Joaquín Botero, el artista del gol

El boliviano es el máximo artillero de la eliminatoria suramericana.

Joaquín Botero es sinónimo de gol. Y aunque en Bolivia eso lo tenían claro desde que se estrenó en el fútbol profesional, en 1997, los colombianos lo conocieron bien el miércoles 10 de septiembre de 2003, cuando anotó tres de los cuatro goles con los que su selección venció 4-0 a la que dirigía entonces Francisco Maturana, por la segunda fecha de la eliminatoria al Mundial de Alemania.

Para esa época, el delantero ya gozaba de prestigio en su país y era uno de los estandartes de la nueva generación del fútbol boliviano, esa que no logró reemplazar con éxito a la que lideraron Erwin Platiní Sánchez, Marco Antonio El Diablo Echeverry y Julio César Baldivieso, y que estuvo en el Mundial de Estados Unidos.

Botero, sin embargo, se las arregló para ganarse un lugar en la historia del balompié del altiplano y a pesar de que su selección no ha logrado títulos desde que él la integra, se convirtió en el máximo artillero con la camiseta verde.

Cero y van 20

Con los tres goles que le hizo el miércoles pasado a Argentina, en la goleada 6-1 en La Paz, Botero sumó 20, cifra que prometió aumentar en los próximos duelos de la eliminatoria.

En octubre pasado, ante Perú, Botero llegó a 17 tantos y superó por uno a Víctor Agustín El Maestro Ugarte, quien era el cañonero histórico desde hacía 45 años. Carlos Aragonés, Erwin Sánchez y Julio César Baldivieso se retiraron del equipo nacional con 15 anotaciones cada uno.

Y eso que Botero estuvo cuatro años alejado de la selección, entre 2004 y 2008, cuando se peleó con los directivos de la federación local y se dedicó exclusivamente a su equipo, el Pumas de México.

“Aún así creo que puedo marcar muchos goles más. Es imposible hacer un pronóstico, pero me gustaría llegar a 30”, dijo después de su tripleta ante Argentina.

Botero, quien nació el 10 de diciembre de 1977, es un delantero rápido y habilidoso, cuya principal virtud radica en “pelear todas las pelotas y desconfiar siempre, esperar el error de los rivales”.

Inició su carrera en el Mariscal Braun y después de pasar por el Deportivo Municipal llegó al Bolívar, el equipo más importante de su país. Fue transferido al Pumas de México y pasó también por el San Lorenzo de Argentina y Deportivo Táchira de Venezuela.

El año pasado regresó al Bolívar y cuando todo parecía indicar que cerraría su carrera en casa, aceptó una oferta del Correcaminos, de la segunda división mexicana. “Tengo 31 años y a estas alturas debo pensar más en la parte económica, en asegurar el futuro de mis hijos”, explica el artillero, quien lleva cuatro goles en ocho partidos en territorio azteca.

El jugador, nacido en El Dorado, un pequeño caserío de la provincia de Iturralde, cerca a La Paz, fue además el máximo goleador mundial en 2002, cuando marcó 49 goles con el Bolívar.

“Siempre he conseguido anotaciones en todos los equipos en los que he estado. Por fortuna Dios siempre me ha acompañado”, dice el atacante de 1,80 metros de estatura, quien paradógicamente logra pocas de cabeza. “Yo me preocupo por meterla, no importa cómo, con derecha, con izquierda, con la barriga, lo importante es que entre y sirva para que el equipo gane”, asegura orgulloso porque su nombre haya aparecido ayer en todos los diarios del mundo. No cualquiera le marca tres goles a Argentina.