegan en Europa les piden camisetas y guayos. De hecho, Macnelly Torres ahora guarda en su casa de Barranquilla la camiseta del Nápoles de Camilo Zúñiga, que le trajo en la convocatoria pasada.

“La verdad es que no hablan de sus familiares ni de sus vidas en general. Sólo de fútbol. El uno le pregunta al otro cómo va en su club, que cuánto están pagando en esa liga. Llevan tanto sin verse, que aprovechan para desatrasarse”, cuenta Adiela Barrios, la mamá de Macnelly Torres, quien visitó la concentración de la selección.

El volante barranquillero comparte habitación con Dorlan Pabón, excompañero suyo en Atlético Nacional. Siempre guardan una baraja de cartas para organizar una mesa de póquer ocasional. Los cortos ratos asociales los dedican al Ipad y al Play Station portátil, pero en general descansan mientras hablan.

En el cuarto de Edwin Valencia y Carlos Valdés, ambos recuerdan junto con Pablo Armero la época en la que empezaban en América de Cali y los tiempos de insolencia y risas en la casa hogar que administraba doña Sol. Ellos dedican algún tiempo a hablar por Skype con sus esposas y de tanto en tanto los interrumpe un chiste de Armero para robarles una carcajada.

“¿Quién no se ríe con los cuentos de Minía? En la selección la armonía es increíble, todos nos tratamos como grandes amigos y eso somos, porque nos conocemos desde hace mucho. Eso se ve reflejado en nuestro fútbol”, dice Valencia, volante de primera línea del Fluminense de Brasil. Comparten hasta la música del bus que los lleva a entrenar al Romelio Martínez o al Metropolitano, pues le piden al conductor que ponga un CD de salsa clásica para el camino.

“Siempre han sido unidos, se conocen desde jóvenes porque empezaron en procesos juveniles. Cuando no están acá concentrados, se escriben constantemente. Entonces por eso son así, como una familia completa, que se respeta entre sí”, dice Mauricio Correa, el jefe de prensa de la selección.

Cuando alguien cumple años durante una concentración, se toman el trabajo de comprar torta y velas para celebrarlo en pequeñas reuniones. Todos se tienden la mano. Antes de comer, de subirse al bus, se cercioran de que el grupo esté completo.

En las comidas siempre animan a Pablo Armero, Camilo Zúñiga y Juan Guillermo Cuadrado a que bailen una champeta o que enseñen los nuevos pases de reguetón que aprendieron en Italia. Ellos tres, sobre todo, le causan sonrisas hasta a Cristian Zapata, el más tímido del plantel junto a Jackson Martínez, quien sólo habla en público para liderar la oración grupal antes de salir del camerino.

“Pékerman —confiesa un integrante del cuerpo técnico— insiste mucho en que los futbolistas deben compartir y sentirse como amigos o hermanos. Cree que es importantísimo que se ayuden, que no se dejen morir. Para eso piensa que es conveniente que cambien todo el tiempo de compañeros de cuarto, para que interactúen entre todos. Y el resultado es que todo lo que pasa en el hotel, se refleja en la cancha”.