Cristiano Ronaldo, el chico de las botas de oro

La muerte de su padre alcohólico es el trago más amargo del futbolista más caro del mundo. Perfil.

Cristiano Ronaldo ya está en la cima. Desde allí se permite retozar con Paris Hilton o desplazarse con su séquito por Estados Unidos mientras su equipo de representantes negocia con el Real Madrid. Cristiano prevé ganar unos 23 millones de euros en la próxima temporada. Cederá el 40% de sus derechos de imagen al Madrid. Y su representante, Jorge Mendes, se llevará 9,6 millones de euros de comisión que le abonará el Manchester. Eso sí, ya no vivirá como en Manchester, en una mansión a las afueras, sino que busca en la capital española un lugar más discreto para entrar y salir sin llamar la atención.

En medio de la crisis, el mundo discute sobre la indecencia de pagar 94 millones de euros por el traspaso más caro de la historia, pero Ronaldo, de 24 años, sigue de vacaciones. Orgulloso de haber llegado hasta aquí. Nadie le regaló nada. Su familia nació en una casucha diminuta de tejado, hoy convertida en un solar, en el centro de Funchal, la capital de la isla de Madeira. Su padre, Dinis, era un jardinero municipal con problemas con el alcohol. Y su madre, María Dolores, limpiaba y cocinaba en casas ajenas. Al fútbol llegó a través del Andoirinha, el pequeño club que acogía a los niños más pobres de la isla y donde Dinis colaboraba. La pareja tuvo cuatro hijos, uno de ellos, el más pequeño, con una genética extraña. En los infantiles, Cristiano era frágil y bajito. Hoy mide 1,85 metros y pesa 85 kilos.

Pero el gran motor de su carrera no ha sido el físico privilegiado, sino el amor propio. Huir de una isla en medio del Atlántico, hacerse cargo desde muy joven de una familia amenazada por el alcohol y las drogas e ir esculpiendo su cuerpo y su mente hasta convertirse en una estrella.

Riguroso en los horarios, abstemio y fervoroso antitabaco, Ronaldo tiene en la familia el sustento psicológico. Su cuñado José Pereira, Zé, el marido de su hermana Cátia, es una especie de secretario, conductor, consejero y cocinero. Los hermanos, Elma, Cátia y Hugo, pasan temporadas con él. Pero la que echa raíces es su madre, María Dolores, una aficionada al Sporting a la que Ronaldo adora por las dificultades que tuvo para criarlos. Le concede todos los caprichos: una casa en Funchal, un Mercedes, un BMW. Una mujer sencilla que ahora luce gafas de Prada, relojes a juego con pendientes de Calvin Klein y se desplaza en los aviones fletados por su hijo. La primogénita, Elma, de 35 años, regenta una tienda de ropa llamada CR7, la marca registrada por el jugador. La segunda hermana, Cátia, de 32, eligió el nombre artístico de Ronalda para lanzar su carrera de cantante. Ha grabado dos discos.

El momento más duro de su vida ocurrió momentos antes de un partido contra Rusia, clasificatorio para Alemania 2006. El seleccionador Scolari lo llamó a su habitación para comunicarle que su padre había muerto. Dinis murió a los 52 años, víctima de una insuficiencia hepática y renal.

Ronaldo no pudo salvar a su padre, pero sí a su hermano Hugo, de 34 años, hoy al frente de una fábrica de pinturas con 15 empleados, desintoxicado después de varias curas antidrogas.

Hasta la llegada de Ronaldo, nunca había habido un jugador de la Madeira en la selección de Portugal. La isla era demasiado pequeña. El éxito de Ronaldo le ha dado un nuevo impulso y a sus paisanos. A los nueve años, su padrino, Fernão Barros Sousa, lo llevó a uno de los dos clubes grandes de fútbol de la isla, el Nacional, a cambio de unas camisetas y unas botas para el Andoirinha. El aterrizaje en la capital fue brusco para ese niño de 11 años. Lloró el día que voló de Madeira a Lisboa y todas las semanas que telefoneaba a su madre. Pensó muchas veces en regresar a casa y se volvió un rebelde. Hubo un momento en que el Sporting estuvo a punto de expulsarlo. Hasta que se decidió que su madre se mudara con él.

Su imagen frívola contrasta con una enorme capacidad de trabajo. En los tiempos del Sporting era el primero en llegar a los entrenamientos, igual que en el Manchester. Una vez en casa, Cristiano nadaba con frecuencia en la piscina interior y se ejercitaba en el gimnasio. Después del partido le esperaba en casa la grabación del choque, que analizaba detenidamente, en especial las ocasiones falladas. Finalmente, se iba a dormir unas ocho horas.

Considerado el jugador más mediático, Cristiano disfruta haciendo publicidad. El primero en apostar por él fue el banco portugués Espírito Santo, que le pagó cuatro millones de euros por cada nuevo contrato firmado de tres en tres años. Este banco ya ha lanzado su campaña en España. Nike le pagará 12 millones de euros. Y en 2006 filmó un anuncio para Coca-Cola, exclusivamente dirigido al mercado chino, por el que cobró 1,5 millones de euros. Los fotógrafos y los camarógrafos alaban su predisposición.

En un viaje en avión hubo un problema con la maleta de Ronaldo: era demasiado grande. El espigado Van der Saar, portero holandés del United, les guiñó el ojo a los periodistas y les dijo: “No le caben todos los cosméticos”. “Tengo un buen reloj, un brazalete de diamantes y algunos anillos, pero mucho dinero lo he invertido en el futuro”, respondió Ronaldo. Pero el 8 de enero de 2009 salió ileso de un accidente en el que estampó su Ferrari contra las vallas de un túnel en el aeropuerto de Manchester. El coche quedó destrozado.

Pero tampoco se ha librado del escándalo cuando, en septiembre de 2006, unas prostitutas contaron en los periódicos que habían sido contratadas por él para montar una orgía en su casa junto con sus compañeros y amigos Anderson y Nani.

Hubo un capítulo decisivo en la eclosión del delantero portugués. Se desencadenó en el Mundial de Alemania 2006. Portugal eliminó a Inglaterra en los cuartos de final después de que Rooney fuera expulsado tras pisar a Carvalho y a petición de Ronaldo, su compañero en el United. Inglaterra clamó contra Cristiano, convertido en el personaje más odiado del país. En plenas vacaciones, Ferguson se presentó en el Algarve y le aseguró al chico que el club le ayudaría a superar el trance. Al final, esa cólera colectiva contra él la transformó en una motivación más, como cuando los niños se burlaban de su acento de Madeira, y firmó una temporada impresionante: 42 goles, la Liga y la Champions. Ahora ya es el futbolista mejor pagado de la historia. Que pase el próximo reto.

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