Valencia, campeón de la Copa del Rey

En una semana, el Getafe pasó de la gloria al llanto. Tras ser
eliminado de forma increíble de la UEFA, ese mismo conjunto perdió la
final de la Copa ante el Valencia, que no marcha bien en la liga
española.

El Valencia encontró el bálsamo a una de las temporadas más adversas de su historia como club, al lograr el título de Copa del Rey de España tras vencer por 3-1 al Getafe en un partido en el que el equipo madrileño cerró una semana negra iniciada hace seis días con la eliminación europea ante el Bayern Múnich.

Mientras al conjunto del sur de Madrid se le ha escapado la temporada entera en seis días de infortunio, el Valencia ha demostrado que, al menos, es un equipo con dos caras y que la buena, la copera, ha vuelto a relucir como ocurrió en las eliminatorias previas ante Atlético de Madrid y Barcelona.

El Valencia viajó con el temor derivado del juego y los resultados que ha ofrecido en la Liga durante casi todo el año y sin que ni el más optimista de sus seguidores pudieran sospechar que el balón iba a haber entrado dos veces en la meta rival cuando apenas se habían cumplido doce minutos de juego.

Lo que el equipo no había logrado en muchas semanas se había producido en menos de un cuarto de hora, en dos cabezazos y por medio de dos de los futbolistas que van a conformar la base del futuro Valencia: Mata y Alexis. Al Getafe, por contra, se le había desmontado la segunda final consecutiva casi antes de empezar el encuentro, lo que no impidió que el equipo reaccionara, pusiera fútbol y recobrara la esperanza antes del descanso con el penalti transformado por el más notable de sus jugadores en el encuentro: Granero.

La segunda parte estuvo para cualquiera, el Valencia redondeó la victoria y el Getafe tuvo que conformarse con el tópico de que la vida sigue, como dijo su técnico Michael Laudrup tras el encuentro. Ahora, las obligaciones de uno y otro han cambiado, el equipo valenciano debe aprovechar la final para recuperar el ánimo y encauzar la temporada hacia la permanencia en Primera División, objetivo que a muchos valencianistas se les antoja más fácil de conseguir con este título en sus vitrinas.

Para el Valencia éste es un momento de reflexión, tras un triunfo merecido en la final, pero con muchos partidos perdidos, también de forma merecida, en Liga. Aprender de este éxito puede servirle al club para evitar los errores cometidos. Por contra, el Getafe se queda en tierra de nadie en la Liga y pone fin a la temporada, ya que aunque tiene dos puntos más que el Valencia en la Liga, las vibraciones que ha dado a sus seguidores no han sido tan negativas como las que ha ofrecido el equipo de Mestalla.

Quizá pudo más la veteranía del Valencia, la experiencia de sus jugadores, más curtidos en grandes finales y hasta la historia del club, pero en cualquier caso fue una final ganada, no por el equipo que quizá más la deseaba, pero sí por el que más la necesitaba.

Lo que para el Getafe puede haber sido, si no se confía, ese punto final a la temporada, el Valencia inicia la recta final hacia la permanencia y consciente del problema existente ha decidido posponer las celebración para que los jugadores se centren en la salvación.

Además, la final de Copa no ha cerrado el debate existente en el entorno del club sobre su entrenador. La final únicamente ha cerrado la polémica sobre el escenario del encuentro, el reparto de las entradas o la fecha de los partidos de la jornada anterior de Liga vivida en los últimos días.

También deja un cierto sinsabor para muchos aficionados al fútbol puesto que el favorito de muchos españoles era el equipo que perdió, el que consideraban que debía ganar la final en desagravio a la desgracia de la eliminatoria de la Copa de la UEFA disputada la pasada semana ante el Bayern de Múnich.

El Getafe ya ha empezado a pensar en la tercera final consecutiva, la que tratará de ganar el próximo año, para lo que no debe olvidar que el club que la ganó hoy, el Valencia, tiene el dudoso registro de haber perdido tres finales de copa consecutivas y, además, de haberlo hecho en un par de ocasiones. Tiempo para ello, siempre hay.

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