Wilmar Roldan: 'En Colombia me sacan la piedra'

El silbato antioqueño Wílmar Roldán espera representar a Colombia en el Mundial de Brasil. Ya fue preseleccionado.

Wílmar Roldán es hoy por hoy el mejor árbitro del continente. El año pasado pitó la final de la Copa Libertadores y estuvo en el Mundial Sub-20 de Turquía. / AFP

Wílmar Roldán creció en medio de la violencia y la escasez del municipio antioqueño de Remedios. Se opuso a las adversidades y ha construido una de las carreras más exitosas que pueda tener un árbitro en Colombia. Su desempeño le ha valido para ser escogido como juez en finales de la Copa Libertadores de América, pitar juegos de Eliminatoria al Mundial, en Copas del Mundo de categorías menores y hasta en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Esta semana el diario El País de Uruguay lo eligió como el mejor árbitro de América, reconocimiento que había recibido hace algún tiempo su amigo e ídolo Óscar Julián Ruiz. A comienzos de una temporada en la que espera cumplir con el único objetivo que le falta para que todos sus sueños arbitrales se hagan realidad, Roldán habló con El Espectador para hacer un balance de lo que ha sido su carrera y de lo que significa para él este reconocimiento, justo en el año en el que espera destacarse en Brasil.

¿Cómo se perfiló hacia el arbitraje?

He dirigido desde los doce años, cuando en Antioquia hicieron un curso de árbitros y yo me metí. Claro que me acuerdo de que la primera vez que pité un partido fue cuando estaba en quinto de primaria. Una profesora estaba como árbitro, yo era defensa y en alguna jugada no estuve de acuerdo. Ella me dijo: “Si es que sabe tanto, pues pite usted”. Me dio un pito de juguete y yo me conseguí una caja de chicles como tarjeta amarilla y una papel de Bon bon bum como roja. En ese momento me sentí tan cómodo que quise seguir como árbitro para el resto de mi vida.

¿Y qué pasó con el fútbol?

Hasta los 16 años hice las dos cosas. Jugaba como defensa o como arquero y la verdad es que en esas dos posiciones lo hacía bien. Claro que un día me llamaron del colegio de árbitros y me dijeron: “Roldán, decídase, ¿juega o pita?”. Vi que tenía más posibilidades de llegar lejos como árbitro y por ese dejé de jugar.

¿Todas las dificultades que vivió de niño le sirvieron para formarse y ser quien es hoy?

Sí, como dice Diomedes en una canción que me encanta que se llama Mi biografía: “No tengo plata, pero menos mal que ya cambió mi modo de vivir”. Ahora, aunque vivo más estable y he podido ayudar a mi familia, soy una persona que valora mucho la vida, no sólo con las cosas materiales. Todo lo que viví me ha formado el carácter, me ha enseñado a meterle la ficha a todo. Nada es regalado y por eso siempre recuerdo mi niñez para poder seguir adelante.

¿Qué recuerda de su debut?

Fue en el año 2003, yo era árbitro de la segunda división. Un día me llama una persona de la Comisión Arbitral y me dice: “Roldán, anote que quedó designado para pitar Millonarios vs. Once Caldas”. Cuando estaba terminando la llamada leo lo que había escrito y caigo en cuenta. Le digo al que está al otro lado de la línea: “Profe, ¿ese juego es de reservas?”. La respuesta fue: “No, usted debuta el domingo. Que le vaya bien”. Ahí sentí emoción y un susto tremendo porque sentía que mi sueño estaba cerca, a la vuelta de la esquina.

Para los futbolistas, el día del debut es de ansiedad. ¿Cómo fue para usted?

También de muchos nervios, aunque poco a poco uno tiene que ser fuerte. Es un momento imborrable. Cuando llegué al camerino lo revisé y miré cada detalle, luego entré a la cancha a hacer el reconocimiento. Fue lindo porque llegué a un estadio como El Campín; además, se iban a enfrentar dos grandes. Ese Once Caldas fue el que luego ganaría la Copa Libertadores. Hubo un momento de nerviosismo, especialmente cuando iba a saltar al terreno de juego, pero ahí me acordé de todo lo que viví y decidí que no iba a dejar que los nervios me comieran.

¿Cuáles fueron sus referentes en el arbitraje?

Yo disfrutaba mucho viendo los partidos que pitaba el argentino Javier Castrilli. Me acuerdo de un juego entre Nacional y Santos por la Libertadores. Ese día sin titubear, a pesar de estar en Medellín, expulsó a J.J. Tréllez. Esa es una de las osadías más grandes que he visto en un árbitro. Por eso lo admiré, por ese carácter. Luego fue mi ídolo el italiano Pierluigi Collina y después Óscar Julián Ruiz.

¿Se parece en algo a ellos?

Sí, en el temperamento. Desde que yo pitaba en los torneos departamentales, la gente me decía el Castrilli del noreste. Tomaba decisiones osadas como expulsar jugadores o pitar penales en tiempos no comunes. Era cuestión de no dejarse influenciar, pitar lo que uno ve y ya.

Por ejemplo, ¿que consejos le da Óscar Julián?

Somos amigos y fuimos colegas. Él lo único que me ha repetido siempre es que me tenga confianza y que entre a la cancha a divertirme.
Cuando un delantero falla una opción clara, se queda pensando en esa jugada y muchas veces no puede dormir. ¿Usted también se queda meditando en jugadas dudosas?
En realidad eso pasa en los primeros juegos, cuando uno está debutando y quiere que todo salga perfecto. Que no haya errores. Pero con el tiempo uno aprende que perfecto no hay nadie y que es común tener dudas o equivocarse. Uno intenta hacer su trabajo lo mejor posible y seguramente a veces se hablará de los errores y muy pocas de los aciertos.

¿Le fue difícil reponerse del error que cometió en la final entre Chicó y América, cuando terminó el partido cuando el balón iba ingresando al arco?

Sí, pero uno de las cosas malas que le pasan debe aprender y olvidar.

¿Cómo toma el reconocimiento como el mejor árbitro de América?

Me da alegría que los mismos periodistas hayan votado a favor mío, eso quiere decir que mi estilo y forma de pitar están siendo los correctos.

¿Está listo para el Mundial de Brasil 2014?

Estamos en ese proceso. Creo que sólo me falta pitar en un mundial para lograr todo como árbitro. Ese es mi gran sueño. Por eso me preparo físicamente y estudio mucho para llegar en el 100% a Brasil. Ahora a mediados de enero sale la lista de los árbitros seleccionados, luego van a Europa a unos cursos y ya luego deciden quiénes pitan cuáles partidos. El partido que me den lo voy a dirigir como si fuera una final.

¿Cómo ve el nivel de la selección colombiana?

Ya era hora de que Colombia comenzara a figurar nuevamente. En su momento tuvo mucho prestigio con generaciones como la de Rincón, Asprilla, Leonel y Valderrama. Ahora viene una con otros jugadores muy importantes. Pékerman dio un revulsivo mayor y por eso se ven los resultados.

¿Entre los árbitros internacionales hablan de sus selecciones?

En realidad poco. Nos concentramos en nuestra labor. Que la selección de uno vaya al mundial es extraño para uno porque, aunque no queramos, si a Colombia le va bien, a mí me va mal. Entre más lejos llegue nuestra selección, menos lejos puedo llegar yo. Es raro, porque yo quiero que Colombia logre figurar en el Mundial de Brasil, pero yo también quisiera llegar lejos.

¿Qué quería ser antes que árbitro?

Yo siempre quería ser licenciado en educación física, pero por la economía deficiente no podía hacerlo. Gracias a Dios por medio del arbitraje pude conseguir recursos para terminar la licenciatura en educación física.

¿Le gusta ver el fútbol internacional?

Sí, claro. Como dice nuestro jefe Massimo Busacca, tenemos que comer fútbol todos los días. Ver lo máximo que podamos, para estar bien preparados y conocer a los jugadores.

¿Tiene ídolos futbolistas?

Admiro a los buenos futbolistas. Es obvio que a uno como árbitro le gusta dirigir a los mejores. Es algo muy emocionante. El año pasado dirigí Brasil vs. Inglaterra y fue algo muy lindo para mí.

¿Qué jugador es el que más le ha complicado la vida?

Acá en Colombia sobre todo es donde le sacan a uno la piedra, porque en los partidos internacionales los jugadores son muy respetuosos. Nombres no voy a decir, porque esas son cosas que se quedan dentro de la cancha.