Blatter, con matrícula condicional en la Fifa

En su quinto mandato, el máximo dirigente del fútbol estará bajo la lupa debido al escándalo por sobornos y lavado de activos, que apenas comienza.

Joseph Blatter seguirá siendo el mandamás del fútbol mundial al menos por los próximos cuatro años. / AFP

Ni siquiera el escándalo por sobornos y corrupción en el fútbol que estalló el pasado miércoles, a raíz de una investigación judicial en Estados Unidos, pudo impedir que el suizo Joseph Blatter fuera reelegido ayer como presidente de la FIFA por quinto período consecutivo.

A pesar de las fuertes críticas en su contra, e incluso la oposición declarada de directivos del fútbol, encabezados por el francés Michel Platini, 133 de los 209 miembros que integran la asamblea general respaldaron su gestión. El príncipe jordano Alí al Husein, único rival, apenas obtuvo 73 votos.

La elección del polémico dirigente suizo confirma el inmenso poder político y económico que tiene la FIFA, que, a pesar de estar cada vez más vigilada y fiscalizada por organismos internacionales, sigue siendo “un mundo aparte”, una multimillonaria organización que persiste en vivir bajo sus propias normas.

La votación también dejó clara la división que hay en la dirigencia del balompié internacional. Desde que asumió la presidencia en 1998, Joseph Blatter no había tenido mayores contratiempos. Ahora se da por descontado que tendrá una verdadera oposición, dispuesta a cobrarle el más mínimo error y a garantizar que las pesquisas judiciales terminen en condenas.

Sin embargo, la primera misión del directivo de 79 años de edad para su nuevo mandato será capotear la crisis que se desató tras las denuncias de fraude, estafa, soborno y lavado de dinero que el Departamento de Justicia de Estados Unidos hizo esta semana y que ocasionaron la captura de siete dirigentes y acusaciones a muchos más.

“Asumo la responsabilidad de recuperar la imagen de la FIFA. Juntos lo podemos hacer. Los acontecimientos recientes han dibujado una sombra. Intentemos borrarla, porque no se puede admitir que la reputación de la FIFA sea arrastrada por el barro”, declaró Blatter tras su elección y prometió “entregar una entidad más fuerte” a su futuro sucesor.

El presidente de la Unión Europea de Fútbol Asociado (UEFA), el exfutbolista francés Michel Platini, quien le había sugerido a Blatter que renunciara a su cargo, terminó por aceptar el resultado electoral, pero advirtió que “el cambio debe ser crucial si esta organización quiere recuperar la credibilidad”.

Más allá de lo futbolístico, y a pesar de que Blatter es un zorro de mil batallas y lleva cuatro décadas en la FIFA, no cabe duda que ahora tendrá que enfrentar presiones políticas que nunca imaginó. Por muchos años la organización impidió la injerencia de los gobiernos en los asuntos del fútbol, pero esta postura empieza a terminar.

Por lo pronto, la justicia de Estados Unidos lidera una investigación que apunta a sanear el balompié internacional, sin que aún pueda dimensionarse hasta dónde llegarán las pesquisas. De hecho, en los próximos días se ampliarán las denuncias por corrupción y malos manejos en la elección de sedes de eventos en diferentes países.

Inicialmente, la Confederación de Fútbol de Norte, Centroamérica y el Caribe (Concacaf) y la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) son las filiales implicadas, pero seguramente el escándalo terminará por afectar a dirigentes de todo el mundo, pues se sabe que existen cuestionamientos por la adjudicación de los mundiales de mayores de Rusia 2018 y Catar 2022.

En el plano nacional, a tono con los ecos del escándalo, el presidente Juan Manuel Santos manifestó, durante un evento para despedir a la selección que jugará la Copa América, que “el mundo se merece un buen fútbol, buenas instituciones que lo administren, y por eso hacemos votos para que podamos pasar esta tempestad lo más pronto posible”.

El jefe de Estado agregó: “Hay que llegar al fondo de esta situación, que los culpables sean condenados, que los inocentes sean exonerados y que sigamos todos trabajando por el fútbol, que es un deporte que no le pertenece a ningún país, a ninguna institución, a ninguna persona, a ningún equipo. Le pertenece al mundo entero”.