Barcelona da vida al Sevilla y a la Liga

El equipo de Emery iguala los goles de Messi y Neymar con tantos de Banega y Gameiro.

Kevin Gameiro celebra el empate de Sevilla contra Barcelona. Foto: AFP

El Barcelona embellece cuando se empina la Liga. Jugó un buen partido en Nervión, muy bueno durante tres cuartos, mal en la última media hora, suficiente para facilitar el empate del vigoroso Sevilla. Afortunados en Vigo, no tuvieron suerte los azulgrana en el Sánchez Pizjuán. Al final se les escapó una victoria que se habían ganado con el juego (0-2) por culpa de la categoría del contrario y también por las malas decisiones propias, expresadas en el 2-2: una falta a favor se convirtió en gol de Gameiro. El tanto ya no tuvo remedio para el Barcelona.

El resultado reabre la Liga para suerte del Madrid. La frustración fue tremenda en el Barcelona, de nuevo camaleónico, protagonista de momentos estupendos y de lapsus trascendentes, sospechoso de nuevo en su fútbol después de descontar dos puntos, embalado como venía desde caer en Anoeta (20 victorias en 21 partidos). Hoy se le reprochará que no supiera endurecerse para cerrar el partido después que se le recriminara su dificultad para elaborar el juego incluso en el Camp Nou. Al Barcelona le cuesta contentar a cuantos examinan la Liga y la Champions.

El Sevilla ya se ha acostumbrado a Emery y en el Barça cada día parece haber más seguidores de Luis Enrique. Aunque a ambos equipos les une desde siempre una vena artística, un fútbol que requiere estilo, talento y fantasía, hoy se impone a menudo un fútbol más físico y veloz, y también más variado, sobre todo en el Camp Nou. Al Barcelona le distingue su capacidad de adaptación al juego y a las circunstancias, y por tanto al rival, capaz de jugar a un toque en Manchester y a la carga en el Calderón, a veces fiero y en ocasiones encantador, como anoche en Nervión.

La diferencia la acostumbra a marcar la posición de Messi, extremo o centrocampista, tanto da, según se dé en el partido, y los detalles en la alineación que canta Luis Enrique. Ayer prefirió a Mathieu y a Busquets en detrimento de Mascherano pese a que el cartel del partido tenía la pinta de una película de Sam Peckinpah. Y el técnico acertó con Busquets. Los azulgrana tomaron el balón y asumieron sin discusión el mando del encuentro con Messi. Alrededor del 10, peloteaban los barcelonistas en cancha de un replegado Sevilla.

Messi no tardó ni un cuarto de hora en batir a Sergio Rico. Bloqueado su tiro dos veces por los centrales del Sevilla, a la tercera lo ajustó con la mirilla de su zurda al poste derecho del portero, como acostumbra cada vez que recibe en el pico del área, ayer auxiliado por Neymar después de una jugada indicada por Iniesta. Una conducción limpia tuvo un final aseado, como mandan las leyes del fútbol, plegadas al compás de Busquets, al desequilibrio de Iniesta, al picante de Neymar, y sobre todo a las combas del infalible Messi.

A pesar de los goles de los delanteros, los centrocampistas azulgrana eran de nuevo los protagonistas, muy aseados en su juego, bien asistidos por la presión alta del equipo, todos enchufados en Nervión. El gol de falta de Neymar, estéril en la Liga desde el 15 de febrero ante el Levante, certificó el dominio blaugrana y sus muchos recursos, también en la estrategia, además de Messi. El rondo del Barça anestesió al Sevilla. Los andaluces tardaron 34 minutos en llegar hasta Bravo. Al segundo tiro, sin embargo, Banega engatusó al meta del Barcelona.

El gol por sorpresa del Sevilla dio vida al partido y reabrió el contencioso aplazado por el dominio inmaculado del Barça. Apretaron más y mejor los chicos de Emery y no perdió el hilo el Barcelona, sobre todo porque Alba e Iniesta continuaron generando situaciones de superioridad por la izquierda, mal rematadas por Luis Suárez, excelente en sus movimientos, mal definidor en una jugada clara para poner el 1-3. La pelota quedó más dividida y las ocasiones se repartieron, encendido del choque después de que Krychowiak le quitara el cuero a Messi.

El polaco recorrió medio campo, atrapó al 10 y le quitó de forma inmaculada el balón para satisfacción de Nervión. Al Barcelona no le quedó más remedio que achicar y desplegarse con rápidas transiciones, muchas conducidas por Messi. La trascendencia del encuentro para el Barcelona quedó reflejada en el cambio de Neymar por Xavi. Un centrocampista por un delantero, señal de que Luis Enrique quería recuperar el control del choque y del balón, poner un punto de pausa para combatir la fiebre del Sevilla y la fe de la hinchada del Sánchez Pizjuán.

El Barça no encontraba a Messi y se encomendó a Mathieu. Muy contemporizador, no encontraba salidas para el cuero, temeroso del arrebato sevillista, confundido en la cancha, enfadado por el cambio Neymar. Los cambios mejoraron al Sevilla mientras empeoraba el Barcelona. Los azulgrana pasaron a jugar con miedo y encajaron el empate después de una falta a favor, muy mal resuelta por Piqué. La contra de Aleix Vidal retrató los desajustes azulgrana, posibilitó la carrera del delantero y el remate en la boca del gol de Gameiro.

El tanto descompuso al Barça, que supo jugar al pie y al espacio con el marcador a favor y en cambio no tuvo la contundencia habitual en las dos áreas, una suerte que le ha dado el liderato que ahora amenaza del Madrid en el tramo final de la Liga.