En Real Madrid el 7 es un número hecho leyenda

El siete del Real Madrid encierra, como el propio club, mucha historia y títulos sobre todo.

No marca goles, pero sí la diferencia en ocasiones; tampoco define partidos, aunque igual resulta indispensable para registrarlos. Según algunos, puede llegar a pesar, pero otros lo hacen ver como una cifra y nada más. Como sea, el número es el documento de identidad del fútbol.

Por eso es que al arquero se le puede llamar Uno perfectamente, a los dos volantes centrales doble cinco, a quien sabe qué hacer con la pelota el diez o al delantero neto de área, el nueve, pero en el Real Madrid todo aquel que se ponga el siete a su espalda está llamado a convertirse en leyenda.

El francés Raymond Kopaszewski lo defendió cuando llegó al vestuario blanco a mediados de los 50 y le bastaron tres temporadas en la ‘Casa Blanca’ para levantar igual cantidad de Copas de Europa, dos ligas españolas y un Balón de Oro.

Habilidoso, elegante, con gran toque de balón y bastante rápido, Kopa, como se le conoce en la historia Real, fue uno de los grandes artífices del que para muchos ha sido el mejor Real Madrid de todos los tiempos, construido con verdaderos ‘arquitectos’ del buen fútbol, como Alfredo Di Stéfano y Ferenc Puskas.

Después ‘Napoleón’ —así también llamaron al galo por saber conquistar a la siempre exigente afición merengue— le heredaría el siete a Amancio Amaro Varela, quien llegó para la temporada 1962 procedente de La Coruña y estaría durante 13 más, en las que aparte de marcar un récord importante de permanencia, dio 13 vueltas olímpicas (nueve Ligas, una Copa de Europa y otra Eurocopa), y se alzó además con dos Pichichis, distinción a los máximos artilleros en España.

Todo un acierto el de Santiago Bernabéu al fichar al Brujo, como lo fue también el de Juanito Gómez, portador del ya legendario número durante una década —de 1977 al 87—, tiempo en el que encantó al madridismo a puro regate y técnica depurada.

El atacante, que desapareció en abril del 92 en un accidente de tránsito, obtuvo cinco ligas ibéricas, dos Copas del Rey y un par más de la Uefa, suficientes trofeos para tenerle en una vitrina privilegiada, a la cual entraría otro siete que hasta le pondría nombre y todo a su espacio: ‘La quinta del Buitre’.

Emilio Butragueño llegó a comienzos de los 80 al Real y, con la imaginación para resolver en los últimos metros, vendría a irse de Madrid en 1995, después de ganar seis ligas, cinco de ellas de manera consecutiva —del 85 al 90—.

Además, levantó dos Copas del Rey, la misma cantidad de la Uefa y se llevó apenas un Pichichi para tanta efectividad en el área contraria. Todo un símbolo que marcó a varias generaciones y ejemplo de muchos, en especial de Raúl González, joven prospecto del gol, que aparte de enviarlo a las gradas, se quedaría con su camiseta para convertirse en uno de los mayores símbolos blancos.

Con la bendición del entonces técnico Jorge Valdano, irrumpió en el estadio de La Romareda con atrevimiento y desparpajo, y 16 temporadas después, desde que debutara un 29 de octubre de 1994, la mirada al pasado del atacante madrileño se encuentra con un palmarés que envidiaría el más ganador de todos: seis Ligas, tres Copas de Europa, dos Intercontinentales, una Supercopa de Europa, cuatro de España, además de ser en dos ocasiones máximo goleador en España y de la Liga de Campeones.

Desprenderse de tanta gloria no sería fácil y al despedirse el pasado 26 de julio del Bernabéu entre lágrimas, Raúl dejaba de paso una pregunta por resolver: ¿Quién sería capaz de ponerse ahora el siete después de tanto título contenido en él? Cristiano Ronaldo dijo yo y desde este domingo en el Ono Estadi de Palma de Mallorca, el portugués debe empezar a escribir una historia cuya hoja está como el Madrid, en blanco.