Alexis Sánchez el sostén del Arsenal

Criticado en el Barcelona, el delantero chileno mantiene al Arsenal cerca a puestos de copas europeas y se libera en la Premier.

Alexis Sánchez celebra el tanto que anotó con el Arsenal contra el QPR. Foto: AFP

Cuando el pasado mes de junio llegó al Camp Nou un cheque por valor de 42 millones de euros, algunos directivos del Barcelona se frotaron las manos y un amplio sector de la hinchada exhaló un suspiro de alivio. Buen negocio, entendieron algunos. En Londres, mientras, el técnico Arsène Wenger también compartía una sensación positiva, convencido de haber conseguido un chollo. Y, a tenor del rendimiento de Alexis Sánchez (Tocopilla, Chile; 26 años) en las filas del Arsenal, fue el preparador alsaciano quien dio en el clavo.

Muy criticado en el Barcelona, de donde salió por la puerta trasera, sin hacer ruido, el chileno brilla ahora con luz propia en el Emirates. No en vano, su arranque con los gunners ha sido demoledor. Con un puñado de partidos, el punta, que ayer falló un penalti y marcó un gol ante el QPR (2-1), se ha metido a la afición londinense y a Inglaterra en el bolsillo. En los 16 duelos de la Premier que ha disputado ha firmado diez goles. Solo Agüero (14), Diego Costa (13) y Austin (12) le superan. Él, con 15 tantos en total (tres más en Champions, uno en la previa europea y otro en la Copa de la Liga) es el sostén de un Arsenal deprimido, descabalgado y que encuentra en su verticalidad el mejor auxilio.

“Viendo dónde nació y de dónde vino, o eres especial o no triunfas como él lo está haciendo”, apunta Wenger en referencia al origen humilde del Niño Maravilla, criado futbolísticamente en las pedregosas superficies de Tocopilla, en las que jugaba pachangas descalzo hasta que el alcalde de la ciudad le regaló sus primeras botas con 15 años. “Él no anda, él se agota. Jugó en la calle, contra chicos mayores, y por eso pelea cada pelota. Es un ejemplo. Muchos futbolistas, como ha ocurrido en la sociedad, se han acomodado, pero él trabaja y corre como nadie”, le elogia el francés.

En Inglaterra, después de completar un magnífico Mundial, al intangible de la lucha el chileno ha agregado un acierto decisivo. Nada que ver con algunas fases de su etapa en el Camp Nou, donde corría con la cabeza gacha y atolondrado, con grilletes en los tobillos, presa muchas veces de la ansiedad y el runrún del estadio. Fichado por Guardiola en 2011 del Udinese –percibió 37 millones– como un regateador capaz de ensanchar el campo y estirar al equipo, apenas pudo ofrecer un esbozo de sus virtudes. En sus tres campañas contó con el respaldo de todos sus entrenadores y sus cifras fueron notables –48 goles y 36 asistencias en 141 partidos; 19 tantos su último año, el más productivo–, pero más allá de un par de flashazos, nunca se quitó el estigma de atacante errático y sobrevalorado.

“Soy un jugadorazo”, se reivindicó en una ocasión desde su país, afirmación tomada a guasa por algunos. Lo atestiguan ahora en la Premier, fascinada con sus arrancadas y su capacidad para la definición. “Es silencioso, pero efectivo”, valoran algunos directivos. “El Liverpool debería haberle contratado a él o a Tévez, no a Balotelli”, opina Gary Neville, exfutbolista del Manchester United. “Es muy parecido a Luis Suárez”, compara Ray Parlour, ex gunner. Curiosamente, el uruguayo fue el primer objeto de deseo de Wenger. Deseo frustrado, el francés lanzó sus redes sobre el chileno, hombre de pocas palabras, más dado a los hechos.

“Creo que en el Barça jugó muy bien, pero allí la prensa le atizó demasiado fuerte”, señala Nelson Acosta, el técnico que le dio la alternativa en la Primera chilena, con el Cobreloa; “es un jugador tremendo, un chico que vive por y para el fútbol. Siempre le veías con una pelota en los pies, no para nunca quieto. Es igual dentro y fuera del campo. Estaba claro que iba a triunfar. En Barcelona aprendió mucho: a sufrir, a interpretar mejor los tiempos, a leer los espacios. Ahora en el Arsenal ha crecido aún más. Era cuestión de confianza”.

Tímido y amante de la velocidad –destruyó un deportivo en 2013 en una autopista catalana–, se desternilla con Cazorla y Podolski en el vestuario y vive en una lujosa mansión a las afueras de la City, aunque no renuncia a su historia personal. Por eso, cada vez que puede regresa con sigilo al Rincón del Diablo –así se le conoce a su localidad natal, en pleno desierto de Atacama– para regalar camisetas, balones y botas a los niños. “Si no fuese futbolista hubiera sido minero”, dice el delantero, el segundo fichaje más caro en la Premier por detrás de Di María (75). Cuestionado antes; hoy día, redimido y liberado.