Bienvenidos al infierno turco

Así recibieron los hinchas turcos al equipo español, que jugará en Estambul la vuelta de los cuartos de final de la Champions (1:45 p.m.).

Los hinchas del Galatasaray, hace ocho días en el estadio Santiago Bernabéu, en el partido de ida de la Champions. / AFP
Los hinchas del Galatasaray, hace ocho días en el estadio Santiago Bernabéu, en el partido de ida de la Champions. / AFP

“Bienvenidos al infierno”. Así recibieron en Estambul al Real Madrid para el juego de hoy (1:45 p.m. por Espn) frente al Galatasaray, en la vuelta de los cuartos de final de la Champions. La local tuvo que diseñar un plan para proteger a la expedición blanca de la hinchada y sus banderas intimidatorias con lemas sobre el averno. Salvaguardados por un cordón de seguridad, los futbolistas abandonaron el aeropuerto por una puerta secundaria y se evitaron la lluvia de amenazas, cánticos e insultos con los que fue recibido, por ejemplo, el Manchester United a finales de 2012 (los ultras se ensañaron con los futbolistas de Ferguson recordándoles que dos seguidores del Leeds habían muerto en Turquía en 2000). Pese al resultado de la ida (3-0), el partido es de alto riesgo. El cruce de golpes entre la policía española y los ultras turcos en los aledaños del Bernabéu calienta una grada conocida por alentar hasta en las situaciones más desesperadas. Hay más: casi 50 radicales asaltaron el canal de televisión turco Beyaz porque sus expertos sugirieron que el equipo español era el favorito en el cruce.

“Es algo cultural”, explicó José Mourinho. Este es un estadio con motivación. En otros países, un equipo que pierde por goleada la ida se encontraría un estadio vacío o con seguidores pitando en la vuelta. Aquí van hasta lo que es posible. Espero un ambiente caliente, con la afición en contra, pero a nosotros nos gusta eso”, dijo José Mourinho, técnico del Real Madrid.

El Galatasaray está acostumbrado a las multas de la Uefa. En 2000 pagó 21.000 euros por distribuir y permitir el lanzamiento de rollos de papel higiénico desde la grada, donde también dejó que hubiera gente viendo el encuentro en las escaleras. La última vez que el Madrid visitó su estadio (2001, 3-2), los turcos entregaron 74.000 euros por la desorganización y el “serio” clima de inseguridad en su estadio. Ese mismo año, el Galatasaray debió reunir otros 18.000 euros por los enfrentamientos de sus aficionados con los del PSG francés. En 2003, sus ultras lanzaron proyectiles al césped, botellas y cigarrillos incluidos, en distintos partidos: las multas sumaron más de 48.500 euros. Finalmente, su antiguo estadio fue cerrado mientras sus seguidores, liderados por los radicales del Ultraslan, los niños del infierno, se enorgullecían de sus actos y lograban el récord Guiness como el campo de fútbol más ruidoso del planeta (131.76 decibelios ensordecedores).

“Galatasaray ruhumuz tek borcumuz (Galatasaray es nuestra única alma)”, cantan los aficionados el himno del club en el ritual de los partidos. “Kalplerde yildiz göklerde bir ay (En los corazones una estrella y la luna en el cielo)”, es otro de los versos que calientan los duelos mientras se rompen las manos en palmas, se encienden rojas bengalas, como se vio en el Bernabéu, y salta la gente en la grada.

Todo eso ocurre independientemente del resultado y obliga a los futbolistas locales a estar en comunión con el público, besando el escudo. Todo eso, independientemente del 3-0 de la ida, espera al Real Madrid con las semifinales de la Champions en juego. Un estadio de fuego.