Brasil, por un Mundial más seguro

El gobierno de Dilma Rousseff ha incrementado sus inversiones en vigilancia pública y defensa.

El gobierno brasileño pretende que durante la Copa del Mundo lo único que llame la atención sean las acciones al interior de las canchas. Afuera, en las calles, ha dispuesto a más de 180.000 hombres con el objetivo de brindar una seguridad total a jugadores, entrenadores, comitivas, medios, aficionados y, en especial, a sus ciudadanos.

Para esta tarea ha invertido alrededor de US$850 millones en seguridad pública y defensa, un presupuesto en el que, además de la obligada compra de equipos tecnológicos, cámaras de vigilancia de última generación y estrictos protocolos de seguridad, se ha invertido también para contrarrestar amenazas típicas de la guerra química.

“Antes no estábamos preparados para luchar contra un ataque de estas características. Ahora tenemos un equipo especializado”, resaltó José Carlos de Nardi, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Brasil.

En el diseño de esta estrategia, el país ha recibido asesoría directa de la Fifa, con especial énfasis en las enseñanzas recogidas durante la cita pasada de Sudáfrica 2010. Sin embargo, los expertos recomiendan a los asistentes a los diferentes partidos que adopten las mismas precauciones que tomarían de cara a un gran evento en sus países de origen.