Brasil, a reconstruir su orgullo

La histórica derrota 7-1 ante Alemania ha derivado en la salida casi confirmada de Luiz Felipe Scolari, su entrenador. Tite, su seguro sucesor, tendrá que devolverle la confianza a un país de cara a la Copa América de 2015.

El volante brasileño Fernandinho se lamenta del cuarto gol anotado por el alemán Toni Kroos en la semifinal del Mundial Brasil 2014. / EFE

Brasil se despertó ayer en el peor de los mundos. Atrás quedó el recuerdo de aquel país festivo, unido en torno a la selección, pintado de verde y amarillo, que esperaba ansiosamente la llegada del domingo para ver a su scratch alzar la Copa del Mundo en el Maracaná. El de ayer era un país compungido, melancólico, furioso. Una patria que a toda costa buscaba culpables para explicar una vergüenza histórica.

El principal fue el hombre que hace apenas unos días era venerado como héroe nacional: Luiz Felipe Scolari, director técnico de Brasil, el chivo expiatorio elegido por la prensa para calmar la rabia por el 7-1 que le propinó Alemania a la selección, un marcador escandaloso que, de haberse producido en el Brasileirão (el campeonato local), hubiera causado el despido inmediato de cualquier entrenador.

Esa misma lógica le aplican los periodistas a Scolari. Tras el fracaso, hoy se lo considera un traidor del jogo bonito que solía practicar el país hace 30 años, se lo acusa de escasa planificación, de preferir jugadores en pésimas condiciones y de elegir un sistema táctico caduco, con un delantero centro definido, en lugar del “falso 9” con que se declaró campeón invicto de la Copa Confederaciones el año pasado.

Incluso se afirma que el del sábado, en Brasilia, por el tercer puesto del Mundial, será su último partido con la selección. Medios como O Globo, Placar y Folha de São Paulo aseguran que José Maria Marin, actual presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF), y Marco Polo del Nero, su sucesor elegido para el período 2015-2019, anunciarán el lunes, tras la final, a su sucesor.

El elegido es, según el rumor que la prensa brasileña ha oficializado, Adenor Leonardo Bachi, más conocido como Tite, recordado por los fanáticos del Corinthians como el hombre que los llevó a conquistar la Copa Libertadores en 2012 como invictos. Además, la hoja de vida de este hombre de 53 años muestra el Mundial de Clubes que conquistó con O Timão ese mismo año, la Copa Suramericana que obtuvo con Internacional de Porto Alegre en 2009, al igual que muchos otros campeonatos regionales, copas locales y foráneas con Veranópolis, Caxias y Grémio. Desde el 13 de diciembre del año pasado no entrena a ningún equipo.

De confirmarse, su principal reto será recuperar el orgullo herido de una nación que respira y vive fútbol. Después tendrá que conformar un seleccionado fuerte que represente al país, primero, en la Copa América de Chile en 2015 y después en las eliminatorias al Mundial de Rusia 2018. Pero el equipo que disputará la medalla de oro, el único título esquivo en la historia del fútbol brasileño, en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016 tendría un trato especial.

Antes de la dolorosa derrota ante Alemania, la CBF había depositado su confianza en Alexandre Gallo, el técnico de la selección sub-20, a quien se le daría pleno apoyo para que incluya a tres jugadores mayores de alta calidad. Incluso se especula con que sería la pieza clave en el enroque entre la dirección de Scolari y la de Tite, en especial de cara a los amistosos que Brasil jugará entre septiembre y noviembre con Colombia, Argentina y Turquía. Pero nuevamente aparece el fantasma del ‘Mineirazo’: el diario Folha de São Paulo recordó que Gallo y el exmundialista Roque Júnior, miembros del equipo técnico de Scolari, diseñaron el fallido plan táctico contra los teutones.

Mientras los días pasan y Brasil se prepara, en medio de la tristeza, para disputar el partido por el tercer lugar, todo indica que los días de Scolari al frente de la selección tienen fecha de finalización. El hombre que llevó al país a celebrar su quinto campeonato mundial en 2002 es hoy ridiculizado, gritado, odiado. Poco importa el impresionante rendimiento de 74,6% que consiguió en sus dos períodos como seleccionador verdeamarelo o las 38 victorias conseguidas en ese curso. El fantasma del 7-1 ha hecho que algunos planteen, incluso, su retiro.

Es la historia de nunca acabar en Brasil: desde el pentacampeonato, cinco entrenadores han dirigido la selección. Han ganado Copas América, de Confederaciones e incluso el Superclásico con Argentina, pero no les perdonan un error. Y menos si es de carácter histórico.