15 años de un triunfo memorable para Colombia, la Copa América 2001

Un centro de Iván López, un cabezazo de Iván Ramiro Córdoba, la conducción de 'Pacho Maturana y la fe tricolor le dieron al seleccionado nacional el que hasta ahora es el único título oficial.

Iván Ramiro Córdoba, capitán de la selección Colombia en la Copa América 2001, levanta el trofeo del certamen continental. / Archivo

“Sí se puede Colombia, sí se puede”. El grito fue espontáneo y antecedió al Himno Nacional que a voz en cuello cantaron los 45.000 colombianos que se tomaron el estadio El Campín de Bogotá para ver con sus propios ojos la consumación de la mayor gesta de nuestro balompié en un torneo de selecciones de mayores: el título de la Copa América 2001.

Un gol, sólo un gol; un buen cabezazo colombiano; una jugada maestra; únicamente eso bastó para reunir en una sola celebración a Colombia entera. Desde el Caguán hasta el sսr de Bolívar, desde las cumbres de la pirámide social hasta el estrato uno; desde el más humilde paisano que se recostó a un radio ajeno para ser feliz por un ratito, hasta los encopetados que se dieron el lujo de arribar a los palcos de El Campín pocos minutos antes de que se iniciara el acto que consumó a fiesta.

Sólo el fútbol, y un solitario gol de Iván Ramiro Córdoba a los 65 minutos de partido frente a México hicieron posible todo eso. La unión sincera y emocionada de un país ansioso de buenas noticias y que lloró unido, pero no por la sangre derramada de algún hermano, sino por la felicidad que da saberse campeones: Sí campeones; mejor escribirlo con mayúsculas, de un torneo en el que el conjunto de Francisco Maturana fue el mejor de todos, de principio a fin.

Así hay que remarcar sin complejos. Sin tener temo al recordar que nuestra selección ganó seis partidos de seis que jugó y que mantuvo en cero su arco. También al decir en voz alta, con orgullo, que contamos con el máximo artillero de la competencia (Víctor Aristizábal, con seis tantos), además de conformar la delantera más efectiva (con once conquistas) y ser el equipo ganador del juego limpio.

Por todo esto, qué mejor que seguir entonando el “sí se puede, Colombia sí se puede” que ayer recorrió las tr una de Campín, envueltas como estaban todas ellas en los colores amarillo blanco, para recordar nuestra bandera con el primero y con el segundo el deseo sincero y clamoroso de paz en Colombia, que nos agita a todos los que celebramos.

Gracias fútbol por regalarnos este pretexto para ser felices. Gracias muchachos de la selección y Cuerpo técnico por hacer realidad una ilusión de todo un pueblo. Gracias Maradona, héroe mundial del balompié, por apoyar a Colombia y por asistir a su fiesta de consagración, gracias Nicolás Leoz por ser leal y sincero, en medio de los manoseos de ciertos dirigentes de la Confederación Suramericana del rey de los deportes. Gracias y muchas gracias mujeres y hombres de este país que con sus esfuerzos y sus generosos sentimientos hicieron sentir a todos los huéspedes como en su propia casa.

El gol, lo mejor

Al hablar de la pelota, esa por la cual suspiramos, la historia tendrá que decir que Colombia le ganó 1-0 a México sin jugar su mejor partido. Y tampoco haciendo la mejor de sus contiendas.

Sin embargo, todo lo que pudo hacer falta en el resto del juego quedó compensado con el gol de Córdoba, a los 65 minutos del partido, cuando las manos se frotaban una contra otra y ciertos fantasmas amenazaban las espaldas de 40 millones de colombianos amistosos.

El previo fue éste. El árbitro paraguayo Ubaldo Aquino ordenó el cobro de una pelota desde el costado que queda al lado de la tribuna occidental. Unos pocos metros más allá estaba el banco de la selección tricolor.

Al cobro de la falta, sobre Giovanni Hernández, llegó ‘Totono’ Grisales. Pero entonces emergió Maturana con su fina intuición. “Que cobre Iván López”, el lateral derecho, ordenó el técnico. Entonces López acomodó el balón, tomó cierto impulso y le pegó con los últimos tres dedos del pie derecho. Eso se sintió clarito; porque la pelota salió por los aires cadenciosa, haciendo una ligera curva que se fue directo al centro del área de los manitos.

Y ahí, precisamente, apareció Córdoba, providencia, bendito; pequeño en estatura pero grande en fútbol y corazón, para meter el cabezazo que pasó de largo hacia la red mexicana, dejando de rodillas al golero Óscar Pérez. “Gooool de Colombia”, gritaron entonces todos en el estadio. También en las calles de Bogotá; y en las montañas y llanuras y en el mar, y en todas partes en donde había un colombiano siguiendo el partido por cualquier medio.

Desde ese momento la fiesta se prendió. Y Colombia fue un sentimiento que se transportó a la cancha como una muralla infranqueable para los mexicanos. Si hay que ser sinceros, lo mejor del juego, su climax, estuvo en ese instante supremo. Porque el choque en sí fue discreto. Con una Colombia imprecisa en la primera parte e irregular en la segunda.

Pero como queda tiempo para hablar de ello, pensando en la eliminatoria que se nos viene encima, por ahora hay que decir que con este título Maturana se confirmó como el técnico más exitoso del país, al ganar la Copa América con un grupo nuevo, en el que confió plenamente. Gracias a esa selección suya hoy Colombia celebra y tiene la ilusión de que los festejos se repetirán muy pronto.